¿Cómo sobrevivir en una cueva?

¿Cómo sobrevivir en una cueva? Imagen superior: Miembros del equipo de Bioespeleología del MNCN en la Sima Dolencias (Ojo Guareña) en la prospección que se realizó el 22 de septiembre de 2007. Foto: Luis Mena.

No suele haber penuria en las cuevas, salvo por la permanente ausencia de luz, que las define. Suele abundar el agua y la materia orgánica de la que alimentarse. Incluso, algunas cosas son más fáciles allí dentro.

Muchos animales no necesitan mantener una temperatura constante como el ser humano y eso requiere menos aporte de alimento en un medio donde el cambio se da de forma más atemperada que en el exterior.

La estructura espacial es muy compleja, pues además de amplias galerías, hay numerosas fisuras y grietas que son lugares de tránsito y permanencia. Por ello, los predadores pueden tener una vida difícil para encontrar a su presa, pero los detritívoros –los que se alimentan de restos orgánicos y la mayoría de los que allí se encuentran–tienen la despensa bien llena. La vida en el interior tiene menos bullicio que en la superficie, sobre todo, cuando arriba se da la explosión primaveral, pero no por eso es menos vida.

Algunos animales acuáticos disponen de una vida longeva. Han sobrevivido en condiciones experimentales más de 10 años, cifra inimaginable para sus parientes externos. Y rica en estímulos o por lo menos para poder percibirlos. Su capacidad táctil es envidiable y sus mecano-receptores y receptores químicos les permiten orientarse sin dificultad y saborear con mil matices la variedad de su entorno.

Visto de esta manera, sobrevivir en las cuevas es un término más aplicable al ser humano, que carece de recursos naturales para manejarse en ellas, pero no para los animales que lo vienen haciendo desde hace eras. Quién sabe si en un futuro, con los atractivos innegables de una vida intensa y duradera, no se terminarán convirtiendo las cuevas en atractivos resorts vacacionales. Por su supervivencia, esperemos que así no sea.

Seres imaginarios

Las cuevas han sido desde siempre uno de los principales escenarios para imaginar historias. Morada de mágicos y extraños habitantes como dragones, brujas y criaturas cuasi humanas, han sido escondite de los cofres de tesoros de piratas y refugio de enamorados. La Bioespeleología ha estado poblada de alusiones a monstruos y seres imaginarios productos de la fantasía, ignorancia y del temor ancestral del hombre al medio subterráneo. No es de extrañar que en las incursiones espeleológicas se reconozcan contornos de coladas que dibujan extrañas figuras como animales imposibles e incluso personajes de dibujos animados tan famosos como el fantasma Casper.

Primeros pobladores

En las entradas de las cuevas, encontraron refugio los primeros neandertales y los cromañones. En la Sala de las Pinturas de Ojo Guareña plasmaron su arte los primeros cazadores paleolíticos y en la Sala de la Fuente y Kaite, se hallan distintas simbologías de los primeros ganaderos y agricultores del Neolítico y Edad de los Metales. Destacan las improntas de pies descalzos de las Galerías de las Huellas, dejadas por un reducido grupo humano que realizó un trayecto de 400 metros de ida y vuelta por la cueva, conservadas hasta nuestros días gracias a un derrumbamiento de su entrada primitiva.

Restos metalúrgicos

También se han localizado abundantes e importantes restos metalúrgicos, entre los que destaca el hallazgo de un hacha arcaica en las Galerías Altas de Palomera, un punzón de bronce, de finales del Bronce Inicial, en la Galería Nuevo Paso, y otras hachas del Bronce Final.

El esqueleto de un hombre perdido

En una zona laberíntica de la cueva, conocida como Vía Seca, a unos 500 metros de una de las entradas apareció el esqueleto de un individuo de la Edad del Hierro que se perdió en ella. Junto con sus restos óseos se encontraron una fíbula de bronce, el broche de bronce de un cinturón y la cinta de cuero del mismo, cuyas tipologías se enmarcan cronológicamente a mediados del S. VI a.C. También se conserva una represa artificial hecha con barro y fragmentos de estalactitas rotas que se construyó para embalsar el agua que rezumaba de las estalactitas.

En la Edad Media

Sus bocas sirvieron de refugio esporádico en momentos difíciles, y una de ellas acabó convertida en ermita rupestre, la Ermita de San Tirso y San Bernabé, donde el sábado posterior a todos los 11 de junio se sigue celebrando una tradiccional romería.

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Investigar la vida subterránea

Ojo Guareña forma parte del complejo kárstico más grande de España. Con sus 110 km de galerías topografiadas, superpuestas en varios niveles, es una de las cuevas más importantes de Europa. Ocupa una extensión de más de 5 km2 en el subsuelo del Monumento Natural de Ojo Guareña, así declarado en 1996.

Está emplazada en la vertiente meridional de la Cordillera Cantábrica, en la Comarca de las Merindades (Burgos). Este importante karst está alimentado por el río Guareña, que penetra a través del sumidero conocido como “Ojo” en la masa de calizas y dolomías del valle de San Bernabé, y por el río Trema, que forma un cañón en los niveles calizos del Coniaciense medio-superior y se sume antes de llegar a Cornejo.

Conocida desde siempre, el Grupo Espeleológico Edelweiss comenzó a estudiar y topografiar la cueva en 1956. En 1993 la Junta de Castilla y León (JCyL) pensó en las posibilidades de mostrar al público las maravillas que alberga en su interior. A tal fin, encargaron la elaboración de un primer informe sobre la viabilidad de una posible apertura de la cueva que permitiera la conservación de su patrimonio, tanto biológico como arqueológico y paisajístico.

Tras la declaración, en 1996, de toda la zona como Monumento Natural, la JCyL, a través de la delegación en Burgos de la Consejería de Medio Ambiente, se puso en contacto con el equipo de Bioespeleología del Museo Nacional de Ciencias Naturales para el estudio biológico de la fauna subterránea de la cueva. En 2002 estos contactos acabaron materializándose en la firma de un primer Convenio de Colaboración con el MNCN (2002-2004). A finales de 2006, el convenio fue prorrogado tres años más para proseguir los estudios de la fauna acuática subterránea de la cavidad. Por primera vez en España, antes de abrir una cueva al público, la Administración se preocupó por las consecuencias negativas que tal medida pudiera tener, a medio y largo plazo, sobre la biodiversidad faunística de la misma. Para ello, optó por invertir dinero con el triple propósito de empezar a conocer la vida en la cueva antes de intervenir en ella, proseguir los estudios mientras se lleva a cabo la intervención, y mantener un seguimiento sobre las poblaciones acuáticas a medio plazo.

Para nosotros, los bioespeleógos encargados de realizar estos estudios, esta iniciativa sin precedentes nos ofreció la posibilidad de estudiar la cueva más grande del país en las mejores condiciones, partiendo de poblaciones naturales. Gracias a ello, podremos predecir la evolución de esas poblaciones en función de las vicisitudes a que se vean sometidas en los próximos años. Además, podremos disponer de un laboratorio natural controlado para tratar de responder a muchas preguntas que nos hacemos sobre la fauna excepcional que ha colonizado estos desconocidos medios en tiempos remotos. Una fauna que se ha adaptado y ha ido evolucionando a lo largo del tiempo en unas condiciones que, a priori, se suponen poco favorables para la vida.

Tratamos de obtener una visión de conjunto de toda la fauna subterránea que habita el Monumento Natural. Para ello hemos estudiado también la fauna acuática subterránea del entorno y de las otras cuevas que forman parte del Complejo de Ojo Guareña, así como de las fuentes y el medio intersticial asociado a los ríos superficiales del sistema (agua subterránea, en sentido amplio). En 1993 se conocían sólo 21 taxones acuáticos, pero 4 son habitantes del exterior (estigoxenos) y, de los 17 restantes, sólo 7 son animales estrictamente subterráneos (estigobios). Los otros 10 pueden vivir en agua subterránea, pero su hábitat principal es el agua superficial (estigófilos). En 2005, tras nuestros estudios (consultar tabla), se conocen 75 taxones en la cueva, de ellos 22 son estigobios y 12, endémicos.

Copyright del artículo © Ana I. Camacho, Antonio G. Valdecasas, Marta Martínez-Gil y Marisa Peláez. Publicado originalmente en el periódico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Se publica en www.TheCult.es con licencia CC, no comercial, por cortesía del MNCN.

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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC