Batallones: la fauna que existió hace 9 millones de años

Batallones: la fauna que existió hace 9 millones de años Imagen superior: Simocyon batalleri, un miembro de la familia del panda rojo, de un tamaño muy similar al “tigre de dientes de sable” Paramachairodus ogygia. Ilustración de Mauricio Antón.

La diversidad de organismos encontrados en los yacimientos del Cerro de los Batallones sólo es explicable en un contexto climático y ambiental muy diferente del actual. Hace 9 millones de años estaba finalizando una de las épocas de mayor bonanza climática de las registradas en la última parte de la historia geológica (últimos 25 millones de años) de la península Ibérica.

Con un clima más calido y húmedo que el actual de la zona sur de Madrid, se desarrollaron extensas praderas capaces de soportar la presencia de grandes herbívoros, como mastodontes, jirafas, rinocerontes, cebras, jabalíes y antílopes; junto a ellos pululaban las grandes tortugas terrestres típicas del Mioceno madrileño. Toda una variada asociación de pequeños y medianos mamíferos ha sido también encontrada en los diferentes yacimientos, de forma que podemos reconstruir toda una compleja estructura faunística, en la que también se encuentran invertebrados acuáticos, peces, anfibios, reptiles y aves de diferentes tipos.

Aunque la fauna de carnívoros de Batallones destaca por la presencia de 2 especies de “tigres dientes de sable”, existen otros carnívoros igualmente interesantes. Entre ellos cabe mencionar a Simocyon batalleri, un miembro de la familia del panda rojo (Ailuridae) que tenía un tamaño muy similar al de Paramachairodus ogygia.

Poco se sabía de su anatomía hasta el descubrimiento en Batallones de 2 individuos, uno de ellos con signos de artrosis en muchas de sus articulaciones. Pero lo más increíble del hallazgo fue el hecho de que este animal compartía un rasgo muy especializado con el panda rojo, su pariente actual: había modificado de tal manera un hueso de la muñeca (llamado sesamoideo radial) que su mano poseía ciertas capacidades prensoras.

En el caso del panda rojo, un carnívoro con una dentición muy modificada por su dieta herbívora, estas capacidades son usadas para sujetar las ramas de bambú y así poder masticar sus hojas, uno de los alimentos favoritos de estos animales.

Sin embargo, la dentición de Simocyon no mostraba signos de adaptación al comer plantas, por lo que el sesamoideo radial no debería haber sido usado en la alimentación. Pero entonces, ¿cuál fue el origen de esta estructura en el ailúrido de Batallones?

La respuesta llegó cuando los paleontólogos estudiaron su esqueleto postcraneal, y descubrieron una serie de inesperadas especializaciones para trepar a los árboles. El desarrollo del sesamoideo radial en Simocyon le había servido para proporcionar a sus manos una capacidad prensora tal, que fue capaz de trepar a las ramas más finas de los árboles, donde los grandes félidos dientes de sable no podían seguirle.

Una fauna tan variada sólo se explica en función de la compleja formación de estos yacimientos, y es el estudio de este proceso otro de los objetivos de la investigación en curso.

En definitiva, en el Cerro de los Batallones no sólo queremos saber quién vivía, sino cómo vivían y morían los animales de hace 9 millones de años, cómo se interrelacionaban entre sí, y qué asombroso proceso pudo poner esta impresionante documentación fósil en nuestras manos.

Copyright del artículo © Manuel J. Salesa. Publicado originalmente en el periódico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Se publica en www.TheCult.es con licencia CC, no comercial, por cortesía del MNCN.

Manuel J. Salesa

Investigador del MNCN. CSIC. Paleobiología

Sitio Web: www.mncn.csic.es

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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC