"En el calor de la noche" (Norman Jewison, 1967). El inspector Tibbs frente al racismo sureño

En los días finales del Movimiento por los Derechos Civiles que terminó en Estados Unidos con el asesinato de Martin Luther King en abril de 1968 (dos días antes de la ceremonia de entrega de los Oscar), se rueda esta película que tiene la doble cualidad de ser un film policíaco y un alegato antirracista.

Se trata de En el calor de la noche, de 1967. Para ello Norman Jewison (Toronto, 1926) presenta a un negro, Sidney Poitier, en el papel del inspector de policía Virgil Tibbs, un profesional moderno, experto y frío. La antítesis es aquí el blanco, Rod Steiger en el papel del jefe de policía de Sparta, Bill Gillespie, un tipo turbio, irascible, lleno de prejuicios y falto de sensatez.

Las primeras escenas de la película son impactantes. En unas calles que bien podía haber pintado Edward Hopper, con esos exteriores en los que brillan luces rojas y azules, gasolineras metálicas y estaciones de tren casi desiertas, donde el calor de septiembre hace sudar los rostros, un rico industrial aparece asesinado en un callejón. Pocas después, un forastero, un hombre negro que esperaba el tren, es detenido como autor del crimen. Blanco y en botella, podía decirse.

Pero no. Ni es blanco, ni está la cosa tan clara. Porque pronto se descubre la identidad del personaje, que no es otro que el inspector Virgil Tibbs, de la policía de Filadelfia. El patinazo de Gillespie y de su hombre de confianza Sam Woods (Warren Oates) es de los que te dejan con cara de idiota. Mucho más cuando ambos, el jefe de policía racista y el negro inspector de policía, se ven obligados a colaborar para desentrañar este asesinato.

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No será nada fácil. La antipatía entre ambos, matizada en el caso de Tibbs, de carácter mucho más racional, y desaforada en el caso de Gillespie, se ve estimulada por el rechazo del pueblo, lleno de fanáticos ante la presencia de un negro pateando sus calles y esgrimiendo autoridad. Eso no podían consentirlo y de ahí vienen los enfrentamientos y las situaciones extremas. Situaciones que habían sido previstas y que llevaron a rodar la película en Illinois y Tennessee (la plantación de algodón), porque sabían que los problemas con la población a cuenta del tema racial eran seguros. Y así sucedió en la vida real y ocurrió en la película.

El director contrapone la profesionalidad de Tibbs, sus conocimientos y su utilización de técnicas sofisticadas, con la mera intuición del jefe de policía local, que actúa como amo y señor de aquello, dejándose llevar sin más de sus filias y fobias.

El ambiente de la cinta, opresivo, caluroso, lleno de claroscuros, con momentos que advierten del peligro, se ve realzado por la extraordinaria música de Quincy Jones, con la intervención del mismísimo Ray Charles. El jazz, el soul y el rhythm and blues como banda sonora de lo que casi es un western.

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El otro punto fuerte de la película es el guión, que escribió Stirling Silliphant sobre una novela del mismo título de John Ball, de tanto éxito que tuvo hasta seis continuaciones. Y no hay que desdeñar la contribución de la fotografía de Haskell Wexler para crear esos ambientes saturados, sucios, contrastados, que son el paisaje ideal para representar pasiones tan desatadas, misterios y dudas. Todo ello lo convierte Jewison en una película marca de la casa, con su dominio de los encuadres y la cámara, con sus travellings en los planos medios (como en la persecución), sus planos-detalles y sus elipsis visuales (no se ve el rostro de la mujer del muerto cuando Tibbs le comunica el caso). El plano-contraplano, otro recurso técnico muy del gusto de Jewison, preside la escena de la estación del tren, cuando Tibbs está esperando el tren y los policías deciden detenerle.

Nuestra percepción moderna puede pensar que el alegato antirracista queda demasiado moderado, incluso flojo, pero esto sería siempre una opinión descontextualizada. Se vivía el tiempo crucial de la lucha antirracista. Y el cine se adelantó a ello. En aquel momento, el hecho de que un negro fuera el elemento sensato y fiable en una película no era ninguna tontería. Más bien, fue una puerta abierta que seguramente sirvió bastante más que muchos manifiestos. Ese es el poder del cine, que no debería ser desdeñado.

Sinopsis

Septiembre de 1966. Calor. En una pequeña población de Mississippi, un policía descubre el cadáver de un hombre. Se trata de un rico industrial muy influyente. Esa misma noche, el mismo policía encuentra en la estación a un desconocido. Es un hombre negro al que, de inmediato, arresta pensando que es el autor del crimen. Conducido a la comisaría, y tras ser interrogado por el jefe de la policía local, resulta ser un inspector de la policía de Filadelfia.

Resuelto el malentendido, no sin reticencias por parte de los locales, se plantea la necesidad de investigar el asesinato, algo en lo que los dos hombres deberán colaborar a su pesar.

Algunos detalles de interés

La lucha contra el racismo no fue suficiente como para que Sidney Poitier consiguiera algún premio a su interpretación. Todos se los llevó Steiger, un tipo de origen humilde que estudió con beca en el Actors Studio y ha realizado interpretaciones memorables (La ley del silencio, como hermano de Brando; Waterloo, como Napoleón; también hizo de Al Capone, de Poncio Pilatos y trabajó en Doctor Zhivago).

La película tuvo dos secuelas poco interesantes, basadas en el personaje de Poitier: Ahora me llaman Sr. Tibbs (1970) y El inspector Tibbs contra la organización (1971)

Norman Jewison tiene una selecta lista de títulos a sus espaldas. Que vienen los rusos, El rey del juego, El violinista en el tejado, Jesucristo Superstar, Hechizo de luna, Solo tú o Huracán Carter son solo algunas muestras.

Jewison conocía muy bien el ambiente racista de los estados del sur porque él mismo los había recorrido años antes.

En la ceremonia de los Oscar de ese año la película competía con otros grandes títulos: La leyenda del indomable, El graduado, Bonnie and Clyde y Adivina quién viene a cenar esta noche. Fue Audrey Hepburn, vestida de blanco, la encargada de entregar la estatuilla a Rod Steiger.

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Sidney Poitier es el primer protagonista negro en ganar un Oscar, en 1963, por Los Lirios del Valle. Hijo de padres bahameños había nacido en Miami y saltó al cine gracias a Joseph Manckiewicz. Ese mismo año de 1967 estrenó tres películas: la citada, además de Adivina quién viene a cenar esta noche y Rebelión en las aulas, que le proporcionó enorme fama.

Un secundario de lujo es Warren Oates, que aquí hace el papel de un policía sin escrúpulos y que ha bordado interpretaciones de carácter, tanto en cine como en televisión. Murió en 1982, a los 53 años.

Por su parte, la única chica de la película es la interesante Lee Grant. Su matrimonio con un guionista acusado por el Comité de Actividades Antiamericanas y su negativa a declarar contra él, hicieron que estuviera apartada del cine durante una década. Más tarde consiguió un Oscar por su interpretación en Shampoo.

La película tiene un momento cumbre cuando el inspector Tipps devuelve la bofetada que le propina el rico hacendado Endicott. Los espectadores no se lo creían.

El año 1968 fue, a la vez, el de la esperanza y el de la desilusión. La ferviente actividad de los proderechos raciales se vio bruscamente cortada por el asesinato primero de Martin Luther King, en abril y luego de Robert Kennedy, en junio. Bob Kennedy era la gran esperanza, la persona llamada a ser presidente de unos EEUU sin la lacra de la discriminación. Su asesinato cambió el panorama y Richard Nixon se convertiría en presidente. Pero eso es otra película (por ejemplo, Todos los hombres del presidente).

Ficha técnica

Título original: In the Heat of the Night. 1967. 109 minutos de duración. Estados Unidos.

Dirección: Norman Jewison

Guión: Stirling Silliphant (basado en la novela de John Ball)

Música: Quincy Jones

Fotografía: Haskell Wexler

Reparto: Sidney Poitier, Rod Steiger, Warren Oates, Lee Grant, Quentin Dean, James Patterson, Matt Clark, Scott Wilson, Harry Dean Stanton

Productora: The Mirisch Corporation

Premios y nominaciones:

1967: 5 Oscars: Película, actor (Rod Steiger), guión adaptado, sonido, montaje. 7 nominaciones.

1967: 3 Globos de Oro, incluyendo Mejor película - Drama. 6 nominaciones

1967: Premios BAFTA: Mejor actor extranjero (Rod Steiger). 3 nominaciones

1967: Círculo de críticos de Nueva York: Mejor película y actor (Rod Steiger)

1967: Sindicato de Directores (DGA): Nominada a Mejor director

1967: Sindicato de Guionistas (WGA): Nominada a Mejor guión drama

Copyright del artículo © Catalina León Benítez. Reservados todos los derechos.

Caty León

Gaditana de nacimiento y crianza; trianera de vocación. Lectora y cinéfila. Profesora de Geografía e Historia y de Orientación Educativa. Directora del IES Néstor Almendros de Tomares (2001/2012). Como experta en organización escolar he publicado los libros La secretaría. Organización y funcionamiento y El centro educativo. Función directiva y áreas de trabajo, artículos en prensa (ABC: 12, 34) y revistas especializadas, así como ponencias en cursos y jornadas.

En noviembre de 2009 recibí la medalla de oro al Mérito Educativo en Andalucía. En 2015 he obtenido el Premio “Antonio Domínguez Ortiz” por la coautoría del trabajo Usos educativos de la robótica. Una casa inteligente.

En el ámbito flamenco he publicado decenas de artículos en revistas como Sevilla Flamenca, El Olivo, Alboreá y Litoral, sobre el flamenco y las artes plásticas, la mujer y el flamenco, entre otras temáticas, así como varios libros, entre los que destacaría la primera incursión en la enseñanza escolar del flamenco, Didáctica del Flamenco, mi libro sobre El Flamenco en Cádiz y el ensayo biográfico Manolo Caracol. Cante y pasión (ver reseña en ABC), así como mi investigación sobre la Noticia histórica del flamenco en Triana. Conferencias, jornadas, jurados, cursos de formación, completan mi dedicación al flamenco. En 2015 he sido galardonada con el Premio de Honor “Flamenco en el aula” de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía.

Por último, la literatura es mi territorio menos público pero más sentido. Relatos, microrrelatos, cuentos, poemas y una novela inédita Tuyo es mi corazón. I Premio de Relatos sobre la mujer del Ayuntamiento de Tomares, en su primera edición. Premio de Cuentos Infantiles de EMASESA en 2015 por Hanna y la rosa del Cairo.

En mi blog Una isla de papel hay un poco de todo esto.

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