Ciencia y arte de papá Haydn

No es arriesgado considerar a Joseph Haydn el músico por excelencia de la Ilustración. Sin dejar de lado esta fuerte categoría, conviene examinar sus límites. Haydn vivió tanto como para nacer cuando Haendel y Bach estaban en activo y morir cuando Beethoven llevaba ya seis sinfonías en el catálogo.

Es decir que Haydn, emblema de la música ilustrada, traza una parábola que va del barroco al romanticismo. Un barroco cuya huella inevitable queda marcada en uno de los más barrocos ejercicios de composición, aquí ejemplificados en abundancia: las variaciones al tema, dado o inventado. Y un romanticismo anunciado ya en el siglo XVIII, con los albores de cierta cultura de la sentimentalidad.

El maestro austríaco es capaz de ceñirse a los moldes estrictos del adagio y dejarse escapar por las costuras de la fantasía. No desdeña la inclinación galante de la danza cortesana, directamente inspirada en lo popular, como las danzas alemanas, o alejadas del pueblo, aunque en deuda con él, como en el minué y las marchas que abren y cierran las extenuantes veladas danzantes de los palacios.

Mucho hay siempre que admirar en Haydn, mucho se ha escrito y se escribirá sobre él. Evitemos obviedades. Vaya, simplemente, el máximo elogio que se puede dar a un artista: ser grande en la pequeña forma, magistral en el apunte, capaz de sintetizar el arte de inventar y la ciencia de decir, sin que se note la receta que los combina. Baste con observar cómo Haydn propone una célula melódica y le da los remoquetes y respuestas que parecen los únicos posibles, hasta, sin darnos cuenta, hacer cantar una entera melodía. O cómo esconde y muestra el objeto variado en las variaciones, sugiriendo que todo canto es susceptible de tantos tratamientos que resulta infinito y nunca sabremos estrictamente lo que es.

La economía del discurso, si no perfecta porque nada lo es, consigue parecerlo. La razón habita un cuerpo, la razón inmortal habita una materia perecedera. No existirían la una sin el otro y esa necesidad radical de la condición humana tiene unos cuantos nombres válidos. Uno de ellos es la música de Haydn.

Guinda del postre [en el álbum recomendado]: Brautigam ejecuta en un fortepiano hecho por Paul Mac Nully en Amsterdam y en 1992, copiando el que Anton Gabriel Walter facturó allá por 1795.

Disco recomendado: J. HAYDN: Integral de la música para teclado solo, vol.10; Arias, Variaciones y Danzas / Ronald Brautigam (pianoforte) / BIS / Ref.: BIS 1323/1324 (3 CD)

Copyright © Blas Matamoro. Imágenes y notas informativas extraídas de diverdi.com. Este artículo se publica en The Cult por cortesía del autor y de Diverdi. Reservados todos los derechos.

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista, Blas Matamoro es un pensador respetado en todo el ámbito hispanohablante.

Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de La Opinión y La Razón (Buenos Aires), Cuadernos Noventa (Barcelona) y Vuelta (México, bajo la dirección de Octavio Paz).

Dirigió la revista Cuadernos Hispanoamericanos entre 1996 y 2007, y su repertorio de ensayos incluye, entre otros títulos, La ciudad del tango; tango histórico y sociedad (1969), Borges y el juego trascendente (1971), Saint Exupéry: el principito en los infiernos (1979), Saber y literatura: por una epistemología de la crítica literaria (1980), Genio y figura de Victoria Ocampo (1986), Por el camino de Proust (1988), Lecturas americanas (1990), El ballet (1998), Schumann (2000), Rubén Darío (2002), Puesto fronterizo. Estudios sobre la novela familiar del escritor (2003), Lógica de la dispersión o de un saber melancólico (2007), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)

En el campo de la narrativa, es autor de los libros Hijos de ciego (1973), Viaje prohibido (1978), Nieblas (1982), Las tres carabelas (1984), El pasadizo (2007) y Los bigotes de la Gioconda (2012).

Entre sus trabajos más recientes, figuran la traducción, edición y prólogo de Consejos maternales a una reina: Epistolario 1770-1780 (Fórcola, 2011), una selección de la correspondencia entre María Teresa I de Austria y María Antonieta de Francia; la edición de Cartas sobre Luis II de Baviera y Bayreuth (Fórcola, 2013), de Richard Wagner; y la edición de Mi testamento (Fórcola, 2013), de Napoléon Bonaparte. Asimismo, ha publicado el ensayo El amor en la literatura (2015).

En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. 

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