"Tango satánico", de László Krasznahorkai

No creo en las casualidades, pero en el ámbito literario, me gusta tenerlas en cuenta. A veces, los libros llegan a nuestras manos por un extraño efecto de sincronía, como si tuvieran voluntad propia y quisieran cambiarnos el ánimo, o desterrar algún prejuicio.

Hablo de prejuicios, y he de reconocer que, en el caso de László Krasznahorkai, no sentía demasiado interés por su obra. La culpa, ay, la tiene el cine. En concreto la versión cinematográfica de esta novela, Sátántangó, rodada en 1994 por Béla Tarr. Si hacen caso a las revistas especializadas, descubrirán elogios grandilocuentes sobre la cinta de Tarr, etiquetada como una obra maestra sin fisuras.

Mi opinión es otra, claro. Verán: en mi lista de las películas más aburridas e indigestas de la historia del cine, en su variante de arte y ensayo, Sátántangó ocupa el podio. Ahí es nada: algo más de siete horas de metraje, una sobredosis de quietud y planos de hasta diez minutos ponen a prueba mi paciencia, y acaban convirtiendo en una ordalía lo que para otros espectadores es el no va más del éxtasis fílmico.

Ese mal recuerdo de Sátántangó ‒ahí tienen mi prejuicio‒ reapareció cuando comencé a leer la novela original de László Krasznahorkai, cuyo prestigio ha sido respaldado por lectores ilustres como Susan Sontag y WG Sebald. Y es aquí donde mi mala expectativa se convirtió en pura felicidad. Lo cierto es que Tango satánico proporciona una experiencia muy superior a la que nos brindaba el excesivo Tarr, y aunque no se trata de literatura liviana, llega a apasionar de un modo en que jamás lo consigue su versión cinematográfica.

En esta distopía de la Hungría postcomunista se alternan dos sentimientos: la desolación ante un panorama que resulta apocalíptico y el humor ‒incómodo e inesperado‒ que inspiran las situaciones planteadas en su desarrollo, a medio camino entre el realismo mágico y la melancolía febril que impregna todo el relato.

Puestos a encontrarle antecedentes a este artefacto literario, la crítica ha citado a Faulkner y a Kierkegaard, dando así a entender la densidad filosófica y social que acarrea Krasznahorkai en estas páginas.

Ambientada en un paisaje espectral, degradado en todos sus ámbitos, Tango satánico es una fábula sobre la condición humana. Y aunque su pesimismo, paradójicamente, provoca alguna que otra sonrisa, en el fondo sabemos que Krasznahorkai prepara un destino miserable para sus personajes. Aquí no hay redención, o casi. En este sentido, el fatalismo que invade el relato acaba adquiriendo un matiz metafísico que ‒si me permiten volver al cine‒ recuerda las atmósferas atormentadas y metafóricas del gran Andréi Tarkovski, un cineasta contemplativo que le da cien vueltas a Tarr. En fin... qué película tan distinta hubiera sido Sátántangó si el maestro ruso se hubiera hecho cargo de ella.

Sinopsis

En una remota región rural de Hungría azotada por el viento y la incesante lluvia, unos pocos miembros de una fallida cooperativa agrícola llevan una vida anodina en un pueblo ya casi fantasmal mientras aguardan impotentes a que un milagro les devuelva el futuro. Hasta que un día reciben la noticia de que, en la carretera que conduce a la aldea, se ha avistado al astuto y carismático Irimiás, desaparecido años atrás y al que daban por muerto. Su simple reaparición infundirá esperanzas en la pequeña comunidad de vecinos, pero también desencadenará acontecimientos desconcertantes y les revelará aspectos que tal vez habrían preferido ignorar. Paródica y mordaz, esta magnífica novela sobre los avatares de la esperanza y el valor de las promesas inspiró la película de culto de Béla Tarr y ya es hoy un clásico contemporáneo.

László Krasznahorkai, Gyula (Hungría) 1954, recorrió durante años el país después de estudiar en Budapest y ejerció diversas profesiones en pueblos y ciudades de provincias. Ha publicado, además de Melancolía de la resistencia (Acantilado, 2001), con la que se presentó a los lectores en lengua española, Al Norte la montaña, al Sur el lago, al Oeste el camino, al Este el río (Acantilado, 2005), Guerra y guerra(Acantilado, 2009), Ha llegado Isaías (Acantilado, 2009), Y Seiobo descendió a la Tierra (Acantilado, 2015), Tango satánico (1985), Circunstancias de gracia (1986) y El prisionero de Urga (1992). Varias de sus obras han sido llevadas al cine. En marzo de 2004 recibió del gobierno húngaro el Premio Kossuth, uno de los más prestigiosos de su país, por el conjunto de su obra, y en mayo de 2015, el Man Booker International 2015.

Traducción de Adan Kovacsics.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Acantilado. Reservados todos los derechos.

 

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (The Cult), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, Thesauro Cultural sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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