"El asesinato de mi tía", de Richard Hull

Nada es lo que parece. Si eres uno de esos lectores curiosos que sucumben a la tentación de darse una vueltecita por las últimas páginas antes de terminar... no lo hagas. Te perderías lo mejor. Las vueltas de tuerca de Henry James son peccata minuta comparada con estas.

Y, además, intenta leer este libro en un mal momento. Un día terrible en el trabajo, o un día terrible porque no tienes trabajo. O cuando tu pareja te ignore. Incluso en las crisis existenciales de esas que vienen con la primavera. Un día en el que necesites una ducha de risas, nada de sonrisas insinuantes, sino risas en toda su plenitud, carcajadas, risotadas, dolor de estómago de reírte.

Este libro es un antídoto contra el mal rollo y precisa, por ello, leerlo en su orden, sin saltarse páginas y sin avanzar resultados. Porque nada es lo que parece, ya lo he dicho. Y porque todas y cada una de sus palabras han de entenderse en determinado sentido. No olvides que su autor, Richard Hull, fue el segundo de a bordo de Agatha Christie en el Detection Club, una sociedad en la que se reunían los escritores policíacos y que presidía la gran dama.

Edward Powell es el sobrino de la tía Mildred. Vive con ella en un pueblecito de Gales, de nombre impronunciable, rodeado de una naturaleza detestable, con paisajes absurdos y nula vida cultural. La exquisitez de Edward no se compadece con su modo de vida y, claro está, el hombre tiene que buscarse distracciones y, sobre todo, tiene que hallar una salida. Su mejor amigo es un pequinés, su coche tiene nombre propio y abomina de la comida inglesa, siempre la misma, siempre tan sin fundamento, con salsas tan planas y sin pedigrí. Le gusta la lectura, pero no esos libros de las bibliotecas ambulantes, sino tomos que encarga expresamente y que le llegan por correo. Es un tipo raro, sí, pero de tipos raros está el planeta lleno.

Por su parte, Mildred Powell, que es la tía de Edward, es una mujer resolutiva, de carácter y bastante amiga de todos los que forman su entorno, el tipo de la oficina de correos, el del garaje, el médico del lugar, toda la fauna posible, incluidos dos enormes terriers con nombres que no reproduciré porque pueden dar lugar a una indigestión de letras. También es autoritaria, cortante e irónica. Esta última cualidad me da en la nariz que es la que menos soporta su sobrino. Y quizá tampoco esté muy de acuerdo con que la asignación que ella le pasa sea tan raquítica...

Esta curiosa pareja habita en la misma casa y bajo las mismas normas. Su convivencia puede traducirse en una mezcla de agua y aceite. No hay forma de hallar el consenso y, si fueran partidos políticos, serían enemigos irreconciliables. ¿Cómo sabemos todo esto? Ah, pues porque el querido Edward lo escribe todo. Su diario es un dietario y va dejando huella de su paso, de sus pensamientos y de sus pequeñas (o grandes) locuras. Si la tía Mildred encontrara un día este diario la cosa terminaría en explosión nuclear. Veremos a ver qué pasa.

No puedo contarte más, querido lector. Porque destriparía el asunto y me odiarías ad infinitum. De modo que apréstate a leerlo, busca el peor momento de tu vida (o uno de los miles de peores momentos de los que disfrutamos los seres humanos) y lánzate a sus páginas abiertamente. Pero sin hacer trampa. Hacer trampa se paga y si no, que se lo digan a Edward.

Sinopsis

Edward Powell es un solterón sin remedio, con un alto concepto de sí mismo, encantado de su sensibilidad, proclive a sentirse humillado y dudosamente perspicaz. Vive en Gales, que aborrece («nada más deprimente que este país bajo la lluvia»), en una población de nombre impronunciable, Llwll, en el caserón familiar, con la detestable tía Mildred, usufructuaria de su herencia —Edward recibe una parca asignación—y recelosa de sus sueños de independencia. Oprimido por la hostil convivencia con esa pariente caprichosa y autoritaria, y harto de la irritación que le producen tanto las chicas del servicio como los vecinos de la zona, se propone liberarse de tantos lastres maquinando accidentes para matar a su tía, cuidándose mucho de no dejar rastro. Consigna en un diario su empeño obsesivo en urdir el asesinato perfecto, sin advertir que su dudoso comportamiento no pasa desapercibido. El asesinato de mi tía (1934) combina admirablemente estudio de carácter y comicidad. Edward, a pesar del ridículo, tiene el encanto del presuntuoso que no se abochorna de su falta de ética, y la tía Mildred no es muy distinta de su sobrino. Con un acreditado sentido británico de la intriga, Richard Hull tampoco desperdicia algún irónico giro argumental.

Una de las novelas elegidas por Borges y Bioy Casares para su colección canónica de novela policíaca El Séptimo Círculo.

Richard Henry Sampson (conocido con el seudónimo de Richard Hull) nació en Londres en 1896. A los dieciocho años se incorporó al ejército y combatió como oficial de infantería en la Primera Guerra Mundial. Después de la guerra vivió tres años en Francia. Al volver a Inglaterra, montó una oficina de asesoría contable. En 1934 publicó su primera novela, El asesinato de mi tía, que tuvo un gran éxito y a la que siguieron otras del género de crimen y misterio como Keep It Quiet (1935), Murder Isn't Easy (1936), And Death Came Too (1939), Mi propio asesino(1945) o Prueba de nervios (1952). En la Segunda Guerra Mundial fue auditor en el Almirantazgo de Londres, puesto que conservó hasta su jubilación en 1950. Publicó su última novela, The Martineau Murders, en 1953. Fue asistente de Agatha Christie en la presidencia del Detection Club, una asociación de escritores de novelas policiacas fundada en 1929. Murió en Londres en 1973.

Copyright del artículo © Catalina León Benítez. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Alba. Reservados todos los derechos.

Caty León

Gaditana de nacimiento y crianza; trianera de vocación. Lectora y cinéfila. Profesora de Geografía e Historia y de Orientación Educativa. Directora del IES Néstor Almendros de Tomares (2001/2012). Como experta en organización escolar he publicado los libros La secretaría. Organización y funcionamiento y El centro educativo. Función directiva y áreas de trabajo, artículos en prensa (ABC: 12, 34) y revistas especializadas, así como ponencias en cursos y jornadas.

En noviembre de 2009 recibí la medalla de oro al Mérito Educativo en Andalucía. En 2015 he obtenido el Premio “Antonio Domínguez Ortiz” por la coautoría del trabajo Usos educativos de la robótica. Una casa inteligente.

En el ámbito flamenco he publicado decenas de artículos en revistas como Sevilla Flamenca, El Olivo, Alboreá y Litoral, sobre el flamenco y las artes plásticas, la mujer y el flamenco, entre otras temáticas, así como varios libros, entre los que destacaría la primera incursión en la enseñanza escolar del flamenco, Didáctica del Flamenco, mi libro sobre El Flamenco en Cádiz y el ensayo biográfico Manolo Caracol. Cante y pasión (ver reseña en ABC), así como mi investigación sobre la Noticia histórica del flamenco en Triana. Conferencias, jornadas, jurados, cursos de formación, completan mi dedicación al flamenco. En 2015 he sido galardonada con el Premio de Honor “Flamenco en el aula” de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía.

Por último, la literatura es mi territorio menos público pero más sentido. Relatos, microrrelatos, cuentos, poemas y una novela inédita Tuyo es mi corazón. I Premio de Relatos sobre la mujer del Ayuntamiento de Tomares, en su primera edición. Premio de Cuentos Infantiles de EMASESA en 2015 por Hanna y la rosa del Cairo.

En mi blog Una isla de papel hay un poco de todo esto.

Sitio Web: unaisladepapeles.blogspot.com.es/

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