Antes de que el león se hiciese con el trono de rey de la selva

Antes de que el león se hiciese con el trono de rey de la selva Imagen de la exhibición "Dinosaurs in the Wild" © Dinosaurs in the Wild UK Ltd 2018

Son solo unas huellas grabadas hace millones de años en lo que entonces sería barro pero hoy es dura roca, en Sudáfrica. Ni siquiera son unas huellas muy complejas: tres líneas que convergen en un ángulo cerrado, como las que dejaría un pájaro sobre la arena húmeda de la playa.

Estas son algo más grandes. La línea central, la que correspondería al segundo dedo (o su equivalente) es más larga que la distancia entre el codo y la punta de los dedos de un hombre adulto, y también más ancha. Estamos ante el rastro dejado por un pájaro enorme. O un reptil. O ambas cosas.

Es un dinosaurio, y no uno cualquiera: el carnívoro más grande descubierto en el sur de África hasta la fecha. Donde hoy reina el león como el carnívoro más grande del lugar, un enorme felino en la cima de la cadena alimentaria, hubo durante el Jurásico un megaterópodo que lo cuadruplicaba en tamaño.

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Imagen superior: Fabien Knoll, investigador de la Universidad de Manchester, junto a las huellas del nuevo dinosaurio, cuyo hallazgo se publicó en la revista PLOS One el 25 de octubre de 2017.

Saluden al Kayentapus ambrokholohali

Es un descubrimiento reciente, bautizado como Kayentapus ambrokholohali, y especialmente interesante por varios motivos. El primero, la aterradora fascinación de imaginarnos a un carnívoro que debió medir unos 9 metros de largo y hasta 3 de alto viviendo y cazando en un entorno en el que nadie podía hacerle sombra. Su hábitat estaría poblado por grandes herbívoros, pero ningún otro depredador que se acercase a su tamaño. Él era entonces el rey de la sabana.

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Pero el más importante está relacionado con la época de la que datan las huellas, el principio del Jurásico, porque eso obliga a replantear todo lo que los científicos creían saber sobre los tiranosaurios y su familia.

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Imagen superior: tamaño relativo de terópodos

Hasta ahora se sabía que los terópodos, dinosaurios carnívoros que caminaban sobre dos patas, que vivieron en esta época eran relativamente pequeños. La mayoría medían entre tres y cinco metros de largo. Los más grandes podían alcanzar, como mucho, siete. El Tyrannosaurus rex, que sería uno de los mayores llegando a medir hasta 12,5 metros, no existiría hasta millones de años después y nunca poblaría esta zona.

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Spinosaurus en "Planet Dinosaur" © BBC.

Por eso los científicos creían que los terópodos se volvieron enormes a finales del Jurásico y durante el Cretácico, entre hace 145 millones de años y hace 65 millones de años, momento en el que estos animales se extinguieron y desaparecieron para siempre.

Por eso este último descubrimiento obliga a recomponer el mapa y la línea temporal de los terópodos.

También ayuda a completar lo que sabemos de cómo era el paisaje africano millones de años antes de que el hombre poblase la Tierra. En lo que hoy son la selva y la sabana, donde viven leones, jirafas, gacelas, cocodrilos y rinocerontes, vivieron hace millones de años otros animales muy diferentes con sus propias relaciones entre depredadores y presas, con el Kayentapus ambrokholohali como amo y señor del lugar.

Spinosaurus, el rey de los carnívoros

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Imagen superior: esqueleto de Spinosaurus expuesto en Japón

Aunque tanto él como el Tyrannosaurus rex se han quedado sin ocupar el lugar del dinosaurio carnívoro más grande de la historia porque el puesto ya está ocupado por el Spinosaurus, un gigantesco animal que vivió en el Cretácico, hace 100 millones de años, en la zona del norte de África, lo que hoy son Egipto y Marruecos.

Medía entre 15 y 18 metros de largo y estaba tocado por una gran aleta de espinas que le da nombre. Gracias a ella y a su cabeza, similar en su forma a la de los cocodrilos modernos, el Spinosaurus era un hábil pescador aunque también cazaba en tierra.

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Imagen superior: Spinosaurus comparado con animales actuales

A diferencia de la cómica imagen que tenemos de las patas delanteras de los tiranosaurios, cortas y débiles en comparación con sus poderosas patas traseras, algunos descubrimientos sugieren que las patas delanteras del Spinosaurus eran también fuertes, y que quizá no siempre era bípedo, sino que podía también caminar a cuatro patas.

Hoy de aquellos gigantes solo quedan huellas y huesos convertidos en piedra que nos ayudan a conocerles, aunque no es fácil.

Los expertos en paleontología interpretan lo que encuentran y lo que no deben suponerlo, calcularlo o sugerirlo. Gracias a su trabajo podemos imaginar quiénes fueron los anteriores reyes de África.

Copyright © Rocío Pérez Benavente. Publicado previamente en el blog de la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País VascoCuaderno de Cultura Científica está bajo una licencia CC.

Rocío Pérez Benavente

Rocío Pérez Benavente es periodista. Está especializada en salud, ciencia y energía. Publica sus artículos en El Confidencial, Vitónica, Xataka, Cuaderno de Cultura Científica (blog de divulgación de la UPV). Estudió el Máster de Periodismo y Comunicación de la Ciencia, la Tecnología y el Medio Ambiente en la Universidad Carlos III de Madrid.

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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC

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