“Detectives victorianas. Las pioneras de la novela policíaca”. Edición de Michael Sims

Con un criterio estricto, la época victoriana ocupa el reinado de Victoria I, que subió al trono con 18 años en 1837 y murió en 1901, después de llevar la corona durante más de 63 años.

Sin embargo, algunos historiadores sitúan el comienzo de este importante período histórico unos años antes, al principio de los años 30 del siglo XIX, por la serie de cambios que ya se iban anunciando. Victoria I llegó al trono de carambola y nunca el azar fue más fructífero. Tuvieron que morir varios tíos, su padre y su abuelo, el rey Jorge III, para que ella se coronara como monarca del Reino Unido y, en 1877, emperatriz de la India.

Su madre era una princesa alemana de la casa de Sajonia-Coburgo, y ella contrajo matrimonio en 1840 con un primo de ese mismo linaje, el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha. Tuvo 9 hijos y 42 nietos, la mayoría de los cuales emparentaron con casas reinantes europeas, haciendo una política de alianzas que perdura aún en muchos sentidos. Se puede decir que toda la realeza europea tiene lazos con la reina Victoria.

El período victoriano es enormemente interesante en todos los aspectos. Significó el cambio de una economía (y por tanto, un modo de vida) rural a la transformación industrial que, junto con el ferrocarril, la expansión del imperio y la citada política de alianzas, convirtió al Reino Unido en el centro del mundo moderno.

También las artes y la cultura en general ‒la literatura, por supuesto‒ dieron enormes frutos, y he aquí que este libro, cuya edición se debe al experto Michael Sims, nos trae un conjunto de historias cortas que sirven como antecedente de lo que será la gran novela policíaca de filiación británica.

Aclaremos primero una pequeña confusión que se produce con este volumen: no se trata de rescatar a las escritoras de novela negra que primero incursionaron en este campo, sino a los personajes, creados por escritores y escritoras, cuyo papel de detectives se constituye como el primer eslabón de los futuros y famosísimos investigadores del crimen. Así, hay aquí cuentos de autores como W. S. Hayward, Andrew Forrester hijo, C. L. Pirkis, Mary E. Wilkins, Anna Katherine Green, George R. Sims, Grant Allen, N. McDonell Bodkin, Richard Marsh y Hugh C. Weir.

Los relatos van desde el año 1864 hasta el 1915. Previamente Michael Sims escribe un texto llamado "Vigilancia en la intimidad", en el que pone de relieve el trabajo que va a presentar, así como las líneas generales de éste. Ese texto incluye una cita de la obra The Female Detective, de 1864, en la que se pone de manifiesto la mayor facilidad de una mujer para vigilar y encontrar pistas en los ambientes domésticos, que son los que conoce y sigue de cerca.

No es mala reflexión esta, desde luego, porque la han hecho suyas, en la teoría y en la práctica, grandes damas de la novela negra, comenzando por Agatha Christie.

El Londres victoriano era, probablemente, muy sucio, abigarrado, lleno de movimiento, y en él convergían personas de muy distinta condición y ocupación. Gente venida del campo en busca de trabajo en los nuevos oficios relacionados con la industria, familias burguesas de clase media, aristócratas que rezongaban acerca de cómo estaba todo cambiando, un paraíso para los carteristas, afanadores, delincuentes de poca monta y de muchísima monta.

La escasa iluminación, los callejones adyacentes a las casas, la proliferación de habitaciones alquiladas a cuyos moradores no se les exigía apenas nada, todo eso suponía un plus de peligrosidad. Los delitos eran muchos y muy variados y Michael Sims destaca los desvalijamientos, robos, asaltos, asesinatos, infanticidios, violencia conyugal y odio racial, sobre todo.

La mayoría de las historias de este libro se desarrollan en Londres, aunque hay alguna también en Nueva York. Las ciudades eran el centro del crimen y los primeros cuerpos policiales estructurados se formaron precisamente en estos contextos. En 1829 se había creado la policía metropolitana en Londres: tipos altos, vestidos con sombrero de copa azul y frac, armados con una porra, unas esposas y un silbato para avisarse entre sí.

Se llamaron peelers en Irlanda y bobbies en Inglaterra, porque el impulsor de esta fuerza policial fue el ministro de Interior Robert Peel. Antes de ellos, existieron los Bow Street Runners, una especie de agentes judiciales impulsados por el autor de Tom Jones, Henry Fielding, que ejercía de magistrado en Londres. Por cierto, esa era una novela muy apreciada por Jane Austen, a pesar de que no estaba bien visto que la leyera una señorita.

Los runners tenían el aire de detectives privados y desaparecieron unos años después de que se creara la policía metropolitana. El departamento de detectives como tal se creó en 1842, y asumía la novedosa tarea de la investigación. Las protagonistas de estas historias que componen el libro son eso, detectives, que llegan a este trabajo por rutas diversas y que ejercen un trabajo que podíamos definir como "poco femenino".

Dado que los personajes femeninos detectivescos son anteriores a las mujeres detectives en la vida real, bien puede calificarse este hecho de anticipación, futurismo o adivinación, según viene a proponernos Sims. Observa una especie de toque femenino a la hora de proponer la solución de un crimen, basado en el instinto o en la mirada diferente, que se fija en detalles pequeños o en cuestiones aparentemente adyacentes. Algunas veces esas detectives se disfrazan, lo que facilita las pesquisas. Y, en todo caso, hay algo que yo añado de mi propia cosecha: las mujeres despiertan menos sospechas a la hora de preguntar o de buscar conversación que un hombre, precisamente por el hecho reconocido por todos de que las mujeres hablamos más y somos más curiosas en general. Lo que, a mi juicio, es un auténtico lujo, un placer y una suerte.

El hermetismo masculino es un problema para ellos y para los demás, y, desde luego, no garantiza una vida más feliz ni más tranquila, sino, en todo caso, menos llena de emociones y exenta de eso tan entretenido y agradable que algunos escritores han destacado y que es el poder de la observación.

Las historias de detectives como estas que aquí aparecen ponen el punto de mira no en el crimen o en el criminal sino en los investigadores, las pistas y la forma de resolver los casos. Son crucigramas, juegos de artificio, puzzles que hay que solucionar. Ese es el sentido principal que tienen y lo que diferencia a las historias policíacas de las novelas negras o los thrillers.

Las investigadoras son Amelia Lutterworth, Dora Myrl, Violet Strange, la señora Pascal, Loveday Brooke, Sarah Fairbanks, la primera de las cuales antecede con toda claridad a la futura señorita Marple de Agatha Christie, la autora policíaca que más detectives inventó: Poirot, Marple, Tuppence y Tommy, Parker Pyne, Ariadne Oliver e, incluso, Hastings.

Como todos los investigadores que se han aproximado al género, Sims considera a Edgar Allan Poe como el padre de la historia detectivesca. En 1841 había escrito "Los crímenes de la calle Trianon" que luego sería la calle Morgue, donde aparece un detective aficionado francés (luego Agatha Christie haría belga a su detective, aunque no era un aficionado sino un antiguo policía), llamado C. Auguste Dupin. También Arthur Conan Doyle tomó algunas características de Dupin para su egocéntrico Sherlock Holmes, tan estirado y compuesto siempre, algo que debería ser propio de los detectives famosos habida cuenta de que este prototipo es muy usual.

Los medios de transporte tienen un papel central en los relatos y también en la época, pasándose de los caballos al ferrocarril y de ahí al automóvil. Cambios sustanciales que se reflejan también en el vestuario femenino, porque, dentro de esto, surgió la revolución de las bicicletas y los monociclos.

Las bicicletas son, dice Sims, el emblema de la nueva mujer. Esto preocupaba a las mentes conservadoras que veían toda clase de males en este cambio. Y tuvieron mucha razón, porque desaparecieron los volantes y los encajes y empezaron a insinuarse los pantalones. Todo un cambio.

Detectives victorianas. Las pioneras de la novela policíaca es un libro encantador. Lleno de pequeños y grandes detalles, de situaciones pintorescas, de mujeres atrevidas y provistas de una mentalidad abierta y de un ingenio descomunal. El ensayo introductorio es tan interesante como la bibliografía que añade a continuación.

En realidad, no es solo una colección de historias, es un tratado sobre el tema, y el tema es, en sí mismo, inabordable por lo amplio que resulta y las implicaciones que tiene.

Como añadido, un elemento que me ha parecido esclarecedor. Al inicio de cada historia aparece una reseña biográfica del autor o autora y, sobre todo, de la mujer detective que la protagoniza. Esta parte es sumamente importante. Se trata, pues, de una galería de escritores que dedicaron su obra a crear una pasarela de mujeres detectives, de singular atractivo y encantadoras disposiciones. Una delicia.

Sinopsis

En los últimos años de la era victoriana, la opinión pública británica estaba fascinada —¡y preocupada!— por esa sospechosa figura conocida como la nueva mujer. Montaba en bicicleta, conducía esos peligrosos automóviles y no le gustaba en absoluto que le dijeran lo que tenía que hacer. También en la novela policiaca, estas mujeres rompían todas las reglas: en lugar de asistir a recepciones para tomar el té y conversar sobre las últimas tendencias de la moda, estas detectives pioneras preferían perseguir a un sospechoso bajo la espesa niebla de Londres, tomar ellas mismas las huellas dactilares a un cadáver o, incluso, cometer algún delito menor para así resolver un caso especialmente difícil.

Esta antología reúne por primera vez a las más grandes luchadoras contra el crimen de la época —y también a algunas selectas delincuentes—, como Loveday Brooke, Dorcas Dene o Lady Molly, predecesoras de las modernas damas del crimen. Relatos inteligentes, dinámicos y extremadamente divertidos, de mujeres que, por fortuna, se negaron a ocupar el estrecho lugar que la sociedad les tenía reservado.

Edición de Michael Sims. Traducción del inglés de Laura Salas Rodríguez.

Copyright del artículo © Catalina León Benítez. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Siruela. Reservados todos los derechos.

Caty León

Gaditana de nacimiento y crianza; trianera de vocación. Lectora y cinéfila. Profesora de Geografía e Historia y de Orientación Educativa. Directora del IES Néstor Almendros de Tomares (2001/2012). Como experta en organización escolar he publicado los libros La secretaría. Organización y funcionamiento y El centro educativo. Función directiva y áreas de trabajo, artículos en prensa (ABC: 12, 34) y revistas especializadas, así como ponencias en cursos y jornadas.

En noviembre de 2009 recibí la medalla de oro al Mérito Educativo en Andalucía. En 2015 he obtenido el Premio “Antonio Domínguez Ortiz” por la coautoría del trabajo Usos educativos de la robótica. Una casa inteligente.

En el ámbito flamenco he publicado decenas de artículos en revistas como Sevilla Flamenca, El Olivo, Alboreá y Litoral, sobre el flamenco y las artes plásticas, la mujer y el flamenco, entre otras temáticas, así como varios libros, entre los que destacaría la primera incursión en la enseñanza escolar del flamenco, Didáctica del Flamenco, mi libro sobre El Flamenco en Cádiz y el ensayo biográfico Manolo Caracol. Cante y pasión (ver reseña en ABC), así como mi investigación sobre la Noticia histórica del flamenco en Triana. Conferencias, jornadas, jurados, cursos de formación, completan mi dedicación al flamenco. En 2015 he sido galardonada con el Premio de Honor “Flamenco en el aula” de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía.

Por último, la literatura es mi territorio menos público pero más sentido. Relatos, microrrelatos, cuentos, poemas y una novela inédita Tuyo es mi corazón. I Premio de Relatos sobre la mujer del Ayuntamiento de Tomares, en su primera edición. Premio de Cuentos Infantiles de EMASESA en 2015 por Hanna y la rosa del Cairo.

En mi blog Una isla de papel hay un poco de todo esto.

Sitio Web: unaisladepapeles.blogspot.com.es/

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