"Tierra 2" ("Earth 2", 1994-1995)

Año 2192. La Tierra se ha convertido en un planeta inhabitable a causa de la contaminación y la explotación abusiva de los recursos naturales. La mayor parte de la especie humana se ha visto obligada a establecerse en estaciones espaciales.

En ellas, un misterioso e incurable síndrome comienza a afectar a los niños, provocado al parecer por la falta de aire y agua puros en el entorno estéril y perpetuamente reciclado de las estaciones. Los afectados apenas pueden siquiera respirar sin el apoyo de un complejo apoyo tecnológico y, aún así, no viven para cumplir los nueve años.

Devon Adair, heredera de un imperio industrial y exitosa mujer de negocios, tiene un hijo enfermo, Ulysses, y está convencida de que ella, como promotora de la construcción de estaciones orbitales, tiene parte de culpa en tal situación. Decidida a salvar a su hijo y otros doscientos niños enfermos más, financia el Proyecto Edén: la colonización de un planeta, el G889, a 22 años luz de distancia, que se cree reúne las condiciones de habitabilidad de la antigua Tierra.

Pero el Consejo, órgano de gobierno terrestre, no ve con buenos ojos una iniciativa que, de tener éxito, podría suponer un éxodo masivo de las estaciones, dejándole sin poder. Decide así sabotear la misión colocando explosivos en la nave. Devon descubre el plan y parte sin aviso hacia su destino. Pero cuando llegan a la órbita del planeta G889 y el ordenador central saca de la hibernación a sus tripulantes, un espía del Consejo sabotea la nave y ésta se estrella en la superficie.

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Los colonos, sin embargo, logran llegar a los módulos de salvamento y, aunque dispersos, se ponen a salvo con una pequeña parte del equipo. Escasos de armas y suministros y con sólo dos vehículos, un equipo de esos náufragos espaciales tendrá que enfrentarse a los peligros que esconde el nuevo planeta mientras recorre los 5.500 km que les separan de Nueva Pacífica, el punto originalmente elegido como idóneo para establecer un asentamiento viable y donde aterrizarán el resto de naves colonizadoras.

Por el camino deberán salvar obstáculos naturales, tratar con extrañas formas de vida y sobrevivir a desafíos místicos así como a conflictos internos. Los principales indígenas del planeta son los terrianos, unos humanoides que literalmente surgen del suelo y que tienen la clave para sanar al hijo de Devon, con el que se comunican a través de sueños y visiones. Otros habitantes del planeta son los repulsivos y semiinteligentes Grendlers así los supervivientes de una antigua colonia penal instalada en secreto por el Consejo.

Los personajes son interesantes: Devon Adair (Debrah Farentino) es la líder del grupo, aunque carece de experiencia en situaciones de supervivencia y a menudo la preocupación por su hijo le nubla el juicio. Yale (Sullivan Walker) es un pacífico ciborg filosófico que actúa como tutor de Ulysses y cuyo turbio pasado criminal ha sido aparentemente borrado de sus bancos de memoria. John Danziger (Clancy Brown) es el gruñón y pragmático mecánico, padre viudo de True (una niña bastante cargante interpretada por J. Madison Wright).Danziger había trabajado casi como esclavo en una de las estaciones, pero en el planeta se convertirá en el protector del grupo.

El toque sexy lo ponían Jessica Steen en su papel de la doctora diseñada genéticamente y espía del Consejo Julia Heller; y Antonio Sabato Jr. como el piloto de la expedición Alonzo Solace, que nunca tuvo intención de poner los pies en el planeta. Otros personajes relevantes son Morgan (John Gegenhuber), egoísta y mediocre funcionario del Consejo incapaz de adaptarse a una vida sin los lujos y privilegios a los que se había acostumbrado; en contraste con su esposa Bess (Rebecca Gayheart) mejor persona que él pero aún así enamorada de su marido y optimista ante la aventura que les espera.

El episodio piloto es sólido y prometedor tanto en su historia como en su ejecución, con algunas escenas de efectos especiales muy conseguidas (el interior de la nave, su partida de la estación espacial...). El problema es que la serie se encasilló pronto en un esquema demasiado repetitivo, en el que la carencia de presupuesto se hacía evidente y donde había demasiados huecos y contradicciones argumentales.

Los primeros episodios en el planeta están dominados por la pareja de irritantes y malcriados niños que se dedican a meter en problemas a todo el mundo. Por un momento, temí incluso que introdujeran como personaje permanente a un horrible animalito que la niña adoptaba como mascota (afortunadamente, los guionistas lo descartaron pronto argumentando que era peligroso). También en esos capítulos iniciales aparece Tim Curry como un misterioso, excéntrico y peligroso ermitaño que de alguna forma llegó al planeta años antes que los protagonistas. Desgraciadamente, se acerca más a un histriónico villano de circo que a una auténtica amenaza y su historia no llega a cuajar.

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La ciencia que aparece en la serie es a veces absurda (túneles electromagnéticos naturales que transportan instantáneamente a miles de kilómetros) y a veces intrigante (los sistemas de comunicación, los inductores de hologramas, las balas buscadoras...). Al mismo tiempo, hay un alto grado de misticismo relacionado con los terrianos con el que se intenta introducir un elemento de misterio que enfrente a los personajes con difíciles dilemas éticos; el problema es que ese espiritualismo a medio cocinar no es más que un pastiche del evangelio cristiano, un folleto de Greenpeace y monsergas chamanistas con poco fondo. Por otra parte, el planeta se parece demasiado a la Tierra. La serie fue rodada en Nuevo México, pero unas cuantas formaciones rocosas de extraños perfiles no bastan para crear la ilusión de un entorno alienígena.

El marco general remite al viejo tema de la épica colonizadora norteamericana: los colonos se internan en una nueva tierra buscando dejar atrás su pasado, esperanzados ante la perspectiva de construir una nueva vida. Pero se encuentran con un lugar agreste en el que no es fácil sobrevivir. Por una parte, los colonos se dan cuenta de que no pueden librarse de su pasado; por otro, que no cuentan con las infraestructuras ni con los recursos físicos y sociales que les eran familiares (por ejemplo, carecen de prisiones en las que recluir a quien haya causado una grave infracción), por lo que deberán ir creando nuevas reglas a medida que surgen los problemas, ya sean estos nuevos o viejos.

Y, para colmo, como en el Antiguo Oeste, resulta que G889 ya está habitado. La población indígena es extraña y se siente –con razón– amenazada. En esta ocasión, son los humanos los que cumplen el papel de invasores alienígenas. Y no hay duda de que somos un peligro: como sucedió en Australia en el siglo XVIII, el planeta empieza usándose como colonia penal para indeseables, algunos de los cuales no tardan en abusar de los terrianos. Los colonos, aunque con mejores intenciones, son también víctima de sus prejuicios, temores e incomprensión de las culturas extrañas.

Aunque este marco general no sea particularmente original (los alienígenas, los sufridos colonos yvarias de las aventuras que viven ya se han visto repetidas veces en la ciencia–ficción) y a menudo la serie caía en el melodrama, sí que introducía cuestiones interesantes relacionadas bien con el mundo actual (las consecuencias del deterioro de la ecología sobre nuestra salud, los derechos de los indígenas, la ética de las penas a los convictos, el racismo) o bien con el espíritu humano en general (arrepentimiento y redención, la búsqueda de nuevas metas, la conciliación de intereses contrapuestos, las consecuencias de la codicia, las lealtades en conflicto, el miedo a lo desconocido...).

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Me parece interesante destacar el buen trabajo que los guionistas hicieron con el personaje de Devon Adair. El hecho de que en esta serie el líder del grupo fuera una mujer –la primera vez en una serie televisiva de ciencia-ficción– no sólo no era tratado como algo extraordinario o motivo de conflicto entre los miembros masculinos del grupo, sino asumido con naturalidad. Tampoco (como sí sucedía habitualmente con otras protagonistas femeninas en series de la televisión) se dotó a Devon de glamour sexual o un maquillaje particularmente atractivo. Debrah Farentino era, desde luego, una mujer bella, pero eso fue sólo un elemento circunstancial y secundario de su personalidad y capacidad de liderazgo.

Quizá tuviera algo que ver con la irregular calidad de la serie el hecho de que sus creadores, Michael Duggan, Billy Ray, Carol Flint y Mark Levin, carecieran de experiencia previa como escritores de ciencia-ficción. Aunque los últimos episodios –a cargo de otros guionistas– mejoraron bastante, aportando nuevas ideas, desplegando una mayor carga dramática y abriendo interesantes desarrollos argumentales (con la expedición al borde de la desaparición al acabarse las provisiones, Adair teniendo visiones del futuro de su hijo como rebelde proterriano contra los humanos, los miembros del grupo muriendo uno a uno por un virus), ya era demasiado tarde y la serie fue cancelada tras 21 episodios.

La televisión americana es implacable cuando los datos de audiencia no acompañan, pero en este caso es posible que la cancelación fuera injusta. ¿Por qué? Sí, ciertamente la calidad de los episodios era algo irregular, pero hacia final mejoraron considerablemente y, de hecho, el último terminaba con un interesante suspense que se esperaba resolver en una segunda temporada. Además, la serie obtuvo el reconocimiento de la crítica al ser nominada tanto para los premios Emmy (ganó uno) como para los Saturn. Hay muchas series peores que Tierra 2 que han sido más longevas. Puede que no fuera ajeno a su cancelación el pésimo tratamiento que recibió por parte de la NBC, emitiendo los capítulos en desorden (algo injustificable) y cambiando continuamente su horario de emisión la noche de los domingos, empujada a horarios intempestivos por las retransmisiones deportivas. Sin duda esto acabó con la paciencia de los fans.

Tierra 2, producida por la Amblin Entertainment de Spielberg, acabó siendo una de tantas series que consiguen superar la barrera del episodio piloto, pero que se tambalean durante una temporada sin conseguir su renovación. Personalmente creo que hubiera sido interesante ver de qué eran capaces los nuevos guionistas de haber tenido más tiempo y más dinero a su disposición. La serie tenía buenas ideas e interesantes personajes. Sólo había que colocarlos en las historias correctas.

Copyright del artículo © Manuel Rodríguez Yagüe. Publicado previamente en Un universo de ciencia ficción, con licencia CC, y editado en Thesauro Cultural (TheCult.es) con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes (De viajes, tesoros y aventuras), el cómic (Un universo de viñetas), la ciencia-ficción (Un universo de ciencia ficción) y las ciencias y humanidades (Saber si ocupa lugar). Colabora en el podcast Los Retronautas.

Imagen superior. "Astronaut Academy", de Dave Roman. Emerald City Comic Con, Seattle, Washington.

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