La Dama Azul

La Dama Azul Imagen superior: Sor María de Jesús de Ágreda. Segunda mitad del siglo XVII. Óleo sobre lámina de cobre.

Mi monjita. Así me refiero, desde hace décadas, a una de mis debilidades como historiadora: María Coronel Arana, más conocida por su nombre como religiosa concepcionista, sor María de Jesús de Ágreda.

María fue muchas cosas pero, sobre todo y ante todo, fue monja y teóloga. Dos palabras que, como el agua y el aceite, no se pueden mezclar. Así ha quedado de manifiesto a lo largo de la historia de la Iglesia Católica: “La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio”, que dijo San Pablo, marcando las directrices que, durante siglos, han alejado a la mujer del ejercicio activo y la práctica teologal.

Sin embargo, han sido muchas las mujeres que han buscado las formas para dejar constancia de sus inquietudes teologales. Las más de las veces, acudiendo al recurso de la divinidad, diciendo que por su boca hablaba Dios o, en no pocas ocasiones, la Virgen María. Tal fue el caso de mi monjita.

Hace dos décadas que me topé, por vez primera, con uno de sus escritos, el conocido como Tratado de la redondez de la tierra. Aunque se trataba de un aspecto alejado, por aquellos entonces, de mis márgenes habituales como historiadora, había algo magnético en esa obra. Y en su autora. Era la primera vez que me encontraba, frente a frente, en calidad de historiadora, con una mujer que escribía. Y no una mujer cualquiera, sino una monja. Y no sobre un tema cualquiera, sino sobre astronomía.

Dediqué dos años a buscar, sistemáticamente, buena parte de los manuscritos conservados sobre el dicho Tratado. Copias custodiadas en la Biblioteca Nacional de Madrid, en la Biblioteca de Castilla La Mancha, en la Biblioteca Capitular de Sevilla y en la Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo El Real de El Escorial. Viajé hasta Córdoba, en busca del original que, según la tradición, había llevado hasta allí fray Alonso Salizanes, general de la orden franciscana que asistió a María en su lecho de muerte. Búsqueda infructuosa pues, de haber estado entre los fondos catedralicios, ya no se encontraba.

A la par que acumulaba manuscritos leía, por vez primera, los trabajos de mujeres dedicadas a rescatar la memoria escrita de sus ancestras. Pero, entonces, yo veía con otros ojos. Mi objetivo primordial pasaba por demostrar la autenticidad del escrito en cuestión. Un tratado que, en 1762, la Sagrada Congregación de Ritos consideró falsamente atribuido a María. Llegué, incluso, a transcribir una de las copias conservadas en la Biblioteca Nacional. Copia que acompañé del correspondiente aparato crítico y de un estudio introductorio donde exponía las razones que, según mi particular punto de vista, hacían de este curioso escrito agredano una obra auténtica. Pero nunca lo llegué a publicar. Y dejé aparcada mi labor de años, aunque nunca me olvidé de María.

Hace dos años y medio que, cuestiones personales mediante, mi cabeza hizo clic y cambié mi forma de ver y entender la historia de las mujeres. Y, aunque inicialmente mi ámbito de estudio se centró en el siglo XX, pronto empecé a tirar de un hilo que parecía no acabarse nunca. Fue así que llegué a terrenos conocidos, largamente transitados, los terrenos de la Edad Moderna tanto tiempo hollados. Y fue así que volví a María. Y volví de la mano de Juana Inés de la Cruz, para quien la monja agredana fue maestra teóloga.

Las búsquedas en bibliotecas y archivos siempre suelen deparar sorpresas. En el caso que me ocupa, no sólo encontré la influencia que María ejerció sobre Juana en uno de sus escritos teologales, los conocidos como Exercicios devotos, sino que me encontré con un nuevo manuscrito del Tratado que, hasta entonces, no sabía que existía. Una copia más que añadir a mi colección. Y aunque mi idea primera había sido escribir un artículo sobre estas dos teólogas, consideré que me debía, a mí misma, empezar exclusivamente por María. Debía saldar esa cuenta pendiente entre ella y yo. Esta relación tan particular que nos viene uniendo desde hace dos décadas. Y así lo hice.

[El 24 de mayo de 1665, entregaba su alma a Dios, o a la Diosa, sor María de Jesús de Ágreda, la Dama Azul que evangelizó tierras novomexicanas sin salir de su convento agredano].

Copyright del artículo © Mar Rey Bueno. Reservados todos los derechos.

Mar Rey Bueno

Mar Rey Bueno es doctora en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó su tesis doctoral sobre terapéutica en la corte de los Austrias, trabajo que mereció el Premio Extraordinario de Doctorado.

Especializada en aspectos alquímicos, supersticiosos y terapéuticos en la España de la Edad Moderna, es autora de numerosos artículos, editados en publicaciones españolas e internacionales. Entre sus libros, figuran El Hechizado. Medicina , alquimia y superstición en la corte de Carlos II (1998), Los amantes del arte sagrado (2000), Los señores del fuego. Destiladores y espagíricos en la corte de los Austrias (2002), Alquimia, el gran secreto (2002), Las plantas mágicas (2002), Magos y Reyes (2004), Quijote mágico. Los mundos encantados de un caballero hechizado (2005), Los libros malditos (2005), Inferno. Historia de una biblioteca maldita (2007) e Historia de las hierbas mágicas y medicinales (2008).

Asimismo, ha colaborado en obras colectivas con los siguientes estudios: "El informe Vallés: modificación de pesas y medidas de botica realizadas en el siglo XVI" (en La ciencia en el Monasterio del Escorial: actas del Simposium, 1993), "Fray Esteban Villa y los medicamentos químicos en la Farmacia española del siglo XVII" (en Monjes y monasterios españoles: actas del simposium, 1995), "La biblioteca privada de Juan Muñoz y Peralta (ca. 1655-1746)" y "Los Orígenes de dos Instituciones Farmacéuticas españolas: la Real Botica (1594) y el Real Laboratorio Químico (1694)" (en Estudios de historia de las técnicas, la arqueología industrial y las ciencias: VI Congreso de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, 1996), "Servicio de farmacia en la guerra contra la Convención francesa" y "La difusión de epidemias febriles y su tratamiento en la guerra contra la Convención nacional francesa" (en III Congreso Internacional de Historia Militar: actas, 1997), "La influencia de la corte en la terapéutica española renacentista" (en Andrés Laguna: humanismo, ciencia y política en la Europa renacentista. Congreso Internacional, Segovia, 1999), "Vicencio Juan de Lastanosa, inquisidor de maravillas: Análisis de un gabinete de curiosidades como experimento historiográfico" y "El coleccionista de secretos: Oro potable, alquimistas italianos y un soldado enfermo en el laboratorio lastanosino" (en El inquiridor de maravillas. Prodigios, curiosidades y secretos de la naturaleza en la España de Vicencio Juan de Lastanosa, 2001), "La instrumentalización de la Espagiria en el proceso de renovación: las polémicas sobre medicamentos químicos" y "La institucionalización de la Espagiria en la corte de El Hechizado" (en Los hijos de Hermes: alquimia y espagiria en la terapéutica española moderna, 2001), "El debate entre ciencia y religión en la literatura médica de los novatores" (en Silos: un milenio: actas del Congreso Internacional sobre la Abadía de Santo Domingo de Silos, vol. 3, 2003), "El Jardín de Hécate: magia vegetal en la España barroca" (en Paraíso cerrado, jardín abierto: el reino vegetal en el imaginario religioso del Mediterráneo, 2005), "Los paracelsistas españoles: medicina química en la España moderna" (en Más allá de la Leyenda Negra: España y la revolución científica, 2007) y "El funcionamiento diario de palacio: la Real Botica" (en La corte de Felipe IV 1621-1665: reconfiguración de la Monarquía católica, 2015).

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