Nada cambia más ni menos que el tiranosaurio

Nada cambia más ni menos que el tiranosaurio Imagen superior: "La isla de los dinosaurios" ("Dinosaur Island", 2014), de Matt Drummond.

“Nada cambia más constantemente que el pasado; el pasado que influye constantemente en nuestras vidas no consiste en lo que en realidad ocurrió, sino de lo que los hombres creen que ocurrió” dijo el periodista político Gerald White Johnson al escribir sobre la adoración de los héroes estadounidenses. La misma idea puede aplicarse a los dinosaurios.

De los dinosaurios, como de toda vida de eras pasadas, quedan sólo vestigios que hay que rastrear e interpretar. Un tipo de restos son los fósiles. A partir de éstos, reconstruimos la historia de la vida en la Tierra: cómo se veía, qué especies existían, cómo interactuaban, etcétera. Las ideas que tenemos sobre la vida pasada descansan en la interpretación que damos a la evidencia, por lo que esas ideas están sujetas a cambios.

La representación del tiranosaurio, por ejemplo, ha sufrido varias modificaciones en los últimos cien años. Aquí se tratará la referente a su postura: cómo a partir de un cambio en el ámbito de la ciencia hubo un cambio en la cultura popular, y de ahí al imaginario de las personas. Personas como usted.

Piense en un tiranosaurio. Ahora dibújelo. ¿Cómo está parado? Es muy probable que su idea sea incongruente con lo que los científicos creen sobre este animal.

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Imagen superior: el tiranosaurio visto por Zdeněk Burian (1905-1981).

El tiranosaurio canguro

En 1915, los trabajadores del Museo Americano de Historia Natural (AMNH por sus siglas en inglés) esperaban inquietos la llegada de un nuevo miembro. Éste pesaba seis toneladas (vivo), y tenía dientes de hasta 20 centímetros. El ejemplar de Tyrannosaurus rex que estaba por llegar al museo serviría como un ejemplo clásico de la manera en que cambia nuestra concepción de la vida a laluz de nuevos descubrimientos y de cómo esto permea al público en general.

El director del AMNH durante ese tiempo, Henry Fairfield Osborn, estaba convencido de que T. rex tenía una postura erecta vertical, pues al ser bípedo lo imaginaba similar a otros animales bípedos contemporáneos, como el canguro y el ser humano: la cabeza bien en alto y la cola perpendicular al suelo, formando un “trípode” con las dos patas traseras. Al llevar el esqueleto fósil de T. rex al museo no hubo duda en cómo debía ser exhibido, pues esta idea era bien aceptada a principios de siglo y se mantuvo durante mucho tiempo sin críticas.

A finales de la década de los sesentas, el Museo Británico de Historia Natural esperaba, como hacía más de sesenta años había hecho el de Estados Unidos, a dos nuevos especímenes. Estos esqueletos de tiranosaurio estaban incompletos, por lo que de ambos se hizo uno solo. Al reconstruirlo, se puso especial consideración en la postura, comparándolo con el tiranosaurio del museo estadounidense. ¿Qué evidencia existía de que el tiranosaurio realmente hubiera caminado como lo indicaban los estadounidenses? Las huellas que se han encontrado de dinosaurios bípedos no muestran rastro de la cola arrastrando detrás, como sucedería si ésta estuviera en posición de trípode. Más aún, la anatomía de T. rex indicaba que lo más probable es que su postura hubiera sido diferente.

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Imagen superior: el tiranosaurio visto por Charles R. Knight (1874-1953).

Tiranosaurio en forma de T

Pensar en el descanso es tan importante como pensar en la acción cuando se trata de inferir la estructura y movimiento de animales que nunca veremos con vida. La postura actual del tiranosaurio se debe en gran parte a cómo lo imaginaron yendo del reposo a la acción, de estar descansando a ponerse en movimiento. Si imaginamos al tiranosaurio como ese gran cazador activo, tuvo que haber tenido momentos para recuperar energías, y muchos.

Observando los huesos del dinosaurio, la postura más verosímil de reposo es con las patas traseras recogidas, el abdomen y la cabeza en el suelo, y las patas delanteras dobladas bajo el cuerpo tocando el piso, como si estuviera haciendo una “lagartija”. La cabeza estaría con el cuello alargado, para que pudiera reposar la mandíbula en el suelo; algo así como una gallina gigante. Las diminutas patas delanteras, a pesar de ser muy pequeñas, tienen rastros de que había grandes músculos rodeándolas, al menos lo suficientemente fuertes como para dar un primer empujón hacia arriba cuando el animal quisiera levantarse. Después de este empujón, las patas traseras harían el trabajo más fuerte de levantar todo el peso del cuerpo, pero ¿qué pasa con la cola?

Esa cola es un apéndice muy robusto, pues su longitud es aproximadamente la mitad de todo el animal; además, los huesos indican que los músculos que la rodeaban eran fuertes, por lo que seguramente pesaba mucho. Si esa pesada cola, al levantarse se hubiera ido hacia atrás, el animal habría perdido el equilibrio, pues mucho del peso hubiera quedado en la parte posterior del cuerpo.

Esta idea fue propuesta por B. H. Newman en 1970 e implicaba un cambio de postura del tiranosaurio. El retrato de este animal se modificó: la columna vertebral paralela al piso, con la cola a la misma altura que la cabeza, formando una T con las patas de atrás. El tiranosaurio del AMNH mantuvo la postura parecida la de un canguro durante 77 años, hasta que en 1992 fue desmontado y su aspecto se modernizó. La postura propuesta por Newman no ha sido rebatida hasta ahora.

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Imagen superior: "The Land Unknown" (1957), de Virgil W. Vogel.

El tiranosaurio que dibujaron

El tiranosaurio cambió de postura desde los años setentas, y a partir de entonces los museos, revistas, libros populares y otros materiales de comunicación científica comenzaron paulatinamente a retratarlo con la espina dorsal en un ángulo de 0 a 10 grados respecto del suelo. A pesar de esto, si hoy se le pide a gente nacida después de los ochentas que dibujen un tiranosaurio, lo más probable es que lo hagan en una posición de canguro, aun cuando han estado en contacto con estos materiales de comunicación y con películas como Jurassic Park, donde se presenta con la postura de T.

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Imagen superior: "Parque Jurásico" ("Jurassic Park", 1993), de Steven Spielberg.

En ocasiones la comunicación de la ciencia olvida que para que el público general tenga una comprensión del conocimiento científico no es suficiente con acercar la información. Toda persona tiene una historia personal, un contexto en el que se ha desarrollado, una idiosincrasia. Éstos y otros factores determinan sus ideas y creencias. Para el caso del tiranosaurio, el contacto con representaciones del depredador en posición de trípode, por ejemplo en muñecos de peluche, en shows televisivos como Barney el dinosaurio (Barney & Friends, 1992-2009) o en galletas y nuggets, ha sido decisivo para la idea que se forman las personas sobre su postura, sin importar, al parecer, el haber estado en contacto con la postura de T, congruente con el conocimiento científico.

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Imagen superior: "El viaje de Arlo" ("The Good Dinosaur", 2015), de Peter Sohn.

Tal vez el tiranosaurio y su imagen sean triviales para la vida de muchas personas, pero el caso de este dinosaurio ejemplifica dos cosas. La primera, que la ciencia y sus descripciones del mundo están sujetas a cambios, y con esto también cambia la manera en que representamos la realidad. La segunda, que para lograr una buena comunicación de la ciencia no basta con poner el conocimiento al alcance de la gente y que ésta entre en contacto con él; es necesario entender al público y de dónde vienen sus creencias y a partir de ahí diseñar estrategias que hagan del conocimiento científico no sólo algo accesible, sino algo adquirible.

Referencias bibliográficas

Newman, B. H. 1970. “Stance and gait in the flesh-eating dinosaur Tyrannosaurus”, en Biological Journal of the Linnean Society, núm. 2, pp. 119-123.

Burns, T., O’connor, D. y S. Stocklmayer. 2 003. “Science Communication: A Contemporary Definition”, en Public Understanding of Science, núm. 12, pp. 183-202.

Ross, Robert, Don Duggan-Haas y Warren Allmon. 2013.

“The Posture Tyrannosaurus rex: Why Do Student Views Lag Behind the Science?”, en Journal of Geoscience Education, vol. 61, núm. 1, pp. 145-160.

Copyright del artículo © Alejandra Ortiz Medrano. Reservados todos los derechos. Publicado previamente en la revista Ciencias de la UNAM. Editado sin ánimo de lucro, con licencia CC.

Alejandra Ortiz Medrano

Directora de Proyectos Socioambientales en Universidad del Medio Ambiente (UMA). Universidad Nacional Autónoma de México.

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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC

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