"Tras la virtud", de Alasdair MacIntyre

Es ya una constante que, en nuestras sociedades modernas, cuando se suscitan discusiones sobre temas éticos, casi siempre degeneran invariablemente en desacuerdos interminables. ¿Quién no ha experimentado semejante parálisis en la vida real en algún momento? ¿Cuándo vemos ponerse de acuerdo a proabortistas y antiabortistas, o a creyentes y ateos, o a partidarios y críticos del feminismo?

Las diferencias abismales en las premisas de partida, así como otras disparidades evidentes, parecen levantar un muro infranqueable. ¿Es posible, por tanto, el razonamiento moral?

Tal es la pregunta que se plantea Alasdair MacIntyre en este libro, publicado en 1981 y considerado un clásico contemporáneo de la filosofía ética. MacIntyre, nacido en 1929 y adscrito en sus orígenes al pensamiento marxista no estalinista, se ha dedicado desde entonces, tras su abandono de esta corriente en los años 70, a investigar las causas del impasse (tal como lo denominó) actualmente existente en el debate moral y a proponer posibles remedios.

Tras la virtud fue su primer trabajo en este sentido, y su producción posterior no ha hecho sino ahondar en las cuestiones que aquí se tratan. De este modo, firmemente anclado en la filosofía analítica, pero siendo capaz de percibir sus fallos y defectos, MacIntyre rastrea en este libro los orígenes filosóficos e históricos de lo que él denomina emotivismo, paradigma que juzga dominante en la filosofía ética contemporánea y que impide fundamentar racional y objetivamente ninguna postura moral.

¿Habremos llegado a negar los modernos la distinción clásica entre dialéctica y retórica que famosamente proclamó Sócrates en el Gorgias? MacIntyre considera que sí, y su análisis (que le lleva a polemizar con Kant, Kierkegaard, Hume y Weber, entre otras grandes figuras del pensamiento) proporciona serias razones para pensarlo. Es a este respecto revelador, pero al mismo tiempo inquietante, constatar cómo filósofos como Kant o Hume, pese a su gran sentido de la moralidad y su importancia para una buena convivencia humana, se muestran incapaces de proporcionar un fundamento objetivo a sus teorías éticas.

La investigación precedente conduce a MacIntyre, en última instancia, a proclamar el fracaso del proyecto ilustrado de fundamentación racional de la moral y, por tanto, a la necesidad de un nuevo paradigma. Este no es otro que el que nos facilita Aristóteles, con su teoría sobre las virtudes. Así, en la segunda parte de la obra, MacIntyre se propone restablecer el valor de la ética aristotélica para reorientar la discusión moral moderna y terminar con la confusión antes descrita.

Al Estagirita opone el autor a Nietzsche, considerado su antagonista y el defensor por antonomasia de la única vía alternativa. Según MacIntyre, debemos elegir entre ambos. Si el aristotelismo fracasa, nos arrojaremos al abismo nietzscheano. El último capítulo del libro es, en este sentido, especialmente inspirador, y será de utilidad en particular para aquellos que, asqueados del relativismo imperante, se encuentren no obstante ayunos de una guía moral sólida y de modelos de referencia.

La obra de MacIntyre ha tenido una honda repercusión en la filosofía moral y ha contribuido decisivamente a la resurrección en los tiempos modernos de la ética de las virtudes aristotélica, que hoy cuenta con numerosos y prestigiosos defensores. Se le ha considerado asimismo como un precursor de la tendencia filosófica denominada comunitarismo, si bien él se ha distanciado personalmente de dicho término.

Tras la virtud no está libre de algunos planteamientos discutibles. La excesiva dependencia que el autor establece entre las características del sistema social y la filosofía existentes en cada momento puede conducir por otra vía distinta al denostado relativismo que se intentaba superar. Asimismo, su entusiasmo por demostrar la actualidad de Aristóteles es susceptible de presentar una visión del Estagirita demasiado “amable” para el gusto moderno, obviando aspectos más controvertidos y reduciendo así, quizá, su potencial transformador. Pese a todo, es indudable que nos encontramos ante una obra cuya fama e impacto son bien merecidos, que nos permitirá cuestionarnos nuestras ideas más íntimas sobre la moral y la ética y que, tal vez, pueda ayudarnos a encontrar un poco de claridad en la Torre de Babel de la vida moderna.

Sinopsis

Este libro se ha convertido en un clásico de la filosofía moral contemporánea por dos razones: de un lado, porque hace un diagnóstico brillante de la moral de nuestro tiempo y, de otro, porque fue pionero de una línea de pensamiento moral y político que no ha dejado de crecer desde su publicación: el comunitarismo. El estilo filosófico de Alasdair MacIntyre es el de un provocador que critica tanto los sistemas morales de los filósofos modernos como los límites convencionales de las disciplinas académicas. Aunque el diagnóstico que hace de la moral en las postrimerías del siglo XX es desalentador, sostiene que aún es posible una ética de las virtudes, pero sólo con una condición: que renunciemos a hacerla universal. Para el profesor MacIntyre, lo que hoy hay que buscar son nuevas formas de comunidad que configuren determinados modelos de persona y nos permitan hablar de virtudes, es decir de la excelencia de tales modelos: «Sólo así se podrá construir una moral realmente capaz de movilizar a los individuos de nuestras atomizadas sociedades actuales en torno a un proyecto común».

Traducción de Amelia Valcárcel.

Copyright del artículo © Antonio Mesa León. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Crítica. Reservados todos los derechos.

Antonio Mesa León

Antonio Mesa León (Sevilla, 1993). Graduado en Derecho y ADE (Universidad de Sevilla, 2016). Máster en Abogacía y LLM, IE Law School (Best Student Award y Dean´s List 2018).

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