Gusanos y mariposas

Gusanos y mariposas Imagen superior: la escultura de una cabra, puesta sobre la estatua de Bismarck en Hamburgo (Steinbrener/Dempf & Huber, CC). Autor: Falco, CC.

Se atribuye a Nietzsche esta advertencia: “Gusano, te han crecido alas y te has convertido en mariposa, pero sigues siendo un gusano.” La evoco para discurrir velozmente sobre algún aspecto de la política contemporánea y, a propósito de este adjetivo, recordar lo que Ortega y Gasset juzgaba sobre el siglo pasado: una época muy contemporánea y muy poco moderna. Parece que la corriente centuria ha decidido insistir en esa dicotomía.

En efecto, al gusano le han crecido alas de madurez, pero sigue siendo un gusanito pueril. Y a la orgullosa sociedad tecnológica de avanzada la han conmovido unas ventoleras de primitivismo. Las del siglo orteguiano fueron las nazis y las estalinistas, por ejemplo. Las nuestras se están esbozando con menos ínfulas militares pero igual invocación a la pandilla infantil.

Uno de los perfiles dramáticos de nuestra época es la mala convivencia de los anacronismos. Himmler buscaba el Santo Grial y la lanza de Longinos mientras sus sabios físicos programaban la bomba atómica. Trump proyecta unos Estados Unidos de exclusión racial propios la cabaña del Tío Tom mientras sus astronautas exploran con robots los anillos de Saturno.

En general, el argumento central de los líderes populistas es una oferta ideológica a una escuela de párvulos: "Chicos, síganme, yo los conduciré en la lucha contra las personas adultas porque son malas y os hacen pupa-pupa". Hay una actitud insurgente en el discurso deslenguado, desafiante, omnipotente y suprematista de estos dirigentes, mucho de basca, piña o patota propia en los inicios de la pubertad. La naciente adolescencia de un niño se insurge contra los padres en busca de un caudillo externo. Y esto es lo que proponen Trump, Putin, Maduro, Salvini, Le Pen y Bolsonaro, la última adquisición de esta honorable sociedad: sublevar a unas partes de la sociedad que se imaginan marginadas sin ser marginales para atacar al establishment del sistema. No me olvido, desde luego, del precursor magistral de todos ellos, que fue el hoy injustamente olvidado Jesús Gil. Ni de su discípulo favorito y más prometedor, Silvio Berlusconi.

La paradoja del fenómeno es la esbozada por Ortega: un ejercicio de primitivismo político en contra de la modernidad y en nombre de lo excluyente contemporáneo que caracteriza a las pandillas adolescentes, esos niños que han sido obligados por la fisiología a abandonar la niñez y a los cuales la libertad responsable de la madurez produce terror. El líder populista actúa como un ansiolítico imaginario.

El argumento material del caso, bajo una retórica cuestionadora, es hondamente retrógrado y extrae sus contenidos de los estratos más rancios y arcaicos de la sociedad: distinciones raciales y sexuales, militarismo, nostalgias imperiales, sistemas arancelarios en un mundo globalizado por el mercado abierto, todo ello enmascarado por una actitud de sinceridad campechana: soy un canalla como vosotros, dejémonos de eufemismos y votadme, sinvergüenzas, para derrotar a los sinvergüenzas del poder instituido.

La fábula de la mariposa agusanada de Zaratustra termina con la consigna victoriosa: quitémonos las alas de pintados y vistosos colores, hagamos una sociedad de gusanos, a ras de suelo, sin ninguna elevación ni vanos despilfarros de tierna belleza. Que no basta con ser contemporáneo para ser moderno ni vale la pena ser moderno eludiendo el arcaísmo vestido de contemporaneidad.

Copyright del artículo © Blas Matamoro. Reservados todos los derechos.

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista, Blas Matamoro es un pensador admirado en todo el ámbito hispanohablante.

Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de La Opinión y La Razón (Buenos Aires), Cuadernos Noventa (Barcelona) y Vuelta (México, bajo la dirección de Octavio Paz).

Dirigió la revista Cuadernos Hispanoamericanos entre 1996 y 2007, y su repertorio de ensayos incluye, entre otros títulos, La ciudad del tango; tango histórico y sociedad (1969), Borges y el juego trascendente (1971), Saint-Exupéry: el principito en los infiernos (1979), Saber y literatura: por una epistemología de la crítica literaria (1980), Genio y figura de Victoria Ocampo (1986), Por el camino de Proust (1988), Lecturas americanas (1990), El ballet (1998), Schumann (2000), Rubén Darío (2002), Puesto fronterizo. Estudios sobre la novela familiar del escritor (2003), Lógica de la dispersión o de un saber melancólico (2007), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)

En el campo de la narrativa, es autor de los libros Hijos de ciego (1973), Viaje prohibido (1978), Nieblas (1982), Las tres carabelas (1984), El pasadizo (2007) y Los bigotes de la Gioconda (2012).

Entre sus trabajos más recientes, figuran la traducción, edición y prólogo de Consejos maternales a una reina: Epistolario 1770-1780 (Fórcola, 2011), una selección de la correspondencia entre María Teresa I de Austria y María Antonieta de Francia; la edición de Cartas sobre Luis II de Baviera y Bayreuth (Fórcola, 2013), de Richard Wagner; y la edición de Mi testamento (Fórcola, 2013), de Napoléon Bonaparte. Asimismo, ha publicado el ensayo El amor en la literatura (2015) y Alejo Carpentier y la música (2018).

En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina.

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