Crítica: "El vicio del poder" ("Vice", Adam McKay, 2018)

Es inevitable recordar las películas de Michael Moore al ver este peculiar biopic. Lo confirman el nada oculto enfoque anti-republicano, el tono satírico y gamberro y un dinámico montaje de atracciones, escasamente sutil pero efectivo.

Ante cualquier film con enfoque político pasa lo mismo que con un mítin partidista. Por bueno que sea, por muy de acuerdo que estemos con su argumento, al final uno se pregunta si realmente sirve para algo. En realidad, su mensaje va dirigido a un público que ya está convencido, y los que no opinen así, dirán que la película es una manipulación de las élites del mundo del espectáculo. (Trump está utilizando esta defensa con enorme éxito, y no es el único).

La diferencia entre Michael Moore, quien todavía cree que va a salvar a América con sus documentales ‒manipuladores e ingenuos en muchos casos‒ y Adam McKay, guionista y director de Vice, es que este último es consciente de que su película no va a cambiar nada. Con esa certeza, esta biografía sui generis de Dick Cheney ofrece datos sobre la carrera del poderoso maestro de títeres y sus desalmados colegas, pero se plantea como una sardónica celebración de un panorama deprimente y sin arreglo.

Christian Bale, Steve Carell, Amy Adams y Sam Rockwell encabezan un larguísimo elenco, repleto de enormes secundarios. Estos actores principales, con un ojo en los Oscar, fuerzan la máquina interpretativa a través de una caracterización que busca la caricatura por encima del realismo. Y es que, al principio de la película, ya se nos dice que está basada en una historia real, pero que Cheney es tan hermético que, en fin, han hecho lo que han podido (El texto que aparece en pantalla explicando esto último es mucho más divertido y soez).

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Vice incluye hilarantes diálogos shakespearianos, unos falsos títulos de crédito a mitad del metraje y un misterioso narrador (Jesse Plemons), cuya relación con Cheney no se nos aclara hasta el final, en una jugada maestra que describe a la perfección la naturaleza parasitaria de quienes alcanzan las cimas del poder: unos personajes sin valores reales, sean estos políticos, éticos o simplemente humanos.

La cinta se centra en los años en los que Cheney fue el rey de la ciénaga, en particular su vicepresidencia en la administración de George W. Bush (retratado aquí como un tonto de baba, acomplejado por la figura de su padre). No obstante, también incluye guiños a esa delirante actualidad que personaliza Bush con sus peleas en Twitter.

La película de McKay tiene un tono esperpéntico, y juega con el espectador, haciéndole reflexionar sobre si lo que está viendo es fruto del humor del guionista o si sucedió realmente. De hecho, tras una mínima investigación después del visionado, uno se puede quedar a cuadros al comprobar que algunos de los sucesos narrados en Vice son auténticos. En este sentido, El vicio del poder viene a ser un canto al “me río por no llorar”.

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Sinopsis

De Annapurna Pictures y el guionista y director ganador del Óscar Adam McKay (La gran apuesta) llega El vicio del poder, una visión entre bastidores y nada convencional del antiguo vicepresidente Dick Cheney y su sigiloso ascenso de becario del Congreso al hombre más poderoso del mundo. Se encarga de meterse completamente en la piel del reservado personaje principal que cambió el mundo de forma que pocos líderes han podido hacer en los últimos 50 años el ganador del Óscar Christian Bale, que encabeza un reparto estelar que incluye al nominado al Óscar Steve Carell, como el afable pero duro Donald Rumsfeld, la nominada al Óscar Amy Adams, como la ambiciosa mujer de Cheney, y el ganador del Óscar Sam Rockwell, como el maleable George W. Bush.

La compleja trayectoria de Cheney (Christian Bale), que abarca medio siglo, desde que era un trabajador eléctrico en la Wyoming rural hasta convertirse en presidente de facto de los Estados Unidos ofrece una visión cargada de humor negro y a menudo perturbadora del uso y abuso del poder institucional. En las capaces manos de McKay, la dicotomía entre Cheney, el entregado padre de familia y el maestro titiritero de la política, se relata con intimidad, ingenio y audacia narrativa. Guiado por su formidable e indefectiblemente leal esposa, Lynne (Amy Adams), y bajo la tutela del brusco y bravucón Donald Rumsfeld (Steve Carell), Cheney se fue haciendo un hueco en la estructura de Washington D.C., empezando por la administración Nixon, para convertirse después en jefe de gabinete de la Casa Blanca con Gerald Ford y, tras cinco mandatos en el Congreso, Secretario de Defensa para George H. W. Bush. En el año 2000, abandonó su cargo como consejero delegado de Halliburton para presentarse como vicepresidente de Bush (Sam Rockwell) con el entendimiento implícito de que ejercería un control casi sin cortapisas, que lo convertiría prácticamente en copresidente.

Las astutas y furtivas maniobras políticas de Cheney han cambiado el panorama político estadounidense, con repercusiones que seguirán haciéndose notar durante décadas. Pero está claro que hay más de un Dick Cheney, un hombre cuya reputación en el terreno público se contradice con su vida privada y su evidente devoción por su familia.

Como tantos otros estadounidenses, McKay tenía muy poca información directa sobre el esquivo y aparentemente inescrutable Dick Cheney, que ejerció de copresidente virtual de George W. Bush entre 2001 y 2009, y, con ello, cambió la historia estadounidense si no para siempre, desde luego para las décadas siguientes. "No sabía gran cosa sobre Dick Cheney, pero, a medida que empecé a leer sobre su vida, me quedé fascinado con él, con lo que lo impulsaba, aquello en lo que creía. Seguí leyendo más y más y me quedé pasmado con la sorprendente manera con la que Cheney fue adquiriendo poder y lo mucho que ha influido en el lugar que ocupan actualmente los Estados Unidos en el mundo".

McKay también leyó la magistral biografía de Robert Caro sobre Robert Moses titulada The Power Broker, otra perspicaz visión sobre el ascenso al poder de un hombre y la difícil tarea de conservarlo. "Después de eso, empecé a leer todo lo que tuviera que ver con el poder", recuerda McKay, "retrocediendo hasta el propio Shakespeare. Y entonces fue cuando empezó a tomar forma la idea para el guion".

Cuanto más ahondó en la carrera política de Cheney, más apreció lo compleja y trascendental que ha sido su influencia en la política estadounidense actual. La misión de McKay, sostiene, era escribir un guion que transcendiera las creencias políticas y tratara temas universales. "Se trataba de un capítulo importantísimo de la historia política estadounidense que no creo que se haya examinado debidamente en la pantalla. Una pieza vital del puzle que explica cómo hemos llegado a este momento del tiempo en el que el consenso político se alcanza mediante propaganda, manipulación y desinformación. Y Dick Cheney fue el hombre en el centro de todo eso".

Para captar la esencia de Cheney, Bale y McKay llegaron al acuerdo de abordar al personaje de manera objetiva, dejando de lado cualquier sentimiento personal sobre el antiguo vicepresidente y sus políticas. "Fue un hombre increíblemente influyente, un hombre con una verdadera presencia y poder y un verdadero genio a la hora de manejar la dinámica del gobierno", opina Bale. "Le dije a Adam que necesitaba abordar el personaje desde un punto de vista positivo, porque la historia nunca puede ser predecible; debe sorprender a la gente y atraerla, independientemente del lado del espectro político en que se encuentren. Y eso exigía aceptar a Cheney, con sinceridad".

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Plan B Entertainment, Gary Sanchez Productions, Annapurna Pictures, eOne Films. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

Es coautor del libro 2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario (Notorius Ediciones, 2018).

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