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A pesar de sus continuos cambios de reparto y volantazos argumentales, la serie Andrómeda demostró ser uno de los programas televisivos de ciencia-ficción más resistentes de comienzos del siglo.

Más de treinta años después de su estreno, es difícil pasar por alto la influencia de Star Wars en el cine de ciencia ficción. Su masivo éxito popular y espectaculares imágenes pusieron punto y final a la larga lista de deprimentes filmes que el género había ofrecido en los años anteriores y directores y productores de todo el mundo se lanzaron a capitalizar la exigencia de los espectadores de una ciencia ficción escapista.

La década de los ochenta fueron años en los que la ciencia ficción de Hollywood redescubrió el negocio de las secuelas. Superman, Alien y Star Wars prolongaron sus éxitos de los setenta, mientras que Terminator o Regreso al futuro resultaron ser inversiones extraordinariamente rentables que iniciaron sus propias franquicias cinematográficas.

La primera película de Star Trek había nacido a la sombra de Star Wars y se apoyaba en sus largas secuencias de efectos especiales. La segunda, La ira de Khan recuperaba lo mejor de la serie televisiva original, utilizando la ciencia ficción como fondo para reflexionar sobre la naturaleza humana. Star Trek III buscó un equilibrio entre las dos anteriores, mezclando la space opera, la filosofía y los efectos especiales.

Misión salvar la Tierra fue la cuarta entrega cinematográfica de la serie basada en el programa televisivo de Star Trek (1966-1969). La primera de ellas, Star Trek: La película (1979) había sido una cara extravagancia que había decepcionado a los aficionados; la segunda, La ira de Khan (1982), bajo la batuta del director Nicholas Meyer, supuso una muy considerable mejora en cuanto al argumento y los personajes, logrando reconciliar a éstos con su ya madura edad.

Aunque el capítulo final de Star Trek: La nueva generación ofrecía una excelente conclusión a la serie, no fue el final definitivo de la historia. Seis meses después, Star Trek: Generaciones (1994), la séptima película de la franquicia pero la primera en estar protagonizada por el reparto de LNG, llevó a la tripulación de la Enterprise a continuar sus aventuras en la gran pantalla.

Al comenzar su séptima temporada, Star Trek: La nueva generación estaba en boca de todos, incluso la de la Academy of Television, Arts And Sciences, que por fin se dignó reconocer la valía del programa nominándolo a Mejor Serie Dramática (perdió ante Picket Fences). El interés del público estaba en su mejor momento y no decayó en absoluto cuando Paramount anunció que esa séptima sería su última temporada y que en noviembre de 1994 se estrenaría la primera película: Generaciones.

Durante la sexta temporada de Star Trek: La nueva generación, llegó también el momento del lanzamiento del esperado spin-off: Star Trek: Espacio Profundo Nueve, que se estrenó en enero de 1993.

Hacia el final de la cuarta temporada, Star Trek: La nueva generación ya era todo un éxito. Las cifras de audiencia no hacían más que crecer, rompiendo nuevos récords. Aunque no era una serie emitida por una cadena puntera sino que su sindicación hacía que los episodios los ofrecieran una multiplicidad de emisoras en diferentes días de la semana, LNG se había convertido en una de las joyas de la televisión.

Si la tercera temporada de Star Trek: La nueva generación había supuesto un periodo de transición para la serie, la cuarta fue cuando ésta empezó de verdad a cosechar los beneficios de todo el esfuerzo y dedicación que se había invertido en ella. En octubre de 1990 se emitió su octogésimo episodio, demostrando no sólo que LNG era mejor que su predecesora, sino que iba a superarla en longevidad (la serie original se canceló en 1969 tras setenta y nueve episodios). El negocio de licencias, antes limitado a las películas estrenadas en cine, empezó a tomar fuerza. La audiencia seguía creciendo y llegó a ganar incluso dos premios Emmy en apartados técnicos.