Trestesauros500

Adam Ant (de adamantio, sí) es el típico paranoide new-wavero de voz estridente con una tendencia clara a lo vanguardista. Este hombre, no obstante, tenía ciertas inclinaciones personales, ciertos gustos propios.

“The Cars” (1978)

Supongo que es un lugar común empezar una crítica de este disco señalando lo explotado que estuvo y está en las radios musicales. En España no es que suene mucho en los 40 Principales, que digamos, pero en otras radios más “clásicas”, este disco es una cantera de hits radiofónicos de finales de los 70.

La verdad es que el New Wave ha dado al mundo todo tipo de experimentos bizarros. Si hace poco veíamos el pseudo-Glam de Adam Ant, hoy toca el cajón de sastre Cockney de Ian Dury. “New Boots and Panties!!” es un disco en el que caben todos los géneros habidos y por haber, pero el toque distintivo (y extraño) se encuentra en la voz. El acento del señor Dury es uno de los más exagerados que he escuchado en mi vida, y esto es, en parte, su razón de existir musicalmente hablando.

Las bandas neoyorquinas del curso del 76 nos brindaron muchas cosas distintas: Talking Heads nos dio art-rock; los Ramones nos liberaron a fondo empleando apenas tres acordes en temas de más de dos minutos y medio; Johnny Thunders nos dio una plantilla de lo que sería Guns 'n' Roses (Brindo por ti, Johnny) y Television nos ofreció guitarras alucinantes y baladas poéticas.

En 1979 Debbie Harry, Chris Stein y compañía ya se habían dado cuenta de su verdadero potencial. Una vez abandonando el rock puro para recurrir a una paleta más diversa, el plan de ataque de Blondie ahora incluía la adopción de cualquier estilo (siempre que se pudiera llamar pop) y hacerlo suyo. En este Eat To The Beat reiteraban y expandían la fórmula que dio lugar a su tercer álbum de estudio, Parallel Lines (1978), reconocido con un disco de platino.

Parallel Lines, de Blondie, es el ejemplo más perfecto de cómo acopló este grupo el power pop de los sesenta en la nueva ola. El álbum se convirtió en uno de los mayores éxitos de 1978 y 1979. Con esa seguridad abrumadora que fue su característica, los miembros de Blondie no tuvieron miedo a la hora de componer música para la discoteca, tener inclinaciones artísticas, o simplemente, crear buen pop.