Carlos Martín Escorza

Carlos Martín Escorza

Geólogo e investigador. Miembro de la Real Sociedad Española de Historia Natural, de la que fue presidente entre 1988 y 1989.

URL del sitio web: http://www.mncn.csic.es

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Recordatorios

Quizá el objeto más antiguo que tengo recogido en el campo es un canto rodado de una cuarcita formada hace cientos de millones de años y que tras pasar por vicisitudes geológicas varias finalmente fue erosionado por el viento hace ‘sólo’ algunos miles. Y lo tengo encima de la mesa, a la vista, y ello me produce varias sensaciones y reflexiones, porque me recuerda el lugar y el momento en que lo recogí, porque es de las pocas cosas ‘naturales’ que hay en casa, porque aun sabiendo que fue el viento quien modeló su forma aún sigo admirando cada día el proceso a su vez violento y lento de su erosión sólo por el golpeteo de la arena que era arrastrada entonces.

Pi y e

Hay cosas que no desaparecerán aunque lo haga el mundo. Son las cosas simples que funcionarán por sí solas, porque lo son fuera de toda duda razonable. Una de ellas, mientras alguno de ustedes no diga lo contrario, es que dos más dos son cuatro. Y vaya que es un alivio saber que esto funciona.

Aquello de criarse en el campo tiene sus ventajas, no lo duden. Miren si no cómo se aprende enseguida lo que pica el roce de una ortiga, y sabes coger las frambruesas más maduras.

El hormiguero está ahora abandonado, cubierto de nieve y sin nadie dentro. Cuando lo vi por primera vez, ya hace años de ello, toda su cabecera era un bullir de movimientos y cuando llovía sus habitantes se afanaban rápida y eficazmente para arreglar los desperfectos.

Oh, sí, mucho antes de ver una gran serpiente en el campo supe de su existencia pues en las primaveras dejaba su antigua piel entre las hierbas, una piel ya seca pero entera y cuya vista me atraía y a su vez repelía, pues me hacía imaginar la delicada y suave operación de muda con que debía haberse hecho y me impresionaba ante un potencial y cercano, aunque irracional, peligro.

Siempre han estado claros para mí, sobre todo en lo que se refería a la cantidad de dinero de que disponía o no disponía. Así que andar con las maletas llenas y sin coger taxi que te llevara a la estación, ni aun rascando en el bolsillo para la alternativa del autobús, no daba opciones para discernir, la decisión estaba tomada ipso facto: iría andando con ellas en brazos, y vaya que pesaban.

Fragilidad total

La Tierra es un pequeño planeta, uno más de los que día a día van cumpliendo su destino alrededor del Sol, el astro rey de un reino planetario que, a su vez, es una minúscula parte de una galaxia que constituye una pequeñísima porción del conjunto del cosmos.

Lo obvio y lo evidente

El profesor estaba sentado, en lo alto, sobre la tarima. Por el ventanal se veían los álamos y el cauce del río, y niñas y niños estábamos sentados enfrente sin saber que para muchos de nosotros ese día iba a cambiar en algo nuestras sencillas vidas. Por encima de los árboles, y como a nadie he visto marcar su dominio, el Moncayo nevado encubría en parte su misterio, que siempre he supuesto amable.

Lo logré. Sobre la mesa había trozos de cable, destornilladores, un par de bombillitas y pilas. El reto era hacer con ello que alguna de esas lamparitas se encendiera. Tenía siete años y cuando una de ellas se encendió fue el más grandioso de los éxitos que recuerdo en todas las casi diez veces más que sobrevivo en este planeta.

Un sueño de película

Según se me dijo hace años, muchos, la música era, es, el arte de combinar el sonido con el tiempo. Una frase que, debido a las numerosas y grandes limitaciones que me acompañan, ni aprendí ni supe interpretar, hasta que, con sorpresa empecé a comprender mejor ese último asunto, eso del tiempo, su paso inexorable, su imposible vuelta atrás; en fin, todo aquello que, cuando se piensa, nos suele dejar de una pieza, pequeña y vulnerable.