Aristóteles en Toledo y la nariz de Freud

Aristóteles no estuvo en Toledo, que yo sepa, quizá porque no era tan viajero como su maestro Platón y porque, según tengo entendido, el viaje más largo que hizo fue a Macedonia para educar a Alejandro Magno, o tal vez porque, aunque hubiese llegado a la Península Ibérica, la ciudad de Toledo o Toletum todavía no existía. Pero, aunque no haya estado en Toledo, yo sí he estado con él en Toledo, con su Poética, que he vuelto a leer en el autobús que me llevaba de Madrid a Toledo esta mañana.

El anterior es un inicio enrevesado que me sirve para comentar tres o cuatro cosas que me han llamado la atención de este libro que todavía sirve para aprender acerca de la escritura, el teatro o el cine, y eso teniendo en cuenta que está incompleto. Pero las cosas que voy a comentar no tienen que ver con la dramaturgia, sino con otros asuntos.

En el autobús, mientras leía la Poética, no podía dejar de darme cuenta de que mi compañero de asiento sentía una gran afición a hurgarse la nariz. Yo intentaba colocarme lo más escorado posible para no ser distraído por este espectáculo, que no venía incluido con el precio del billete, pero era imposible. De pronto leí un pasaje de Aristóteles que decía exactamente:

“A continuación de lo dicho conviene tratar de lo que deben procurar y evitar los autores, así como de la nariz de donde procede el efecto específico de la tragedia”

La verdad es que me extrañó ver una nariz en este contexto, así que releí el pasaje:

“A continuación de lo dicho conviene tratar de lo que deben procurar y evitar los autores, así como de la raíz de donde procede el efecto específico de la tragedia”.

Resulta que mi compañero de viaje se había introducido tan profundamente en mi cabeza que incluso saltó desde allí a la Poética. Es como esos lapsus linguae de los que hablaba Freud: quieres decir una cosa pero dices otra, la que realmente piensas.

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la identidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015), El espectador es el protagonista (Alba, 2015) y El arte del engaño (Ariel, 2018).

Dentro del programa Madrid con los cincos sentidos (Radio M21), de José Luis Casado, se encarga del espacio Una cita con las musas.

Entrevista con Daniel Tubau.

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Sitio Web: wordpress.danieltubau.com/

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