Cine y literatura

Cine y literatura Imagen superior: rodaje de "El resplandor" (1980), de Stanley Kubrick, basada en la novela homónima de Stephen King © Warner Bros.

El lector puede intentar traducir este texto literario al medio cinematográfico:

“Caminé durante media hora y vi la casa. Llamé a la puerta y nadie me respondió, así que entré. Avancé por un pasillo con las paredes cubiertas de estanterías llenas de libros y llegué al salón. No había nadie. En una mesa había varias botellas. Me serví una copa y me senté. Sonó el timbre. Abrí la puerta.

–Hola.

–Hola.

Entramos en el salón y nos sentamos. Eran las tres de la tarde”.

Cuando en mis clases propongo convertir el texto anterior en un guión en el que se indique claramente todo lo que se necesita pedir a los productores (localizaciones, actores, atrezzo), se obtienen resultados sorprendentes. El más llamativo es que más del 80% de los alumnos elige como protagonista a un hombre.

El lector puede repasar el texto y verá que no hay ninguna palabra que indique el sexo del protagonista. Mi opinión es que un resultado tan desequilibrado entre hombres y mujeres no puede deberse a la casualidad: es evidente que existen códigos narrativos implícitos que nos hacen pensar que el protagonista de una historia es casi siempre un hombre. Códigos y convenciones tan definidos como los del cómic, pero que también pasan inadvertidos. Pero el hecho es que los alumnos (90%) y las alumnas (76%) eligen mayoritariamente a un protagonista masculino, cosa que pueden hacer porque nunca se indica el sexo del protagonista.

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Imagen superior: en "Más extraño que la ficción" (2006), de Marc Forster, una escritora descubre que el personaje de su novela es un ser de carne y hueso © Sony Pictures.

La indeterminación entre un protagonista masculino o femenino, fácil de conseguir en la literatura, no se puede dar tan fácilmente en el cine, a no ser que nuestra historia trate de alguien enmascarado o de un transexual, pero entonces será difícil esconder al espectador que sucede algo extraño o poco habitual, como al usar la cámara subjetiva.

Si un personaje de novela entra en un salón, hay muchas cosas que no hace falta describir: si la chimenea está encendida, cuántos sillones hay en el salón, si entra luz desde el exterior. En el cine la imaginación del lector es sustituida por el trabajo de decoradores, iluminadores, atrezzistas y encargados de vestuario.

Aunque el guionista no sea explícito respecto al decorado o al vestuario, el director tendrá que decidirse por un sillón clásico o moderno, un vestido azul o rojo, un actor u otro, una casa de campo o un apartamento.

En una película no hay casi nada casual: las paredes han sido construidas siguiendo instrucciones precisas del decorador o escenógrafo, los objetos han sido seleccionados con ayuda del atrezzista, los actores visten ropa elegida por los encargados de vestuario, la iluminación depende del iluminador, y los actores dicen las frases escritas por el guionista y se mueven según las indicaciones del director. Todas estas decisiones son importantes, porque condicionan la narración de manera inevitable.

Por otra parte, las características de los medios audiovisuales permiten, por supuesto, hacer cosas que son impensables en otros medios.

En Desmontando a Harry, Woody Allen cuenta la historia de un actor desenfocado, interpretado por Robin Williams. No se trata de que esté desenfocado por culpa de la cámara, sino que está realmente desenfocado, como quien tiene la gripe. Es algo que en una novela apenas tendría sentido: hay que verlo.

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la indentidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015) y El espectador es el protagonista (Alba, 2015).

Dentro del programa Madrid con los cincos sentidos (Radio M21), de José Luis Casado, se encarga del espacio Una cita con las musas.

Sitio Web: wordpress.danieltubau.com/

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