Detectives en el laberinto de Creta

Detectives en el laberinto de Creta Imagen superior: Holmes en “Las gafas de oro”, por Dorr Steele

En su libro El enigma del laberinto, Margalit Fox cuenta el desciframiento del lineal B, un misterioso lenguaje encontrado en Creta.

Compara la tarea a la que se enfrentaron los descifradores del misterioso lenguaje con el género de historias de detectives más enigmático: «Realmente fue el equivalente lingüístico del misterio de la habitación cerrada». Los cuentos de habitación cerrada son aquellos en los que se ha cometido un crimen en un lugar cerrado o claramente delimitado y en el que parece imposible solucionar el misterio mediante explicaciones que no sean sobrenaturales.

Uno de los primeros cuentos de habitación cerrada es una de las aventuras de Auguste Dupin, el personaje creado por Edgar Allan Poe: “Los crímenes de la calle Morgue”. Varias de las aventuras de Sherlock Holmes son de habitación cerrada, como “Las gafas de oro” o “La banda de lunares”.

Es interesante observar que Fox recurre en El enigma del laberinto a la aventura holmesiana “Los bailarines” para ilustrar las dificultades a las que se enfrentaban quienes intentaron descifrar el lineal B, en especial Alice B. Kober, cuyas contribuciones no fueron reconocidas en su momento, pues todo el mérito se atribuyó a Michael Ventris y su ayudante Chadwick.

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El extraño código al que tiene que enfrentrarse Sherlock Holmes en “Los bailarines”. En "No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes" he dedicado a este cifrado y otros semejantes el apartado “Criptografía en Holmes”

Kober murió cuando estaba cerca de descifrar el lineal B, pero sus investigaciones resultaron fundamentales para que Ventris lo lograra dos años después, haciendo realidad un sueño de infancia.

Cuando todavía era un niño, Michael Ventris había escuchado una conferencia de Arthur Evans, el descubridor de la civilización minoica de Creta y del palacio de Cnosos, donde se suponía que había estado el laberinto construido por Dédalo. Evans se lamentó en aquella conferencia de que, tras treinta años de esfuerzo, todavía no se hubieran descifrado dos lenguajes encontrados allí, el lineal A y el lineal B, a pesar de que también se habían encontrado tablillas similares en las excavaciones de Pylos. La mayor dificultad era que no se sabía a qué idioma de los hablados en la antigüedad pertenecían esos signos y tampoco se disponía de una piedra de Rosetta que permitiera comparar un mismo texto en diferentes lenguajes.

Años más tarde, Ventris, que se había convertido en arquitecto, intentó descifrar aquellas misteriosas tablillas. Para lograrlo, siguió los consejos propuestos por Grotefend para descifrar una lengua desconocida.

– En primer lugar, el examen minucioso de los textos para buscar cualquier regularidad o clave relacionada con la ortografía, sintaxis o estructura.

– En segundo lugar, la sustitución experimental de valores fonéticos para intentar encontrar palabras que recordasen a alguna lengua conocida, como en el caso elemental del inglés en “Los bailarines” o el del córnico y el caldeo que intenta Holmes en “El pie del diablo” (ver Sherlock Holmes, los jeroglíficos y el córnico).

– Finalmente, el tercer método consiste en comprobar con material virgen si las hipótesis son correctas y no se deben «a la fantasía, la coincidencia o un razonamiento circular», como también sucede en “Los bailarines” cuando Holmes recibe nuevos mensajes. Es decir, se trata de aventurar una interpretación a partir de los textos de que disponemos y después comprobar si esa interpretación es compatible con otros textos no examinados, para escapar al peligro de que el desciframiento tan solo consista en la habilidad del intérprete para encontrar un sentido a un número finito de signos.

Fox explica El enigma del laberinto algo que conté en No tan elemental al hablar de cómo Sherlock Holmes dedujo en la aventura de “Los bailarines” que cuando un monigote sostiene una bandera eso sirve para separar palabras. Kober, Ventris y Chadwick lo tuvieron más fácil que Holmes, pues en las inscripciones en lineal B la separación entre palabras se veía claramente indicada, gracias a una rayita vertical:

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Sin embargo, Ventris se enfrentaba a una dificultad mayor que Holmes, pues no solo el código (los signos del lineal B) eran desconocidos, sino que también lo era la lengua a la que correspondían. Margalit Fox ofrece una tabla de las posibles combinaciones entre signos y lenguajes, que van desde ninguna dificultad, cuando se conoce tanto la lengua como los signos, hasta el grado III, cuando, como en el caso del lineal B, no se conoce ni la lengua ni los signos.

n los mensajes cifrados de “Los bailarines” o “El escarabajo de oro” (de Poe) los signos son muy extraños, pero se sabe que el lenguaje con el que se corresponden es el inglés, lo que facilita mucho la tarea de desciframiento. Eso sucede con casi cualquier lenguaje cifrado. Pero enseguida conoceremos una excepción realmente asombrosa.

[Esta entrada ha sido escrita a partir de capítulos inéditos de No tan elemental: cómo ser Sherlock Holmes, que al final no incluí en el libro. El lector puede encontrar en No tan elemental un capítulo dedicado íntegramente a la relación de Sherlock Holmes con la criptografía: “Códigos secretos”]

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la identidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015), El espectador es el protagonista (Alba, 2015) y El arte del engaño (Ariel, 2018).

Dentro del programa Madrid con los cincos sentidos (Radio M21), de José Luis Casado, se encarga del espacio Una cita con las musas.

Entrevista con Daniel Tubau.

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