El espectador participativo

El espectador participativo Imagen superior: Eros Cinema, Mumbai (Autor: SandrineCohen22, CC)

Hoy en día es difícil saber cómo se veía el cine en sus orígenes, porque nos hemos acostumbrado, década tras década, a los cambios que se han ido produciendo en el lenguaje cinematográfico. Es un asunto al que me he referido en El guión de cine y los prejuicios.

El cine mudo, según parece, no se veía en religioso silencio, como a veces se muestra en algunas películas actuales, sino que el público comentaba las cosas que le llamaban la atención, gritaba, avisaba a los personajes del peligro, participaba en definitiva.

Como decía McLuhan:

"Los espectadores africanos no pueden aceptar nuestro papel de consumidores pasivos ante una película. La característica normal de un público culto es que acepta íntegramente el papel de consumidor pasivo ante un libro o una película, pero un público africano no ha sido entrenado para seguir, privada y calladamente, un proceso narrativo."

El guionista Jean-Claude Carrière explicaba en alguno de sus libros que en ciertos lugares del norte de África hacía falta un "explicador", y Buñuel recordaba que en la España de su juventud todavía existía esta figura. En palabras de John Wilson, del Instituto Africano de Londres, tras sus estudios en Ghana en los años 60 del siglo pasado:

"Un público africano no permanece sentado y en silencio, sin participar. Quiere participar, y la persona que le muestra una película y hace el comentario vivo, debe ser flexible, incitante, y conseguir reacciones. Si se da una situación en que un personaje canta una canción, se canta la canción y se invita a los espectadores a corearla. Cuando se hacía la película, se tuvo que pensar en esta participación y procurarle oportunidades. Los comentadores directos que habían de presentar las películas tenían que ser entrenados perfectamente en el conocimiento de la significación de la película y en la interpretación que habían de darle ante públicos diferentes. Eran africanos elegidos entre los profesionales de la docencia y preparados para este objeto."

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Imagen superior: carteles cinematográficos en Ghana ("Mobile Cinema: African Politics in Transit", CC)

Así que, en sus inicios el cine era un medio más frío, en terminología de McLuhan, de lo que ha sido después. Es decir, era un medio que favorecía la participación, porque no dominaba toda la experiencia sensitiva del espectador. No sólo porque carecía de sonido (aunque sí había pianistas y orquestas a menudo), sino que también, al ser en blanco y negro y en dos dimensiones, obligaba al espectador a completar o imaginar lo que veía.

Con el tiempo, el cine añadió el color y el sonido y se hizo mucho menos participativo, menos comunitario y compartido: el público empezó a asistir a las salas de cine no como quien va a una representación visual, sino como quien acude a misa. Los espectadores se sentaban juntos, pero en silencio, a oscuras, con la vista y el oído concentrados en la pantalla.

Es curioso observar que las innovaciones técnicas del sonido hicieron que los espectadores salieran un poco de esta especie de conexión casi umbilical con la pantalla, pues de pronto el sonido podía proceder de diversos lugares de la sala, creando una experiencia envolvente, pero, al mismo tiempo, haciendo percibir y sentir al espectador que se hallaba en un espacio con lugares diversos y separados. Lo mismo sucede, de manera paradójica, con el 3D: parece dominar aún más al espectador, pero en realidad lo libera de ese espacio sin espacio que es la pantalla en dos dimensiones y el hipnotismo que ejerce.

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Imagen superior: proyeccionista de la sala Elgin Talkies, un cine de Bangalore que lleva abierto desde 1896, el año en que el cinematógrafo llegó a la India. El equipamiento de la sala data de los años treinta (Autor: Paul Keller, CC).

En la película india Road, movie (2009), dirigida por Dev Benegal, los protagonistas recorren India en una furgoneta que es un cine ambulante. En ella podemos ver cómo era la experiencia cinematográfica en sus inicios, porque, según tengo entendido, algunas de las personas del ámbito rural que vemos contemplando las películas que les proyectan los viajeros de ese cine ambulante era la primera vez que veían una película.

En sus rostros se ve el asombro que quizá presidió las primeras proyecciones, antes de que el público se acostumbrara poco a poco al nuevo medio y comenzará a participar activamente. Antes, en cualquier caso, de que el sonido los domesticara (nos domesticara) de nuevo.

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la identidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015), El espectador es el protagonista (Alba, 2015) y El arte del engaño (Ariel, 2018).

Dentro del programa Madrid con los cincos sentidos (Radio M21), de José Luis Casado, se encarga del espacio Una cita con las musas.

Entrevista con Daniel Tubau.

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Sitio Web: wordpress.danieltubau.com/

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