La importancia de lo superfluo

La importancia de lo superfluo Imagen superior: Steve Evans, CC

He dedicado al tema de lo superfluo un libro sin duda innecesario llamado Lo único que importa es lo superfluo. En él explico que el avance de la civilización consiste en gran medida  en prestar una atención cada vez mayor hacia lo superfluo, hacia lo innecesario.

En lo necesario casi todo el mundo se pone de acuerdo con facilidad. Es necesario comer, dormir (al menos un poco), tener una casa (al menos un techo) y algunas otras necesidades básicas. Pero muchas otras cosas parecen, si no innecesarias, sí al menos no tan urgentes, en ocasiones incluso superfluas.

Cualquier persona que haya vivido unos pocos años (digamos, unos treinta) ha tenido ocasión de escuchar muy a menudo que esto o aquello es secundario, porque ahora hay tareas y desafíos más urgentes. Y tal vez sea cierto, quizá hay en ciertos momentos asuntos más urgentes que otros, pero es muy probable que quienes no se conforman e insisten en que esas otras cosas superfluas también son importantes sean los verdaderos responsables de que la sociedad sea más justa, equilibrada y sensata. 

Para muchos estadounidenses, la seguridad social es superflua, o al menos no tan importante como nos lo parece a la mayoría de los europeos. Insistir en ese asunto, fue para Barack Obama una apuesta peligrosa, que puso en peligro su victoria en las elecciones y que le hizo perder la mayoría en las dos cámaras.

LaimportanciaObama

Imagen superior: Barack Obama firmando su ley de reforma sanitaria en la Casa Blanca. La Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible (Patient Protection and Affordable Care Act), conocida como Obamacare, fue promulgada con carácter de ley el 23 de marzo de 2010.

En el siglo XX, e incluso ahora, en muchos países que se definían como revolucionarios, la libertad sexual y la equiparación de derechos de los homosexuales eran asuntos secundarios, que “ya se resolverían en su momento”, cuando se hubieran solucionado los problemas “realmente acuciantes” para la nueva sociedad socialista.

No es mi intención, por supuesto, afirmar que ideólogos como Marx, Engels, Lenin o Fidel Castro pensaran eso, es decir, que la liberación homosexual ya se resolvería en el futuro estado socialista. Como es obvio, ellos pensaban (y piensan) que no había nada que resolver, porque se trataba, sencillamente, de una aberración. Engels, por ejemplo, consideraba la homosexualidad "moralmente deteriorada", "abominable", "despreciable" y "degradante" y Marx animaba a su amigo a buscar “un par de chistes (de maricones)” y hacerlos llegar a los periódicos, para desprestigiar al dirigente sindicalista Jean Baptista von Schweitzer, una técnica que todavía se emplea hoy en día de tanto en tanto, incluso en España, país pionero en el reconocimiento de la igualdad entre heterosexuales y homosexuales.

LaimportanciaJohann

Imagen superior: Johann Baptista von Schweitzer

Ahora bien, muchas personas de ideología declaradamente izquierdista o progresista han excusado durante décadas las razones de los dirigentes de esos países del “socialismo real” y han “entendido” que los homosexuales carecieran de derechos justificando lo injustificable, por ejemplo, mencionando aquello de “lo superfluo”. Porque una de las mejores maneras de justificar lo injustificable consiste en decir que no es un asunto importante y posponer el problema y su solución para un futuro lejano. Así se ha considerado durante décadas en la Cuba revolucionaria, y así se ha seguido considerando, aunque en menor medida, en Estados Unidos, por ejemplo en asuntos como el matrimonio homosexual, que los políticos ponían en lo más bajo de su lista de tareas pendientes, al menos hasta que recientemente (2012) tanto el presidente como el vicepresidente, Obama y Biden, se pronunciaron inequívocamente a favor del matrimonio homosexual.

Por otra parte, casi todo el planeta considera hoy en día un asunto, si no superfluo si al menos de segunda importancia, el que la mitad de la humanidad carezca de los mismos derechos que la otra mitad en un gran número de países. Me refiero, por supuesto, a las mujeres en los países musulmanes.

Laimportanciaafganas

Imagen superior: mujeres afganas junto a una instalación sanitaria norteamericana (Fotografía publicada por cortesía de USAID).

Durante años, he escuchado todo tipo de excusas, basadas en el relativismo cultural y el supuesto respeto a las culturas ajenas para justificar esa discriminación intolerable, así como la afirmación, implícita o explícita, de que, aunque es un problema, tampoco es un problema “tan importante”. Resulta llamativo que no se recurra a esos argumentos cuando de lo que se trata es de condenar la trata de blancas y el tráfico de mujeres, como si el esclavismo ilegal fuese menos admisible que el legal.

Lo más curioso del asunto es que para muchas personas el hecho de que la mitad de la población esté discriminada por el hecho de ser mujer no parece ser una de las dos o tres cuestiones más importantes de la humanidad. Eso muestra de manera muy clara lo peligroso que puede ser el considerar que hay cosas importantes y cosas secundarias, o al menos usar las importantes como arma arrojadiza contra los derechos de hombres y mujeres. También explica que uno de los hechos históricos fundamentales del siglo XX, la emancipación de las mujeres, no obtenga todavía más que un lugar de relleno en los libros de historia.

Que la actual discriminación a cientos de millones de mujeres en el mundo no sea noticia todos los días, que no se planteen cada semana preguntas en la ONU, que no se exija el fin de este abuso a cualquier estado que quiera ingresar en un organismo internacional, que las mujeres que sufren esta discriminación no tengan el estatuto de refugiadas políticas de manera automática; que se dediquen sumas enormes a combatir cosas que se presentan como vitales a la opinión pública y que en realidad no es que sean superfluas sino que son absurdas, como la estúpida lucha contra el tráfico de drogas, provocada por la no menos estúpida prohibición de su consumo, en vez de emplear ese dinero para acabar con la discriminación de las mujeres y de los homosexuales, entre otras cosas “superfluas”. Todo eso, creo, es una muestra de que a menudo lo más importante es preocuparse de lo superfluo y que hay que evitar que “lo urgente le quite el tiempo a lo importante”, es decir, a lo superfluo.

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la indentidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015) y El espectador es el protagonista (Alba, 2015).

Sitio Web: wordpress.danieltubau.com/
  • Preguntas frecuentes sobre The Cult (Thesauro Cultural) ¿Qué significa el título de nuestra revista? The Cult es la sigla de Thesauro Cultural. La palabra thēsaurós, en griego, alude a una colección. El latín se apropió del vocablo con el significado…
  • ¿Dónde suceden las cosas en Shakespeare?
    Escrito por
    ¿Dónde suceden las cosas en Shakespeare? Jan Kott hace un interesante análisis de la escena de El rey Lear en la que Edgar guía al ciego Gloucester (su padre) hacia un precipicio. No existe tal precipicio, pero Edgar cree que puede curar de su…
  • Las calles letradas de Buenos Aires
    Escrito por
    Las calles letradas de Buenos Aires Aunque nacido y educado como porteño, hace décadas que no habito Buenos Aires y así es como la ciudad sigue siendo capaz de sorprenderme. Anoto apenas una de estas sorpresas: la cantidad de lugares urbanos…

logonegrociencia

Maneed, CC

  • Veritas temporis filia
    Escrito por
    Veritas temporis filia Yo tenía 16 años cuando se estrenó Lady Jane. Los mismos 16 años que Jane Grey, protagonista de la película, tenía cuando fue ejecutada en la Torre de Londres, tras un brevísimo reinado de nueve días. Nine…
  • The Cult (Thesauro Cultural): el desafío de la tercera cultura El arte y la ciencia en conversación. Esa es la premisa de la que parten los más de 25.000 artículos de The Cult (Thesauro Cultural), la plataforma divulgativa de conCiencia Cultural. Se trata de crear un…

Cartelera

Cine clásico

logonegrofuturo2

Josh Eiten, CC

logonegrolibros

Colgreyis, CC

logonegromusica

Namlai000, CC

  • Robert Fuchs, vienés y brahmsiano
    Escrito por
    Robert Fuchs, vienés y brahmsiano Robert Fuchs (1846-1927) vivió lo suficiente como para asistir a varios derrumbes: el imperio austrohúngaro, la paz octaviana de la Europa finisecular y la música tonal. Su extendida labor como pedagogo oscureció el resto de…

logonegroecologia

Somadjinn, CC

  • Los paisajes del miedo
    Los paisajes del miedo Setenta años después de haber sido exterminados de aquellos parajes, los lobos regresaron a Yellowstone en 1995. Fue gracias a un programa de repoblación; sin su depredador natural, los wapitíes –enormes ciervos cuyo tamaño sólo…

bannernewsletter1