Los líderes supremos: Lenin

La ideología marxista–leninista–maoísta, que conquistó más de la mitad del planeta, no supo traer esa sociedad perfecta que prometía, con lo que demostró, de nuevo, que el camino al infierno está sembrado demasiado a menudo de buenas intenciones.

Los antiguos líderes fueron poco a poco olvidados e incluso derribados violentamente de sus pedestales. Apenas queda huella de ellos, excepto en China, donde el culto a Mao Zedong es mantenido por un Partido Comunista dirigido por los herederos de aquellos a los que Mao persiguió, encerró o asesinó, como Liu Shaoqi o Deng Xiao Ping (quien logró sobrevivir y refundar China).

La doctrina revolucionaria no se asemeja en esto a la del cristianismo, en la que es difícil encontrar grandes conquistadores que extendieran la religión a sangre y fuego, a no ser que pensemos en Constantino o, eso sí, en Santo Domingo de Guzmán y su cruzada contra los albigenses y cátaros, una comparación que estableceré en su momento. Tampoco se parece al tranquilo judaísmo de Abraham, pero sí quizá al de Moisés y el del rey David.

Es obvio, sin embargo, que la mayor cercanía es con el Islam. No es difícil encontrar semejanzas entre profetas y caudillos como Mahoma y Omar con Lenin, Stalin o Mao. Todos ellos expandieron la doctrina mediante increíbles conquistas y todos ellos escribieron libros sagrados para sus seguidores.

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Si Jesucristo necesitó a Pablo de Tarso para que el cristianismo se extendiera, no sólo entre los judíos sino también entre los gentiles, y si Sariputra cumplió una función semejante para el budismo, Lenin es el discípulo que no sólo expande la doctrina de Marx y Engels, sino que se convierte en conquistador y fundador del primer reino comunista. Y del mismo modo que Pablo de Tarso con sus Epístolas, Lenin puntualiza y reescribe la doctrina, que pasa a llamarse marxismo–leninismo.
LeninBudapest

Lenin en la entrada del Parque de las Estatuas de Budapest

Lenin en Hungría
Son muchas de las estatuas que se han conservado de la época comunista de Hungría, cuando el país se hallaba bajo la férrea tutela de la Unión Soviética, pues apenas a 14 kilómetros de Budapest se ha construido un extraño parque habitado por estatuas de la época comunista. ¿Por qué las han conservado, en vez de destruirlas?

Claudio Magris, antes de la caída del muro de Berlín y la disolución del bloque comunista soviético, contaba en El Danubio que cuando el terror blanco fascista reemplazó al terror rojo comunista, en los años 20 y 30, los revolucionarios no destrozaron las estatuas de sus antecesores, sino que las guardaron en algún sótano. Cuando los comunistas volvieron al poder, tras la Segunda Guerra Mundial, las sacaron del sótano y las volvieron a colocar en las calles.

Algo parecido sucede ahora. Los húngaros han guardado casi todas las estatuas de la época comunista y han creado con ellas este Parque de las Estatuas o Museo del Totalitarismo, en el que se puede ver a Lenin, Marx, Engels, alegorías de la hermandad húngaro–soviética y a diversos líderes comunistas húngaros.

LeninPekin

Lenin en Pekin

En el Museo de cera de Pekín están representados los líderes supremos del comunismo. No está Stalin, que fue retirado del santoral chino, aunque no a causa de las revelaciones de Jruschev (cuando contó que la dictadura de Stalin había sido muchísimo peor de lo que los enemigos capitalistas habían dicho durante años). Mao consideró las declaraciones del nuevo líder soviético una traición a la causa, a pesar de que su propia relación con Stalin no había sido buena, porque sin duda esas revelaciones le hicieron temer por el mantenimiento de su propio culto después de su muerte.

No tengo confirmación, pero lo más plausible es que la decisión de retirar la figura de cera de Stalin tuviese lugar durante el mandato de Deng Xiao Ping.

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos. 

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la identidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015), El espectador es el protagonista (Alba, 2015) y El arte del engaño (Ariel, 2018).

Dentro del programa Madrid con los cincos sentidos (Radio M21), de José Luis Casado, se encarga del espacio Una cita con las musas.

Entrevista con Daniel Tubau.

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Sitio Web: wordpress.danieltubau.com/

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