Los navajos vencen a los japoneses

Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos decidió inventar un código que no pudieran descifrar los japoneses. Para ello, además de emplear las mejores técnicas de criptografía, capaces de transformar las palabras originales en términos ininteligibles, se pensó en una manera de dificultar todavía más las cosas.

¿Qué sucedería si, además de cifrar un lenguaje, el lenguaje elegido para convertir en extrañas cadenas de signos no fuera conocido? De ese modo, incluso una vez descifradas las palabras, solo se podrían leer y transcribir pero no entender. Es decir, en vez de en inglés, había que elegir un idioma que casi nadie conociera (y en especial los japoneses).

La dificultad consistía en encontrar un idioma del que se supiera con certeza que no podía ser conocido por los japoneses. Tras muchas deliberaciones, se eligió el idioma navajo, un idioma que resultaba ya de por si muy difícil y muy diferente al inglés.

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En "Windtalkers", de John Woo, se cuenta algo de la historia de los operadores navajos.

El nuevo problema ahora era que para que un mensaje codificado a partir del navajo pudiera ser entendido por los propios americanos, era preciso contar con personas que supieran navajo, algo que solo estaba al alcance de los miembros de esta tribu de indígenas norteamericanos.

En consecuencia, se creó un cuerpo especial integrado por cuatrocientos veinte miembros de esta tribu, capaces de enviar y recibir los mensajes en cada batallón.

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En realidad, el método ya había sido empleado durante la Primera Guerra Mundial con operadores de código (codetalkers) comanches, choctaw y cherokees, entre otros. En la Segunda Guerra Mundial incluso se usaron personas de origen vasco en algunas operaciones.

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Locutores de claves de la tribu choctaw en la Primera Guerra Mundial

¿Por qué el navajo?

Los alemanes conocían los éxitos obtenidos durante la Primera Guerra Mundial gracias a los operadores de claves pertenecientes a diversas tribus de los Estados Unidos, así que Hitler envío a expertos para que aprendieran todas las lenguas indígenas.

La razón de que se eligiera el navajo fue que era la única lengua acerca de la que se tenía plena seguridad de que no había sido estudiada por ningún experto alemán. Además, resultaba  especialmente difícil para cualquier persona que no la conociera, como se explicaba en el informe oficial realizado en 1942:

«Algunos alemanes, que investigaron los dialectos indios como estudiantes en arte, en antropología, etc, adquirieron un buen conocimiento de todos los dialectos tribales, excepto el navajo. Por esta razón, esta tribu es la única en ofrecer una total seguridad para el tipo de operación considerada. Se debe también tener en cuenta que el dialecto navajo es incomprensible para todas las demás tribus y todo los demás pueblos, con la excepción probable de veintiocho americanos que estudiaron este dialecto. Equivale pues a un código secreto frente al enemigo, y se adapta perfectamente a una comunicación rápida y segura».

losnavajo codigo

El idioma navajo pertenece a la familia de las lenguas Na-Dene, sin vínculo alguno con lenguas europeas o asiáticas. Tiene particularidades tan curiosas como que la terminación de un verbo depende de la categoría a la que pertenece su complemento, de su longitud, de si es flexible o no, de si es granuloso… Los japoneses no lograron descifrar los códigos en navajo, por lo que se considera uno de los pocos códigos en la historia de la humanidad que nunca ha sido descifrado.

Para dificultar aún más las cosas, se creó un alfabeto a partir de palabras en inglés que luego eran convertidas en palabras del idioma navajo y que no tenían ninguna relación entre sí. Además, se crearon palabras que se referían a un concepto o cosa de una manera bastante libre o metafórica, como “Tiburón” (pero en navajo) para referirse a un destructor, o empleando diversos portmanteau, términos que combinan de cualquier manera imaginable la escritura, los sonidos o las imágenes mentales, para construir nuevos significados, desde el célebre “caballo de acero” para referirse al tren (se supone que esa palabra no la emplearon) a otros que acabaron incorporándose al lenguaje militar de Estados unidos, como “gofasters” (“van-rápido” para zapatillas de carreras, pero, de nuevo, dicho en navajo, claro).

En 1968 el código navajo se hizo público.

[Esta entrada está escrita a partir de capítulos escritos para No tan elemental: Cómo ser Sherlock Holmes, que al final no incluí en el libro]

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la identidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015), El espectador es el protagonista (Alba, 2015) y El arte del engaño (Ariel, 2018).

Dentro del programa Madrid con los cincos sentidos (Radio M21), de José Luis Casado, se encarga del espacio Una cita con las musas.

Entrevista con Daniel Tubau.

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