El unicornio: evidencias científicas de una leyenda

El unicornio: evidencias científicas de una leyenda Corzo de un solo cuerno (Centro de Ciencias Naturales, Prato, Italia)

¿Por qué debemos hablar sobre unicornios en un espacio de divulgación científica? ¿Acaso no es evidente que se trata de una criatura mitológica? Desde los tiempos en que Plinio lo mencionó en su Historia Natural, este prodigioso animal no ha dejado de fascinar al ser humano, incluso en épocas en las que su existencia era tan dudosa como las del hipogrifo y los dragones.

No me extenderé aquí en detalles que seguramente conocen. Plinio lo describió con cuerpo de caballo, cabeza de ciervo, pies de elefante y cola de jabalí. Su cuerno fue el preciado ingrediente de pócimas curativas, y posteriormente, su presencia se hizo habitual en los cuentos de hadas.

"En la estabilización del mito del unicornio –escribe Massimo Izzi– tiene un papel muy importante la simbología cristiana, en la cual, a través de los escritos de los padres de la Iglesia y, sobre todo, a través de esas obras menores llamadas bestiarios, radica el mito del unicornio en el imaginario medieval, enriqueciéndolo con un nuevo tema simbólico, el de la Virgen, que conocerá una grandísima difusión en la iconografía a lo largo de más de un milenio, durante el cual se nubla y se desluce en cambio el tema del cuerno terapéutico".

Seres vivos como el rinoceronte, el órix o el narval, y asimismo, los fósiles del extinto elasmoterio (Elasmotherium sibiricum), facilitaron la consolidación de la leyenda por medio de evidencias físicas. Pese a las voces críticas, la creencia en los unicornios fue duradera. En 1873, una enciclopedia francesa mencionada por Izzi aún lo describe como "probablemente fabuloso". Sin embargo, frente a los testimonios más o menos imaginativos y la necesidad de creer en bestias fabulosas, acabó imponiéndose el sentido crítico de los científicos.

Cuando en 1930 Odell Shepard publicó su magistral ensayo sobre los unicornios, nadie en su sano juicio creía ya en su existencia. Curiosamente, hoy son los propios zoólogos quienes matizan la irrealidad de esta bestia prodigiosa.

A comienzos noviembre de 2014, un cazador disparó a un corzo en Celje, Eslovenia, y descubrió que padecía una rara deformidad, probablemente originada durante el primer desarrollo de su cornamenta. La similitud de este cérvido con los unicornios de la leyenda era más que obvia, y eso despertó el interés de un investigador de la Universidad de Primorska, Boštjan Pokorny, fascinado ante una criatura que, en lugar de lucir cuernos bilaterales y simétricos, como marca el ADN de su especie, había desarrollado un único cuerno, perfectamente contorneado en una sola proyección ósea.

Fotografiado por Eva Klevska para National Geographic, el cráneo de este unicornio circuló rápidamente por las redes sociales, confirmando la sed de fantasía que aún nos caracteriza bajo una capa de aparente racionalismo.

Pokorny, subdirector del instituto de investigaciones ecológicas ERICo Velenje, fue quien proporcionó las anotaciones científicas que acompañaban a la noticia.

Unicornios en la mesa del laboratorio

No era la primera vez en que se verificaba un fenómeno semejante. En marzo de 1933, el biólogo W. Franklin Dove, de la Universidad de Maine, desarrolló el experimento que nos detalla Willy Ley: "realizó una sencilla operación en un ternero macho Ayrshire de un día de edad, operación que se consideró como resultado directo de un estudio de la obra de Shepard, aunque no lo era. El doctor Shepard había relatado en su libro que en Nepal existen ovejas unicornes y que aun en ciertas ocasiones fueron enviadas a Europa. Se sabía que aquellas ovejas unicornes se producían artificialmente, pero no eran claros los métodos y razones de aquel tratamiento".

El doctor Dove, añade Ley, "desconocía todo esto cuando planteó su operación. Pero sospechaba que el principio de Cuvier acerca de la imposibilidad de un unicornio de pezuña hendida no era absolutamente correcta".

Dove descubrió que los núcleos óseos de los cuernos "no emergen del cráneo, sino sobre el cráneo y no se fusionan con los huesos frontales hasta alcanzar cierto grado de desarrollo. Siendo, pues, éstas las condiciones anatómicas, es posible trasplantar brotes córneos. La operación realizada por el doctor Dove fue justamente esa".

Los resultados de aquella intervención fueron descritos en dos artículos, “The Physiology of Horn Growth” (Journal of Experimental Zoology, enero de 1935, vol. 69, nº 3) y “Artificial Production of the Fabulous Unicorn” (Scientific Monthly, mayo de 1936, vol. 42; pp. 431-436).

Toro unicorne obtenido a partir del experimento de W. Franklin Dove.

Los fundadores del grupo religioso Church of All Worlds, Morning Glory Zell-Ravenheart y Oberon Zell-Ravenheart, también quisieron beneficiarse del mito del unicornio. Mediante un procedimiento similar al de Dove, obtuvieron un macho cabrío imponente, muy similar a la criatura legendaria, y por supuesto, muy adecuado para los ritos neopaganos de su delirante agrupación religiosa.

No fue el único unicornio que los Zell-Ravenheart presentaron al público entre los años setenta y ochenta. En 1977, este insólito matrimonio había fundado la Ecosophical Research Association, una entidad de corte New Age cuyo propósito era explorar la realidad de ciertos mitos.

Como corresponde a este empeño, uno de aquellos unicornios, Lancelot, se convirtió en una conocida atracción de los circos Ringling Bros. y Barnum & Bailey entre 1985 y 1989.

Para que otros no le robasen la idea, en 1984 Zell patentó el método quirúrgico para crear unicornios.

Lancelot, el unicornio de los Zell-Ravenheart.

En junio de 2008 conocimos otro caso similar al descrito por Pokorny. Un corzo de un año de edad, con un solo cuerno en su testa, fue criado en cautividad en un centro de investigación de Prato, cerca de Florencia. Fulvio Fraticelli, director científico del Zoo de Roma, destacó la rareza de este ejemplar (cuya fotografía pueden ver más arriba).

Como en el caso del corzo esloveno, un trauma durante el periodo de crecimiento era la causa de su malformación. Los detalles de la anomalía son sumamente interesantes desde el punto de vista científico, pero al público general le importa poco la causa cuando un mito se convierte en evidencia.

"Esto es una fantasía convertida en realidad", afirmó en su momento Gilberto Tozzi, director del Centro de Ciencias Naturales de Prato. Y esa es, sin duda, la clave de todo este asunto. Cuando las leyendas dejan de serlo, y nos situamos en el intervalo entre el sueño y el mundo real, la ciencia es solo una cuestión adicional en el relato.

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Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista The CULT, un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, The CULT sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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