Doctor Who y la ciencia ficción televisiva

La relación entre ciencia y ciencia ficción siempre ha sido polémica. Los científicos solemos pecar de puntillosos, y queremos que cualquier cosa que incluya la palabra “ciencia” cumpla con el rigor al que estamos acostumbrados en nuestra disciplina.

Por eso, cuando nos gusta la ciencia ficción, tendemos a preferir la “dura”: la que se toma en serio la parte científica. (Y es que no a todos los científicos les gusta la ciencia ficción, a pesar de que Isaac Asimov proponía, en alguno de sus innumerables ensayos, que el gusto por ella podría ser un buen indicador para detectar candidatos a futuros científicos.) Esta ciencia ficción “seria” tiene gran cuidado de no violar –aparte de la premisa inicial, que suele ser ficticia– lo permitido por el conocimiento actualmente aceptado.

Pero existe también la otra ciencia ficción: la que vemos en películas y programas de televisión, y que normalmente es menos rigurosa. Se permite más libertad, más inexactitudes científicas, más fantasía. Así, en Viaje a las estrellas (Star Trek) podemos ver extraterrestres humanoides con orejas puntiagudas que pueden aparearse con humanos, teletransportadores y naves que viajan más rápido que la luz; cosas similares pueden hallarse en cualquier programa moderno del género.

Y en el cine, La guerra de las galaxias (Star Wars) lleva las cosas al extremo, introduciendo espadas láser, una misteriosa “fuerza” mística y otros recursos que hacen que muchos consideren que, más que a la ciencia ficción, pertenece al género de la fantasía pura.

Un caso aparte ha sido Doctor Who (o “El doctor misterio”, como se le conocía en México), el programa de TV de ciencia ficción más antiguo del mundo. De prosapia inglesa (producido por la BBC), nacido en 1963 (el 23 de noviembre de 2013 celebró mundialmente, con bombo y platillo, su 50 aniversario), tenía como protagonista a un enigmático anciano que viaja por el cosmos en su máquina del tiempo, el TARDIS, que es más grande por dentro que por fuera y está camuflada de cabina telefónica.

El extraño y misterioso tema musical, la producción en blanco y negro, los originales monstruos que el Doctor encontraba en sus viajes y su mezcla de ciencia y fantasía hicieron que el programa perdurara. A lo largo de las décadas, el Doctor ha sido interpretado por 12 diferentes actores (resultó que es un extraterrestre que puede “regenerar” su cuerpo si corre riesgo de morir). Se ha convertido en toda una tradición inglesa y siempre ha tenido seguidores en otros países. Pero ha sido desde su resurgimiento, con nueva producción y mucho mejores efectos y argumentos, en 2005, que ha alcanzado fama mundial.

Yo, que he sido fan desde hace unos 40 años (cuando pasaron en México los primeros capítulos, en los años 70, y luego los del cuarto doctor, en los 80), confieso que probablemente debo parte de mi fascinación por la ciencia, y quizá parte de mi vocación profesional por conocerla y compartirla, a esa inquietante sensación de misterio que me provocaba ver al viajero de la cabina telefónica.

 

Copyright © Martín Bonfil Olivera. Publicado previamente en La ciencia por gusto. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © BBC. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura.

Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

Sitio Web: sites.google.com/site/mbonfil/

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