La ciencia imperfecta

Intelectus apretatus, discurrit

Cuando uno es un niño pequeño, ve el mundo en términos de blanco o negro, día o noche, bueno o malo, correcto o equivocado, cierto o falso…

Con el tiempo, se va aprendiendo a ver el mundo en la gama de grises que lo conforman, y se acepta que la realidad es casi siempre más complicada de lo que quisiéramos que fuera. Los extremos casi nunca se presentan: siempre hay que matizar. Todo es, nos guste o no, relativo.

No obstante, la imagen popular de la ciencia suele conservar esta visión infantil: algo “científicamente comprobado” tiene que ser cierto siempre (nos lo dicen hasta en los anuncios de champú), y asusta pensar que las verdades de la ciencia pudieran cambiar, o resultar equivocadas.

Y sin embargo, la historia de la ciencia muestra que en la mayoría de las ocasiones esto es precisamente lo que ha ocurrido. Según parece, tarde o temprano toda teoría científica, por más revolucionaria y útil que haya resultado, por más apoyada en deducciones, observaciones y experimentos que esté, termina siendo desechada para ser sustituida por otra mejor. Y muchas veces no se trata sólo de versiones refinadas o más completas de la teoría anterior, sino de teorías completamente diferentes, e incluso incompatibles en muchos aspectos con las anteriores.

Los filósofos e historiadores de la ciencia, y los propios científicos, no terminan de ponerse de acuerdo en el significado de esto. Pero todos aceptan que es un hecho: la ciencia cambia, en ella toda verdad es necesariamente temporal. O dicho de otra manera: no existen verdades absolutas en ciencia.

¿Quiere decir esto que hay que dejar de creer en la ciencia? ¿Que el conocimiento que ofrece es poco fiable? De ningún modo: la esencia del método científico es precisamente garantizar, por medio de evidencia y razonamiento, que los modelos y teorías a los que se llega, y las predicciones que se derivan de ellas, son confiables: funcionan.

Lo que sí significa es que, lejos de ser algo terminado —o terminante—, la ciencia es siempre un objeto en construcción, perfectible. Se parece en eso a la democracia, que tampoco es un sistema perfecto, pero es suficientemente bueno, y es lo mejor que tenemos. Una cosa es discutir las muy reales imperfecciones de la ciencia y la democracia, y otra muy distinta pretender que, sólo por no ser perfectas, habría que abandonarlas.

Al final, como reza la famosa frase del filósofo español José Ortega y Gasset, “Ciencia es aquello sobre lo cual siempre cabe discusión”.

Copyright © Martín Bonfil Olivera. Artículo publicado previamente en "¿Cómo ves?", revista mensual de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM, y reproducido en "The Cult" con fines no lucrativos. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura.

Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

Sitio Web: sites.google.com/site/mbonfil/

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