Plutón y la ciencia histórica

La imagen popular de la ciencia es una receta para la desilusión. Nos la presenta como un método prácticamente infalible para obtener conocimiento absolutamente certero acerca del mundo; como una autoridad que proporciona solución a todos los problemas.

Pero la ciencia del mundo real resulta ser, cuando se la examina de cerca y sin apasionamientos, sólo una actividad humana más, con todas las fallas y defectos que esto implica… aunque también con virtudes muy particulares.

Es frecuente que se cuestione duramente el carácter cambiante de la ciencia, e incluso que se la descalifique por su falta de constancia. ¿Cómo puede confiarse en ella si en un momento dado afirmó que la Tierra ocupaba el centro del universo, para luego poner en este sitio al sol y finalmente presentarnos la poco intuitiva imagen de un universo que ni siquiera tiene centro? ¿Cómo puede ser que conceptos absolutos como el espacio y el tiempo, cimientos de la visión newtoniana, resulten posteriormente ser flexibles y elásticos como —en palabras de Einstein— un molusco? ¿Cómo aceptar, finalmente, que Plutón, que durante 76 años fue considerado como el planeta más externo, resulte no serlo y se convierta, según se anunció en 2006, en sólo uno más de los varios “planetas enanos” del Sistema Solar?

La solución, por supuesto, no es concluir que la ciencia es tan caprichosa y poco confiable como cualquier método de adivinación. Más bien, habría que conocer las razones que hacen que el conocimiento científico cambie constantemente; que evolucione.

La ciencia tiene una historia. A lo largo de ésta ha ido avanzando, y consecuentemente la visión del mundo que nos ofrece se ha ido modificando. Creemos que para mejorar, para hacerse más exacta. Al menos, eso parece cuando vemos las cada vez mayores capacidades tecnológicas, médicas y prácticas que nos ofrece. La ciencia funciona; sus predicciones se cumplen.

Y es precisamente su carácter cambiante, histórico, lo que le da su fuerza a la ciencia, el método más poderoso que conocemos para obtener conocimiento confiable acerca de la naturaleza. A diferencia de seudociencias y charlatanerías, el método científico, al ser cambiante, tiene la posibilidad de corregir sus errores.

Así como los seres vivos evolucionan gracias a que los organismos mejor adaptados a su ambiente tienen mayores posibilidades de reproducirse y sobrevivir, la ciencia, mediante prueba y error, va seleccionando a lo largo de su historia las hipótesis que mejor funcionan cuando se confrontan con la realidad.

Si la ciencia no cambiara, se estancaría. Sería una ciencia estática, sin historia, pero también sería una ciencia muerta

Copyright © Martín Bonfil Olivera. Artículo publicado previamente en "¿Cómo ves?", revista mensual de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM, y reproducido en "The Cult" con fines no lucrativos. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura.

Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

Sitio Web: sites.google.com/site/mbonfil/

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