"Baroja y España. Un amor imposible", de Francisco Fuster

Llega a las librerías otro magnífico libro de Francisco Fuster, autor de estudios literarios de primera categoría y responsable de varias recopilaciones de artículos de Julio Camba, que este investigador ha editado con primoroso criterio. En este caso, se trata del ensayo Baroja y España: un amor imposible, en el que Fuster ofrece un estudio apasionante de El árbol de la ciencia.

Tomar esta obra de Baroja y emplearla como lupa de aumento para estudiar la España de su tiempo, sumida en una crisis desesperante, le sirve a Fuster para hacernos reflexionar con calma y diligencia desde este lado de las páginas, con el convencimiento de que la mirada barojiana –libre, poliédrica y desengañada– también puede aplicarse a la sociedad de hoy.

Ortega entendió que lo que más energía imprime al sentimiento español también echa chispas en la mente de Baroja. "En cierto sentido –escribe en Una primera vista sobre Baroja (1910)–, encuentro en Baroja una manifestación superior del histerismo nacional. Todos somos un poco como él, pero somos menos sinceros. Lo mejor y lo peor de la España actual se presenta en Baroja a la intemperie, sin pellejo. (...) Como para Baroja, suele ser para nosotros los demás iberos cada palabra un jaulón, donde aprisionamos una fiera, quiero decir un apasionamiento nuestro. En general, el humorismo español, del mismo modo que el de Baroja, comienza por ser malhumorismo".

Pese a ubicarse en un regeneracionismo que fue atenuándose con el paso de los años, Baroja siempre revela un punto inevitable de escepticismo y descontento. Como saben, eso fue frecuente en su generación, y me da la impresión de que hemos heredado ese mismo recelo –qué les voy a contar de lo que uno siente en estos tiempos de anestesia y demagogia–. En ocasiones, parece que Baroja toma aire para vaciar su corazón en una frase a quemarropa, pero en general, escuchamos a ese "no conformista apacible" que desconfía de que su advertencia o su censura lleguen a surtir efecto.

El estudio que Fuster hace de El árbol de la ciencia demuestra que su protagonista, el individualista Andrés Hurtado, no solo tiene los cromosomas del inadaptado y contradictorio Baroja; también carga a la espalda una mochila en la que se concentra toda una época. Un periodo histórico del que, dicho sea de paso, también procuran aislarse en personaje y su creador, con evidente aprecio a ese pensamiento de Schopenhauer que Fuster reproduce en la página 144: "Toda limitación hace feliz. Cuanto más estrecho es nuestro campo de visión, de acción y de relaciones, más felices somos; cuanto más amplio, con mayor frecuencia nos sentimos atormentados o angustiados".

Sinopsis

Prólogo de Justo Serna y Anaclet Pons

El árbol de la ciencia es la obra cumbre del pesimismo y de la socarronería, del estudio científico-orgánico de ciertas especies humanas de Pío Baroja. Pero es también un lamento subjetivo, individualista, de quien siempre fue a la suya y dijo la suya. El ensayo de Fuster, Baroja y España: Un amor imposible, es un libro revelador: no hace arqueología de algo inerte, sino que emprende un examen en tiempo real, por lo que Pío Baroja o Andrés Hurtado son interlocutores bien vivos, aunque la muerte, la decepción y la derrota sean su lastre y consumación.

Francisco Fuster aborda en este ensayo el proceso de creación, el contexto de recepción y de difusión de El árbol de la ciencia. En cierto sentido, esta novela de Pío Baroja es un episodio nacional: las vicisitudes de un individuo concreto, Andrés Hurtado, los ataques que sufre, los desencantos que padece, ejemplifican y compendian los que sus compatriotas sufren y provocan con su acción o su inacción. El narrador deplora las anomalías clásicas de España, los desajustes que va a ir diagnosticando: la desidia, el abandono, la fuerza bruta, el cinismo. Y lo hace parafraseando a Hurtado, reproduciendo sus sentimientos y sus pensamientos.

Esta novela ejemplifica la relación de su autor con España: Baroja deplora los nacionalismos, la política de escaso vuelo, la sociedad inerme y paralizada, la España sucia. Su deseo era convertir España en un país verdaderamente constitucional y jurídicamente europeo, sin casticismos clericales, sin ventajistas o logreros de la política. Un país con derechos individuales reconocidos y respetados. Con gentes cultas y deferentes. Sin fanáticos. Baroja describe a Andrés Hurtado siempre desengañado, reconcentrado, generalmente triste, que se desenvuelve como un anarquista instintivo, y que padece una soledad incurable.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Fórcola Ediciones. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (The Cult), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, Thesauro Cultural sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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