Cuentos de hadas de Angela Carter

Hemos convenido que un cuento de hadas es, primordialmente, la suma de magia, inocencia infantil y moraleja. Ahora bien, ¿es así? Podríamos aceptar esa definición, pero lo más probable es que le encontremos defectos a los pocos segundos. Y cuando llegue ese momento, lo más sensato será recordar a Angela Carter.

Ella nos dejó a los 51 años, el 16 de febrero de 1992. Para entonces, su imagen de intelectual minoritaria se había transformado, y aquella escritora inteligente y original pasó a ser una autora de culto, con una dimensión que excede lo específicamente literario. En todo caso, los honores póstumos y su ingreso triunfal en la cultura pop no deben hacernos olvidar que Carter fue una narradora prodigiosa, con un don admirable para el uso del idioma.

Además de todo eso, también fue una creadora original, impredecible, a contracorriente de las modas. Por las mismas fechas en que otros colegas merodeaban por los distritos del realismo y el compromiso político, ella se empeñó en dar una vuelta de tuerca a géneros y subgéneros tan despreciados por la academia como el relato fantástico (La cámara sangrienta), el terror gótico (Noches en el circo) e incluso la ciencia-ficción en su variante menos tecnológica (La pasión de la nueva Eva).

Tres ingredientes ‒el surrealismo, la imaginación y la exploración de la mitología femenina‒ enriquecen la faceta más subversiva y característica de esta maravillosa escritora, convertida ‒por razones que no se le ocultarán a ningún lector sensible‒ en un verdadero icono por sus admiradores.

Desde el psicoanálisis freudiano hasta el expresionismo alemán, pasando por la tradición de la pantomina británica ‒impulsada por James Planché y Henry James Byron‒ o un decadentismo heredado de Huysmans y Villiers de l'Isle-Adam, Angela Carter usó las más variadas perspectivas para, finalmente, regirse por sus propias reglas y consolidar un universo muy personal. Libros como El doctor Hoffman y las infernales máquinas del deseo nos indican que dicha apuesta fue, en este sentido, una indomable construcción de su propia individualidad. Una individualidad a veces paradójica, dolorosa y siempre fuera de lugar cuando intentamos asimilarla a otras corrientes.

A su muerte, Salman Rushdie identificó a Carter con la reina de las hadas: "La literatura inglesa ‒escribió‒ ha perdido a su gran hechicera, a su benévola bruja blanca".

Hubo otros escritores y periodistas que la identificaron con la monarca del reino feérico. Como ya se imaginan, ese elogio tiene mucho que ver con estos Cuentos de Hadas, una antología inagotable, que viene a ser todo un tesoro para los amantes del folklore más turbador y caprichoso.

Como sucedía con La cámara sangrienta, el erotismo y las voces femeninas enriquecen la imaginería de este libro excepcional, en que que Carter desempeña el papel de los Grimm o de Perrault rebuscando en la tradición ese tipo de relatos que, hoy como siempre, nos seducen con metamorfosis imposibles, peligros inminentes y pasmosos descubrimientos.

En todo caso, como se deduce del cuento inaugural, en el que la heroína inuit Sermerssuaq hace gala de su clítoris, no hablamos aquí de un libro para niños, sino de una bomba de relojería destinada a lectores sin prejuicios, dispuestos a dejarse sorprender en cada página.

Sinopsis

Traducción de Consuelo Rubio Alcover

Por fin en castellano la mítica colección de cuentos maravillosos protagonizados por mujeres que Angela Carter recopiló para Virago Press.

Hubo un tiempo no muy lejano en que los cuentos de hadas no estaban destinados a los niños. Los relatos recopilados en este mítico volumen, a los que Angela Carter dedicó años de su vida, tampoco son para niños. En ellos encontraremos sangre, humor, sexo y muerte. No hay princesas ñoñas ni hadas maravillosas, sino jóvenes astutas, ancianas taimadas, chicas malas, hechiceras, parteras vengativas, mozas ladronas, novias rastreras, madres, hijas y hermanas raras. Solo una escritora tan radical como Angela Carter podría haber sido capaz de armar esta antología de relatos, todos ellos protagonizados por mujeres, una celebración del universo femenino a través de los tiempos, ilustrado con los grabados originales de la edición inglesa a cargo de Corinna Sargood.

Angela Carter (de soltera Angela Olive Stalker) nació en la ciudad inglesa de Eastbourne en 1940. A causa de la guerra, fue evacuada cuando era apenas un bebé junto con su abuela materna a Yorkshire, donde sufrió de anorexia durante la mayor parte de sus años de adolescencia. Empezó a trabajar como periodista en el Croydon Courier siguiendo los pasos de su padre y se graduó en Literatura Inglesa por la Universidad de Bristol.

En 1960 se casó con Paul Carter. Tras nueve años de matrimonio, después de ganar el Premio Somerset Maugham con su novela Varias percepciones (con la que «aprendió lo que era ser una mujer y se radicalizó»), abandonó a su esposo y se fue a Tokio, donde vivió durante dos años. Su experiencia japonesa sería inmortalizada en 1974 en Fuegos de artificio: nueve relatos profanos, así como en su novela El doctor Hoffman y las infernales máquinas del deseo, que publicaría en 1972.

A la vuelta de Japón, pasó unos años enseñando en varias universidades de Europa, Australia y Estados Unidos. En 1977 se casó con Mark Pearce, con el que tuvo a su único hijo.

Angela Carter es autora de varias novelas, entre las que cabe destacar La juguetería mágica (1967), Héroes y villanos (1969), La pasión de la nueva Eva (1977) o Noche en el circo (1984), por la que recibió el James Tait Black Memorial Prize, así como de algunos notables volúmenes de relatos como La cámara sangrienta (1979) o En compañía de lobos (1984).

Entre 1990 y 1992 recopiló para la editorial Virago una colección de relatos tradicionales protagonizados por mujeres que, bajo el título de Cuentos de Hadas de Angela Carter, se convirtió en uno de los más duraderos longsellers de la editorial. Al final de su vida se embarcó en la escritura de una secuela de Jane Eyre, de Charlotte Brontë. Sin embargo, falleció antes de poder completarla.

Murió a la edad de 51 años, en 1992, en su casa de Londres, de un cáncer de pulmón. En 2008, The Times la incluyó en el listado de los 50 escritores más importantes de Gran Bretaña posteriores a 1945.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

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Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista The CULT (Thesauro Cultural), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, The CULT (Thesauro Cultural) sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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