"La apasionada vida de Modigliani", de André Salmon

El malditismo es uno de esos rasgos que soportan bien el paso del tiempo, quizá porque la naturaleza humana aprecia mejor a los genios cuando estos concilian su imponente legado con una vida pública deplorable.

Cuando el triunfo póstumo viene precedido por una serie de desgracias personales, nos da la impresión de que la posteridad otorga eso que llamamos justicia poética, y que, a fin de cuentas, no es otra cosa que un premio a deshora.

Amedeo Modigliani (1884-1920) personifica como nadie esa doble naturaleza del héroe bohemio y perdedor: protagonista de una existencia dolorosa y elevado a los altares con décadas de retraso. Es ésta una impresión que se subraya en esta maravillosa biografía que André Salmon dedicó pintor italiano.

Joven, con buena apariencia y seducido por las vanguardias, Modigliani callejeó por aquel París donde Picasso emprendía su aventura estética y donde el propio Salmon buscaba la fama literaria. Hay una foto que los inmortaliza a los tres, como si el maestro malagueño y el escritor fueran los testigos de la puesta en órbita y la debacle personal del toscano.

El libro de André Salmon nos relata una especie de martirio. Esa desdicha de Modigliani va consolidándose mientras el artista se sume en un continuo vagabundeo y en una actividad frenética. Nadie paga lo que valen sus obras. Unas pinturas que generan escándalo, pero que no seducen ni a críticos y a galeristas.

A falta de un mecenas o de un protector, Modigliani refina su estilo por cuenta propia: una originalísima sensualidad pictórica que perfecciona entre una borrachera y la siguiente.

Aturdido por la absenta, el mal vino y el hachís, huraño y descreído, rumiando la desesperación en brazos de la fiel Jeanne Hébuterne, el héroe tísico va derrumbándose en la miseria, cuesta abajo. Como decía Gardel en el tango, Modigliani arrastra por este mundo la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser.

Es en ese punto de no retorno cuando la tragedia alcanza su colofón operístico. Muere Amedeo y Jeanne, embarazada, se suicida. Es el anticipo de un hiperbólico homenaje, que convierte al difunto en leyenda.

Todo eso nos lo cuenta Salmon con el mismo impulso literario que se advierte en los restantes capítulos de este libro: un texto conmovedor, apasionado, colorista, con esa cualidad trascendente que merecen el personaje y su legado artístico.

Al final, completamos la lectura con la impresión de haber viajado en el tiempo, sumidos en el ajetreo vital de Montmartre y Montparnasse. Cerca de ese pintor que cruzó este mundo con el ardor y con la prisa de un meteorito.

Sinopsis

«Voy a contar como testigo la apasionada vida de Amedeo Modigliani, artista angustiado que combatió la desgracia con toda su innata nobleza; la apasionada vida de Modigliani, cuyo destino se cumplió en Francia y que en su miserable lecho de muerte susurró: “Cara Italia!”».

Artista genial, Amedeo Modigliani llegó a París desde la lejana y luminosa ciudad toscana de Livorno y vivió con intensidad «les Années folles» de Montparnasse, nuevo centro de la bohemia artística.

Fallecido con treinta y cinco años a principios de la década de 1920, consumió su vida entregándose con el mismo frenesí a la creación artística y al amor, como si confiara en desafiar a la muerte haciendo que cada instante valiera el doble.

El poeta y crítico de arte André Salmon, amigo y compañero de Modigliani, recuerda al pintor en este libro, en el que, como si de una novela se tratara, pinta un magnífico fresco de la extravagante y tumultuosa vida en París a principios del siglo xx.

André Salmon (París, 1881 – Sanary-sur-Mer, 1969) fue escritor y crítico de arte. Desde 1903 frecuentó los círculos vanguardistas parisinos, en los que entabló relación con Paul Fort y Picasso, y fue uno de los primeros defensores del cubismo, junto a Apollinaire y Maurice Raynal. Trabajó como periodista para medios como L’Europe Nouvelle, La Paix Sociale y Le Petit Parisien, para el cual fue corresponsal durante la guerra civil española. Como escritor cultivó tanto la poesía como el ensayo y la narrativa, y en todas sus formas logró evocar el convulso mundo moderno.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

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Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (The Cult), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, Thesauro Cultural sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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