"No dejaría nunca de escribirte. Cartas de amor a Barbara Leoni", de Gabriele d’Annunzio

Gabriele d’Annunzio y Barbara Leoni se conocieron en Roma, el 2 de abril de 1887. Todos los amantes de la literatura italiana lo conocen a él, pero ¿quién era ella? ¿Quién fue esa mujer de buena familia, bella, inteligente, casada, y sin embargo, asediada por otros admiradores? ¿Qué fue lo que descubrió el poeta en Barbara, más allá de la relación amorosa que ambos emprendieron?

El matrimonio de aquella joven con Ercole Leoni, un conde boloñés de carácter opuesto al suyo, fue una perfecta y dramática definición del fracaso. Por su parte, cuando se produjo aquel encuentro amoroso, d’Annunzio ya tenía dos hijos junto a su esposa, Maria Hardouin di Gallese, con quien había subido al altar en 1883, por pura conveniencia.

Este último dato tiene escaso interés, puesto que el escritor era un mujeriego incorregible, para quien la fidelidad era un rasgo más bien prescindible. Pero es interesante descubrir cómo los juegos de seducción de d’Annunzio se concentraron en Barbara, quien llegó a perfilarse como una musa con todos los atributos convenientes para ello. No en vano, ella era una mujer tremendamente culta, que amaba la literatura, el arte y la música, y que sobre todo, encarnaba el estereotipo del amor cortés, como si fuese una Leonor de Aquitania en busca de un perfecto y exclusivo trovador.

El romance entre ambos está documentado en cientos de misivas: un epistolario apasionado, a ratos obsesivo, en el que la estética, el fervor sentimental y el ardor voluptuoso brindan un nuevo sentido a ese género menor que son las cartas amorosas.

Si la literatura es una forma de identidad, podemos concluir que d’Annunzio alcanzó la suya atravesando una parte de su camino vital junto a Barbarella. Y eso es precisamente lo que ha hecho que toda esa correspondencia no sea tan sólo una curiosidad biográfica, sino una creación artística de pleno derecho. O mejor aún, una proeza de la fabulación amatoria, que idealiza al ser amado con virtudes que sólo son verificables cuando la química y el sentimiento se magnifican por medio de la fantasía más tierna e hiperbólica.

Leer estas cartas de amor a Barbara Leoni ‒casi un millar de páginas‒ equivale a una inmersión a pulmón libre en la psique de Gabriele d’Annunzio, un joven militar que aquí aspira a una gloria literaria de carácter finalista: seducir a su lectora de todas las formas imaginables, poniendo el alma y la carne en cada párrafo.

"¡No verte! ‒escribe d'Annunzio‒ ¡Cómo cambia de repente toda la visión de nuestra vida al pensar algo así! Es una especie de eclipse, como el que se avecina en estos momentos y lo envuelve todo en un siniestro velo. Se forma en torno a mí un inmenso vacío inerte. Pienso que no vale la pena vivir. Quisiera poder sumirme en un profundo letargo para pasar todo el tiempo que estaré sin verte".

En gran medida, le debemos el interés del volumen a su traductora, Amelia Pérez de Villar, quien además de trasladar a nuestro idioma este cálido epistolario, lo enmarca literaria y biográficamente con una excelente introducción y con numerosas notas aclaratorias.

Sinopsis

Elvira Natalia Leoni es la gran olvidada en casi todas las biografías de Gabriele d’Annunzio, donde figura como un personaje de escasa relevancia, pese a la importancia que realmente tuvo en la vida y la obra del poeta y novelista italiano. Cuando se conocieron en Roma, d’Annunzio apenas contaba veinticuatro años y tenía dos hijos de un matrimonio nacido de la conveniencia, aunque ya gozaba de cierto renombre como poeta y cronista social. Ella, culta y con formación musical, sufría las desgracias de un matrimonio desgraciado, con un marido cruel que la hacía infeliz, la maltrataba e incluso le transmitió una grave enfermedad. A pesar de todo, cuando se conocieron el poeta y la «bella romana» estaban ambos en la flor de la vida y durante cinco años mantuvieron una relación amorosa extraconyugal, romántica, apasionada e intensa, que marcó sus vidas.

Testigo fiel de la relación es este millar de cartas que d’Annunzio escribió a BarbaraBarbarella– el apelativo cariñoso para la mujer que se convirtió en la verdadera musa del poeta, y que fue determinante en la construcción del hombre, del literato y del mito. Considerada la más intensa correspondencia amorosa de la lengua italiana, estas cartas están llenas de pasión, fogosidad y ternura, pero también de una tensión erótica y sicalíptica rayana en lo pornográfico, a la altura de la mejor literatura universal, desde los clásicos grecolatinos hasta el Marqués de Sade.

D’Annunzio, novelista en ciernes, en busca de una voz y un estilo propios, inventó gracias a su musa un nuevo lenguaje y creó un verdadero diccionario íntimo, metáfora propia del poeta que convirtió su propia vida en obra de arte. Así Barbara Leoni inmortalizó a la Ippolita del Triunfo de la muerte, una de las grandes novelas que, junto a El placer y El inocente, d’Annunzio escribió bajo su influjo, iluminando una obra literaria nunca conocida hasta entonces, que le consagró como un escritor genial.

Gabriele D’Annunzio (Pescara, 12 de marzo de 1863 de – Gardone Riviera, 1 de marzo de 1938) fue un novelista, poeta, dramaturgo, militar y político italiano, símbolo del Decadentismo y héroe de guerra.

Apodado «il Vate» (es decir, «el Profeta»), ocupó una posición prominente en la literatura italiana desde 1889 hasta 1910 y en la vida política entre 1914 y 1924, aproximadamente.

Entre sus novelas se encuentra El inocente, que Luchino Visconti llevó a la gran pantalla.

«Si bien no fue especialmente longevo (murió a los 75 años), Gabriele d’Annunzio comenzó su andadura profesional y personal a una edad tan temprana que pudo dejar un legado literario ingente, compuesto por poemas, novelas, novelas cortas, ensayos, libretos de piezas musicales, discursos políticos y un sinnúmero de artículos periodísticos, además de casarse, tener hijos, divorciarse, cambiar varias veces de amante, entrar en política, pilotar aviones, capitanear algún episodio bélico más o menos reseñable, sufrir un atentado y montar una especie de museo de artistas, para acabar recluido en uno de los parajes más bellos de Italia, convertido en príncipe y nombrado académico, mientras se le despedía con honores de hombre de estado. Como balance de una vida, no está nada mal.» (Amelia Pérez de Villar)

Amelia Pérez de Villar es licenciada en Filología Inglesa y traductora por el Institute of Linguists of London.

Traduce del inglés y del italiano. Publica para editoriales como Galaxia Gutenberg, Fórcola, Páginas de Espuma, Ariel, La Fuga, Gallo Nero o Impedimenta. Del inglés ha publicado traducciones de obras de Abraham Merritt, Alex Kapranos, Harold Bloom, Edith Wharton, Henry James, Robert Louis Stevenson, Rachel Kushner, Graham Swift, William Blades y Lucy Hughes-Hallet. Del italiano, ha publicado traducciones de obras de Gabriele d’Annunzio, Vasco Pratolini, Mario Soldati y Dino Buzzati, y textos de Natalia Ginzburg y Giorgio Bassani.

Como autora, ha publicado relatos en diferentes antologías y revistas, algunos de ellos finalistas de concursos, como «Manuela» (Los nuestros son todos, Fundación Civilia, 2005), «Escena con fumador en blanco y negro» (Canal Literatura, 2007, ganador del Tercer Premio), «Si yo tuviera el corazón», publicado en el último número de la revista Renacimiento, o «Visión Crepuscular», aparecido en la revista digital Culturamas en enero de 2011.

Ha sido redactora en prensa escrita y colaboradora en la publicación digital Notodo.com. Escribe habitualmente en su blog DeLibrosydeHojas.

Ha escrito Dickens enamorado: Un ensayo biográfico (Fórcola, 2012), y el artículo «Pescar el múrice: mi reino sí es de este mundo», que forma parte del ensayo colectivo Hijos de Babel: reflexiones sobre el oficio de traductor en el siglo XXI (Fórcola, 2013).

Para Fórcola, ha preparado la traducción, edición y notas de las antologías Crónicas literarias y autorretrato (Fórcola, 2011), y de Crónicas romanas: la sociedad y la vida mundana de fines del Ottocento en Roma (Fórcola, 2013),  y del epistolario No dejaría nunca de escribirte. Cartas de amor a Barbara Leoni (Fórcola, 2015), todos ellos de Gabriele d’Annunzio (1863-1938). Del inglés ha traducido Los enemigos de los libros (Fórcola, 2016), de William Blades.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Fórcola. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2007, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (TheCult.es), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las artes.

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