"Simplemente divas", de Fernando Fraga

Si yo les dijera aquí y ahora que he leído un libro que alterna el estudio de una materia tan minoritaria como la ópera con un amenísimo y adictivo recorrido por la vida de sus protagonistas femeninas, ¿me creerían?

Ese libro lleva por título Simplemente divas, y en efecto, combina las anécdotas más novelescas –en más de un caso, un fulminante slalom hacia la excentricidad– con el detalle divulgativo que nos lleva a descubrir la ópera a través de sus mujeres más deslumbrantes.

Como verán, las figuras ilustres se acumulan en este viaje por el tiempo, desde el barroco hasta la actualidad. Vittoria Tesi-Tamontini, Caterina Gabrielli, Marie Pélissier, Catharina Cavalieri, Angelica Catani, la madrileña Isabel Colbran, Angiolia Bosio, Rosmonda Pisaroni, Cornélie Falcon, María Malibran, Pauline Viardot, Giuseppina Ronzi de Begnis, Nellie Melba, Malvina Schnorr von Carolsfeld, Lina Cavalieri, Geraldine Farrar, Lotte Lehmann, Luisa Tetrazzini, Rosa Ponselle, Maria Callas...

Pero olviden –aunque solo sea por un momento– la retahíla de nombres que acabo de lanzar al aire. Todas esas referencias son, simplemente, los títulos de crédito de una obra fascinante, cordial y cargada emociones contagiosas.

Si les gusta la música –la música con mayúsculas, que agita nuestras terminales nerviosas– y quieren conocer a sus grandes damas, déjense llevar por Fernando Fraga y podrán saber lo que es el divismo en toda su pureza y su esplendor.

"Con Maria Callas –escibe Fernando Fraga– podemos recordar aquella idea, quizá acuñada por pensadores moralistas y del tres al cuarto o por escritoras envidiosas, de que una diva nunca podría vivir una existencia privada plena, feliz". Imagen superior: retrato publicitario de Maria Callas como Violetta en "La Traviata", Royal Opera House (1958). Fotografía de Houston Rogers

El relato de Fernando Fraga dice más sobre la ópera que un curso de musicología, sobre todo cuando nos invita a cotillear entre los cortinajes, y valoramos los caprichos y los costalazos existenciales de alguna cantante. Se antoja innecesario recordar que ese toque de frivolidad –elegante, cargado de buen humor– colorea un texto de enorme rigor y apabullante documentación, en el que la música y su sociología son tratadas con precisión y sabiduría. Poca gente maneja el conocimiento operístico como el autor de Simplemente divas, créanme.

Ciertamente, si pensamos en la gloria que presuponía en otros tiempos el divismo en la ópera, pocos libros lo reflejan con tanto éxito como éste. Aunque solo sea por precisar, me quedo con la definición de diva que Fraga toma del musicólogo francés Arthur Pougin (1834-1921) "Palabra italiana que significa 'diosa'. Los italianos la empleaban no hace mucho, con su habitual exageración artística, para designar a una cantante fuera de serie, una encantadora, una hechicera"

Diosas, hechiceras... mujeres que brillaron en un mundo patriarcal y que Fraga analiza como un reflejo de su época, con empatía insuperable, tejiendo las subtramas de unas vidas que giraron alrededor del arte más sublime.

Simplemente divas es una lectura elevada y con enjundia, que vibra con la intensidad de la materia que trata. Les encantará.

"Angela Georghiu –escibe Fernando Fraga–, una excelente soprano rumana, bella y delicada, insegura y caprichosa, va por el mundo considerándose y aceptando de buen grado ser una diva. Una diva, claro, un poco de vía estrecha, definible sólo por sus conductas intempestivas". Imagen superior: fotografía del CD "Angela Gheorghiu live from La Scala" © EMI

Sinopsis

En Simplemente divas, un ensayo erudito y documentado que no renuncia a la ironía y al sentido del humor, Fernando Fraga nos ofrece una peculiar historia de las divas, proponiendo un recorrido histórico desde las pioneras y precursoras del siglo XVI, con Isabel de Médici, hasta las herederas de Maria Callas, quizá la última, aunque la diva por antonomasia.

Se reconocía a la «diva» por su forma de trabajar, su manera perfecta y apasionada –casi divina– de cantar, por supuesto, pero también por la manera con que alardeaba de su categoría canora, con actitudes como la que ostentaba cuando dejaba el teatro tras la función, acompañada con mucha parafernalia por ayudantes, admiradores y mascotas, mostrándose siempre exigente, caprichosa y hasta odiosa; nadie se libraba de sus arrebatos, tiranías y caprichos.

El famoso músico y empresario Maurice Strakosch, amigo de Rossini y en buena parte responsable del éxito de la soprano Adelina Patti, hablaba de las divas en estos términos: «La cantante que quiera convertirse en diva ha de poseer una voz maravillosa, un gran talento dramático y una fascinante belleza. Su ascendiente sobre el público ha de estar fuera de toda objeción y a su original personalidad ha de añadir una constitución física de hierro». Además, una diva no lo será hasta que no encuentre a otra digna de ser su rival; presa de la rumorología o protagonista de escándalos de todo tipo, no siempre conseguirá obtener opiniones unánimes respecto a su técnica, la calidad de su voz o su capacidad de interpretación, por parte de los críticos, músicos, escritores y poetas de su tiempo.

Algunas muy bellas, otras no tanto, –incluso hubo alguna muy fea–, las divas, incansables, han de viajar por todo el mundo, desplazarse continuamente como el Judío Errante, de teatro en teatro, para lograr su fama. La diva es una intérprete que por la sublimidad de su arte pierde carnalidad para obtener inmortalidad, privilegio de unas pocas.

Fernando Fraga es uno de los estudiosos de la ópera más destacados de nuestro país. Desde 1980 se dedica al mundo de la música como crítico musical, comentarista y conferenciante. Tres años después comenzó a colaborar en Radio Clásica de Radio Nacional de España. Sus críticas y artículos aparecen habitualmente en la revista Scherzo y en la revista digital El arte de la fuga. Asimismo, ha sido colaborador de Cuadernos HispanoamericanosCrítica de Arte, Boletín Diverdi, Ópera ActualRitmo y Revista de Occidente.

Junto a Blas Matamoro, ha escrito los libros Vivir la ópera (1994), La ópera (1995), Morir por la ópera (1996) y Plácido Domingo: historia de una voz (1996). Es autor de las monografías Rossini (1998) y Verdi (2000).

En colaboración con Enrique Pérez Adrián ha escrito Los mejores discos de ópera (2001), y Verdi y Wagner. Sus mejores grabaciones en DVD y CD (2013).

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de la sinopsis © Fórcola Ediciones. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (The Cult), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, Thesauro Cultural sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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