Canciones (IM)prescindibles de verano

Imagen superior: Major Lazer & DJ Snake y MØ, "Lean On" © Crispy Crust Records

El verano es sinónimo de muchas cosas: buen tiempo, vacaciones, playa, viajes en coche y desconexión de la rutina. Por supuesto, esa es la versión almibarada que nos lleva a crearnos unas expectativas inalcanzables, y que, a menudo, acaban sumiéndonos en la frustración y decepción.

Así, el buen tiempo se convierte en una ola de calor insoportable; las vacaciones –quienes puedan permitírselas‒ no son el remedio mágico para los problemas presentes durante la vida cotidiana; muchas playas parecen un vagón de metro en hora punta –con el riesgo añadido de quemadura solar–; los viajes en coche se hacen interminables y hacen aflorar el mal humor que ha ido cociéndose a fuego lento durante el resto del año y, al final, no resulta tan fácil desconectar de aquello que llamamos rutina y que no es más que la realidad de nuestra vida diaria.

Tal vez, en algún momento del párrafo anterior, hayan adivinado que no soy precisamente una entusiasta de los meses veraniegos. Para los hiperactivos como yo, la desaceleración de estos meses puede llegar a resultar exasperante y nos cuesta entender esa obsesión por pasarse horas tendido en la playa, mirando a ninguna parte. Cuando además no tienes medios, como nos ocurre a muchos, para hacer un viaje fantástico a la otra punta del mundo o a la provincia de al lado, hay que aguzar el ingenio para llegar cuerdo a septiembre. ¿Mi propuesta? La música.

Si hay algo de lo que es facilísimo escapar es del manido tópico de la canción del verano. Que quede claro: no hay ninguna ley que obligue a escuchar los graznidos pasados por el autotune de la estrella de reality de turno. Hay propuestas extremadamente interesantes, y además se incrementan las posibilidades de ver música en directo gracias a festivales de toda índole.

A continuación, les propongo unas cuantas opciones para acompañar sus idílicos momentos veraniegos o, por el contrario, para recordar que no falta tanto para el otoño. Por supuesto, como cualquier otra lista, obedece a criterios subjetivos y caprichosos, no estarán todas las que quizás esperen encontrar, y puede que otras les sobren. Por eso mismo son solo opciones y propuestas.

Years & Years es el grupo de Olly Alexander, al que quizás conozcan por God help the girl,  la película escrita y dirigida por Stuart Murdoch, el alma de Belle & Sebastian, (y cuya crítica, firmada por Vicente Díaz pueden leer aquí). Allí el bueno de Olly aparecía como un muchacho gafotas, tímido y apocado, deslumbrado por la brillante Eve. Aunque Olly Alexander haya dejado de lado el estilo más dulce y pop de la película, su mentor Stuart Murdoch puede sentirse orgulloso de él. Desprovisto de las gafas de pasta, y con un estilo más potente, Alexander forma junto a Mikey Goldsworthy  y Emre Turkmen uno de los tríos de electrónica con mayor tirón en Reino Unido y fuera de él. Su debut formal, Communion, está lleno de canciones donde destacan la voz de Alexander y una producción fantástica. Previamente a la publicación del disco este mismo mes de julio, se publicaron algunos singles con un éxito rotundo, como King o Shine. No obstante, prefiero quedarme con Desire, la prueba de que se puede disfrutar de un pop electrónico y comercial sin mala conciencia (y sin recurrir a Taylor Swift).

La segunda canción que les propongo, Lean on, surge de la unión de otra formación electrónica, también de Londres, llamada Major Lazer –dirigida por el productor musical Diplo– con la cantante danesa y el francés DJ Snake. Quienes entienden de esto afirman que Lean on es la canción del verano internacional. No hay duda de que la experiencia de Major Lazer mezclando reggae con electrónica les sirve para conseguir un hit solvente y pegadizo. Quizás no sea mi preferida de la lista, pero la originalidad y personalidad de esta propuesta (así como su capacidad para capturar hasta la última neurona de tu cerebro y no soltarla hasta una semana después) la convierten en una de las imprescindibles de este verano.

La tercera de mis propuestas es también electrónica; se trata de Loud Places, la canción que sirvió a Jamie XX, miembro de The XX, para presentar su disco en solitario In Colour. Aunque siga prefiriendo trabajos previos, realizados con su grupo The XX, (como el fantástico Coexist), In Colour tiene canciones prácticamente perfectas, que te pueden hacer olvidar el tedio de un domingo de agosto o mejorar tu fantástica tarde en una terraza de Formentera. En Loud places, Jamie cuenta con la colaboración de Romy Madley Croft, también de The XX. Es un ejemplo de sutileza y elegancia, cantada casi entre susurros, y que habla de alcanzar algo parecido al Nirvana. Con canciones como esta no se necesitan clases de yoga ni de meditación para alcanzar un estado de paz mental.

Seguimos con una canción de un grupo tal vez algo menos conocido: Unknown mortal orchestra. Su tercer álbum se publicó a finales de mayo de este mismo año. Se trata de una mezcla de música soul y sintetizadores, con algún toque psicodélico. Por si les parecía poco, en el álbum se habla de una ruptura pero no de una pareja, sino de una relación de poliamor (un trío en este caso), protagonizado por el líder de la banda, Ruban Nielson, y su mujer.

En cualquier caso, la canción elegida, Can’t keep checking my phone, tiene unos aires ochenteros fantásticos. Y su tema no podría ser mejor: la reivindicación de la relación en la vida real frente al abuso de los dispositivos móviles. Si no pueden evitar poner los ojos en blanco cuando están con alguien que no deja de mirar el móvil, o les parece que las aplicaciones de móvil para encontrar pareja son un síntoma del declive de la civilización occidental, como me ocurre a mí, esta canción es para ustedes.

Y dejamos la electrónica para volver al lugar feliz del rock indie británico con The Vaccines, que desde 2010 vienen demostrando su dominio absoluto del género. Su último álbum, English Graffiti, es una propuesta más arriesgada que las anteriores. Su vocalista, Justin Young, afirma que grabaron el disco con el propósito de que siguiera sonando genial pasada una década. No sabemos qué pasará con The Vaccines dentro de una década, pero, ahora, en 2015, el disco suena muy bien y ellos han conseguido convertirse en referente del rock indie, con temas como Handsome o el que proponemos aquí, 20/20.

Sin salir del rock indie británico, pasamos a una de las bandas más originales e irreverentes de los últimos años, The Wombats, cuyas canciones se han caracterizado por la inclusión de múltiples referencias pop. Uno de sus mayores éxitos –y también una de mis canciones favoritas–, Let’s dance to Joy Division, es un buen ejemplo de por qué The Wombats se han ganado un huequecito en el corazón de los seguidores del rock independiente británico. No obstante la canción que les propongo es un single de su último disco, Glitterbug, publicado en abril de 2015. Parece que en este último disco apuestan más por el pop que por el rock, aún así, tienen buenas canciones como Greek tragedy o la elegida para esta ocasión, Give me a try.

La siguiente propuesta viene de la mano de un hombre que no necesita casi presentación, aunque suene tópico. Se trata de Albert Hammond Jr, conocido mundialmente por ser el teclista y guitarrista de The Strokes. Lo cierto es que no es una banda que nunca me haya interesado particularmente, sin embargo, las canciones de Albert Hammond Jr en solitario tienen un estilo mucho más peculiar y digno de atención. Tal vez distanciarse de la alargada sombra de la estrella (y diva) de The Strokes, Julian Casablancas, sea lo que Albert Hammond Jr necesite para desarrollar un tipo de música con más sustancia. Los adelantos de Momentary Masters, su disco en solitario que se publicará el 31 de julio, parecen apuntar en esta dirección. Escuchen Losing Touch y juzguen ustedes mismos.

Los tres siguientes nombres de la lista son apuestas seguras y regresos que muchos esperábamos ansiosos.

Para empezar tenemos la nueva canción de The Libertines. Hace unos años, parecía impensable que Carl Barat y Pete Doherty pudieran volver a compartir escenario y componer juntos; sin embargo, fueron las estrellas del último festival de Glastonbury, con una actuación sorpresa, en la que interpretaron sus clásicos, así como alguna canción de su esperado nuevo disco. Después de once años, las ganas de escuchar un nuevo trabajo de The Libertines son enormes. Parece ser que saldrá en septiembre y se llamará Anthems for Doom Youth. Mientras tanto, podemos escuchar Gunga Din. Y no se preocupen si se les escapa alguna lagrimilla de emoción, la ocasión no es para menos.

La ausencia de Beck quizás no haya sido tan prolongada como la de The Libertines; ahora bien, algunos echamos de menos el toque funk en su último disco. Morning Phase fue definido como folk, aunque yo me atrevería a decir, sin ánimo de blasfemar contra el semidiós de la música indie que es Beck, que era simplemente plano y algo aburrido. Me reafirmo en esta opinión aunque consiguiera ganar con este trabajo el Grammy al disco del año. De todos modos, el enfado que la victoria de Beck provocó en Kanye West (que llegó a subir incluso al escenario, ante el estupor del pobre Beck) justificó absolutamente la concesión del galardón a un disco que no es el mejor de la carrera de Beck.

En cualquier caso, según declaraciones del propio artista, su nuevo álbum será totalmente opuesto a Morning Phase (¡bien!), y podremos escuchar más guitarras y percusión. Con el single Dreams consigue ponernos la miel en los labios pues parece dispuesto recuperar el toque groovy que le faltaba a Morning Phase.

El último nombre de las apuestas seguras que mencionaba antes es Blur. Sin embargo, su inclusión aquí nada tiene que ver con la nostalgia de sus éxitos noventeros. Con su octavo álbum, The Magic Whip, y el primero en 12 años con los cuatro miembros originales, Blur puede presumir de regreso triunfal: el disco consigue aunar los logros de las respectivas carreras en solitario de sus miembros –especialmente en el caso de Damon Albarn y Graham Coxon- e insuflarles el estilo inconfundible de Blur, lo que no resulta extraño pues el productor del disco es Stephen Street, el mismo que trabajó con ellos en la década de los noventa.

The Magic Whip es el resultado de una improvisada sesión de estudio que tuvo lugar en 2013, cuando la banda tuvo que quedarse cinco días en Hong Kong después de que se cancelara un concierto. Así, las sesiones que dieron lugar a The Magic Whip vieron la luz gracias al empeño de Graham Coxon, que tuvo que enfrentarse al escepticismo de sus colegas. Demos gracias por su perseverancia, porque este nuevo disco de Blur contiene canciones brillantes, como My terracotta heart, que destila una belleza melancólica. Aunque Coxon calificó el disco como sci-folk, no puedo explicarles qué quería decir con esa ocurrencia. Lo que sí puedo hacer es recomendarles encarecidamente escuchar The Magic Whip de la primera canción a la última. Como ejemplo, uno de los últimos cortes: Ong Ong. Y el vídeo no tiene desperdicio.

Con Blur podría cerrar el repaso a las canciones que pueden salvarnos de perecer durante este verano sofocante. Ahora bien, como soy consciente del predominio absoluto de la música británica en mi selección –debido únicamente a una cuestión de vicios personales–, me gustaría incluir un bonus track con toques latinos para compensar. Les propongo una canción del último disco de Calexico, la banda originaria de Arizona que consigue mezclar ritmos latinos tradicionales con rock tejano americano. Su disco publicado esta pasada primavera y titulado Edge of the sun incluye la canción Cumbia de Donde, un fantástico ejemplo de fusión y talento, y justo contrapunto para el exceso de flema británica.

Copyright © Julia Alquézar Solsona. Reservados todos los derechos.

Julia Alquézar

Desde siempre he leído y he escrito. De niña era mi entretenimiento, de joven, mi refugio, y de adulta intento que sea mi sustento. Elegí la carrera de filología clásica porque desde el momento en que conocí las letras clásicas, y el griego clásico en particular, me sentí fascinada y no podía resignarme a estudiar ninguna otra cosa, por mucho más sensato que pareciera. Así, me licencié en Filología clásica por la U.B. y, a continuación, decidí cursar estudios de tercer ciclo, especializándome en estética del mundo clásico y teoría de la novela antigua, lo que me permitió obtener el Diploma de Estudios Avanzados.

Casi como consecuencia inevitable después de tantos años aprendiendo a traducir a los clásicos, empecé a trabajar en el sector editorial, primero como lectora y correctora, y después como traductora editorial de inglés, francés y catalán a español. Desde 2005, y tras cursar un postgrado de traducción literaria, he tenido la oportunidad de trabajar con grandes grupos editoriales y con editoriales independientes, como Rocaeditorial, Tempus, Penguin Random House, Edhasa, Omega-Medici, Ariel, Crítica, Destino, Noguer, Casals, Cambridge University Press, Bang, Siruela, RBA, Molino, Luciérnaga, Salsa Books, Gredos, Pearson, Blume, Proteus, Suma de Letras, Círculo de Lectores, Esfera de los Libros, Capitán Swing, Fórcola, Sajalín y S·D Ediciones.

Asimismo, compagino la traducción editorial con la enseñanza del griego, el latín y la cultura clásica en general en prácticamente todos los niveles de la educación secundaria obligatoria y el bachillerato, donde intento transmitir a mis alumnos mi pasión por la lengua y la literatura, así como los valores que caracterizan el espíritu humanista.

 

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