David Lynch: “The Big Dream”

Sí, un disco de David Lynch. Sí, el director. Sí, el de Twin Peaks, Eraserhead, Blue Velvety muchas otras joyas cinematográficas que nos han regalado algunas de las imágenes más perturbadoras y fascinantes.

Pues sí, por si no lo sabía, entre las muchas monerías de David Lynch está también hacer música y, por si tampoco lo sabía, Lynch acaba de publicar el que bien podría ser considerado su segundo álbum: The Big Dream.

Si usted es de los que no sabía que Lynch hacía música, espero que tampoco le sorprenda. El originario de Montana es claramente un director musical, en la misma medida en la que cineastas como Pedro Almodóvar, Quentin Tarantino o Woody Allenhacen de la música un recurso esencial en sus producciones. Si es seguidor del cine de Lynch, seguramente recordará algunas de sus escenas más icónicas acompañadas por alguna canción. Pero sorprendentemente, y a pesar de contar ya con varias producciones musicales, no ha entrado en la lista de directores que también musicalizan sus películas, como Alejandro Almenábar o, incluso, Clint Eastwood.

Por el contrario, si usted ya estaba familiarizado con esta faceta del director, entonces sabrá que su música y su cine tienen bastantes elementos en común. Destacaría en particular dos: siempre estará presente un elemento o noción perturbadora o desconcertante, así como la nostalgia por lo más clásico de Estados Unidos, la americana.

The Big Dreamconjunta justo esos dos elementos pero los lleva a otro nivel.

El cineasta ha decidido tomar el blues, una de las bases de la música actual, y evolucionarlo. Filtrarlo, procesarlo, recortarlo y entregar su propia visión del género, sin despojarlo de sus elementos más característicos ni de su esencia: ahí están las guitarras que enganchan, los bajos con eco que resuenan hasta lo más profundo y, sobre todo, el sentimiento; la sensación más primigenia del blues es la desolación, y Lynch es experto en el tema.

Basta escuchar la línea con la que abre el disco en la canción que le da nombre: “El amor es el nombre que está en el viento, el viento sopla a través de los árboles y las estrellas, hacemos nuestro deseo: estar juntos…ese es el gran sueño”. Esta frase será el mantra del tema inicial y una especie de leit motiv para el resto del álbum, en el que el amor, la soledad, la tristeza y la intimidad caracterizarán estas doce piezas de “blues moderno”, como Lynchmismo ha descrito su disco y se sienten en la tristísima “Cold Wind Blowin’”, la sensual “Say It”, la extrañamente romántica “We rolled tohether” o la desesperanzadora “Sun Can’t Be Seen No More”.

Al ser esta una revisión que Lynch hace del género son claras las influencias: “Star Dream Girl” podría ser perfectamente la canción que su tocayo Bowie hubiera hecho durante la década pasada, mientras que la referencia directa a Bob Dylan se hace en el cóver de “The Ballad of Hollis Brown”. Pero no sólo están ellos, también pareciera haber una especie de guiño al industrial de Nine Inch Nails, combinando así la crudeza del rock con sintetizadores y cajas de ritmos industriales, tal y como ocurre en “Last Call”, “Wishin’ Well”, o, sobre todo, en “I Want You”; mecánica, oscura y llena de deseo.

Pero es sin duda el Lynch que le canta al amor desesperado y vulnerable, como el de los personajes de sus películas, el que más luce en esta producción. Así lo hace en la canción iniciar y titular y en la encargada de cerrar: “Are You Sure?”, una balada que en la liviana y nasal voz del director suena ligera, como algo que cualquiera podría estar cantando en un karaoke, pero al adentrarse en la música se encuentra la misma extraña combinación de desolación y esperanza con la que iniciamos.

Como epílogo y bocadillo para cualquier amante de la música está “I’m Waiting Here”, bonus trackque fue el primer tema en darse a conocer y en el que el director hizo uno de los mejores castings de la historia: Lykke Li cantando un blues desesperanzado (la canción por la que Lana del Rey habría matado).

The Big Dreames la muestra más clara de que un auténtico creativo no tiene límites para expresarse. Y de que David Lynch, en medio de todo el desconcierto, sabe mucho del amor.

Copyright © Arturo Loría. Reservados todos los derechos.

Publicado originalmente en la revista Esnob bajo licencia CC BY-NC-ND 3.0

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