Los nuevos número uno

Esta semana trascendió la noticia de que la ahora controvertida Miley Cyrus (jamás pensé que escribiría eso), obtenía su primer número uno con “Wrecking Ball”. Tan sólo quince días después de la actuación que convirtió a la hija de Billy Ray Cyrus en un meme viviente y que revivió a los convalecientes MTV VMA’s, se presentó el video para el segundo sencillo de Bangerz, la cuarta producción de la otrora Hannah Montana.

El tema con el que la Cyrus trascenderá en las listas de éxitos es una power ballad producida por Dr. Luke Cirkut que, posiblemente bajo otras circunstancias, habría pasado desapercibida; pero que, gracias a la controversia que ha rodeado a la cantante las últimas semanas y al hype generado en torno al video dirigido por Terry Richardson (literalmente, el fotógrafo de las estrellas), ha conseguido encabezar el Billboard ¿Cómo es esto posible?

La respuesta, curiosamente, está en el “Harlem Shake” ¿Recuerda cómo a principios de febrero de este año todo mundo estaba “¡con los terroristas!”? Pues bien, gracias a eso es que cantantes como Miley o incluso Psy y su “Gangam Style” tienen la posibilidad de alcanzar estos números. El secreto está en una política instaurada por Billboard hace unos meses.

Desde el 21 de febrero pasado, el sistema de sondeo de popularidad musical incluyó las visitas en Youtube como parte de sus conteos. En ese entonces, el tema del cuasi desconocido Baauer (mucho más familiar con la escena electrónica que con la mainstream) había generado un tsunami de memes en Youtube que, apenas incluir esta política, convirtió al productor de Mad Decent (disquera propiedad de Diplo), en el rey del Billboard Hot 100 (el de las canciones más tocadas en todo Estados Unidos) durante cinco semanas consecutivas. Un éxito muy improbable bajos otras circunstancias.

Las nuevas medidas por parte de Billboard fueron posibles gracias a que, desde octubre de 2012, la compañía comenzó a utilizar el sistema Nielsen Soundscan, que no sólo detectaba las descargas digitales o de streaming (reproducciones en sitios como Spotify o Rdio, por ejemplo), sino que permitió contabilizar lo que los canales oficiales de Youtube y Vevo subían a sus servidores. La clave, sin embargo, es que gracias al sistema Nielsen, también se contabilizaban los videos subidos por los usuarios. Eso quiere decir que cada parodia del “Harlem Shake” le regalaba un punto más a Baauer en el Billboard.

La medida fue criticada por músicos y compositores (incluido, curiosamente, Baauer mismo), quienes acertadamente acusaron a Billboard de que, con esto, facilitaban a las disqueras métodos para inflar sus números. En pocas palabras: se empoderaba el principio de que no es necesario tener una buena canción para vender, lo que importa es cómo venderla.

Así pues, si desde la década de 1950 se batallaba con la payola, ahora era posible encontrar formas mucho más evolucionadas de estos métodos poco éticos para vender un tema o un artista a como dé lugar.

Por lo mismo, no fue casualidad que Lady Gaga le dijera a sus fans que no importaba si no compraban “Applause”, su nuevo sencillo, sino que insistiera en que vieran el video. De hecho, Billboard tuvo que llamar la atención de la Madre Monster después de que ésta enviara un tuit bastante explícito a sus más de cuarenta millones de seguidores en el que les indicaba que tenían que ver su video.

“Contamos las múltiples visitas [en un video] por persona. Ve a Vevo, manténte viendo un mismo video y lo contamos. Un artista compartiéndole a sus seguidores a través de Facebook o Twitter un link que reproduce inmediatamente su video no está en el espíritu de lo que contamos”, tuiteó Bill Werde, editor de Billboard, a raíz de la técnica empleada por Gaga, que resultaría en su expulsión temporal de las listas.

Lo que Gaga hizo fue, si acaso, una muestra muy poco sutil de lo que la industria está haciendo en estos días: buscar los mecanismos para posicionar a sus artistas, sí en la radio y la televisión, pero ahora también en internet: que se tuitee de ellos, que se publiquen toneladas de posts sobre ellos en Facebook y que los números de Youtube rompan récord cada semana.

Basta volver al caso de la Cyrus: mientras el sencillo que la ha posicionado en el número uno de esta lista está en las radios en el número 59, el video en Vevo ha superado los 121 millones de visitas hasta el momento de escribir este texto.

Probablemente esto no le importe mucho a quien la mayor parte de la música que escucha no está en estas listas, pero lo cierto es que estamos hablando de que una canción como “Wrecking Ball” ocupa el mismo espacio que en su momento ocuparon Elvis Presley, los Beatles, Michael Jackson o Madonna, por mencionar tan sólo algunos.

Por supuesto, finalmente así es como ha operado el pop toda la vida; cabría preguntarse si medidas como ésta destruyen a la música o sólo la transforman.

Copyright © Arturo Loría. Reservados todos los derechos.

Publicado originalmente en la revista Esnob bajo licencia CC BY-NC-ND 3.0

 

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