¡Camarero, hay una película en mi libro!

Es muy posible que al lector interesado exclusivamente en el contenido de un libro (el cuerpo de la obra, su maquetación, una buena traducción sin erratas ni censura, etc.), la portada no le preocupe demasiado. “No hay que juzgar a un libro por su cubierta”, se suele decir.

Pero tengamos en cuenta que los libros, además de contener literatura, también pueden ser piezas de colección. Eso no lo entenderán los afortunados partidarios del libro electrónico (al parecer, todo son ventajas si uno utiliza esos chismes). Sin embargo, algunos locos todavía consideramos que hay pocos objetos más decorativos que unos volúmenes de bonita encuadernación.

De ahí que este puñado de fetichistas odiemos con intensidad que nos cuelen en la cubierta el cartel de una película. Y no es que consideremos que el cine sea algo inferior a la literatura –les habla un cinéfago patológico–, sino que, en nuestra opinión, son dos cosas distintas, que deben presentarse por separado.

Por ejemplo, adoro a Kim Basinger. De hecho, creo que el remake de La huida que protagonizó junto a su ex Alec Baldwin, dirigido por el casi siempre eficaz Walter Hill, era una película más que digna. Pero no me gusta que me cuelen un fotograma del film en la cubierta de la novela de Jim Thompson en la que se inspira la cinta. En este último caso, me dan ganas de conseguir otra edición y abandonar la que tengo en una biblioteca pública.

Y es que esa foto de una bella pareja de los 90 no tiene mucho que ver con lo que uno lee en la obra: gente con sombrero, de otra época, sin demasiado parecido con los protagonistas de Ella siempre dice sí.

¿Es tan mala la adaptación que realizó Brian De Palma de La Dalia Negra, la aclamada novela de James Ellroy? Bueno, no es uno de los mejores films de este director. Tiene sus puntos de interés, pero, en todo caso, me duele ver a Josh Harnett y a Scarlett Johansson en la cubierta de mi ejemplar de la novela.

Los personajes no son así, al menos en mi cabeza. Sí, son dos estrellas atractivas, pero… ¡largo de mi libro!

Además, si se tiene la costumbre de leer en público, uno parece un panoli que se ha comprado la novela porque han estrenado la película. Lo cual tampoco es algo agradable.

A veces, si no hay otra edición a mano, no se puede evitar comprar un libro con una portada cinematográfica. Pero en otras ocasiones, la imagen puede ser tan atroz que acaba ahuyentando al posible comprador.

Hace poco, vi en una sección de ofertas (libros a un euro) un ejemplar de Los Tres Mosqueteros. La inmortal obra de Alejandro Dumas, en esta ocasión, lucía en su cubierta el cartel de la chiripitifláutica “adaptación” de Paul W.S. Anderson, película que incluía batallas aéreas, una Milla Jovovich repartiendo espadazos y muchas más tonterías desquiciadas que ya nadie recuerda.

Vale, en contadas ocasiones, uno puede ser transigente (una novela de Raymond Chandler con una imagen de Bogart, el Tiburón de Peter Benchley ilustrado con el cartel de la muy superior adaptación cinematográfica de Spielberg…), pero otras veces parece que la cubierta ningunea al propio libro.

Me refiero, especialmente, a frases publicitarias del tipo: “La novela que inspiró TAL COSA”, ya sea esa cosa una película, otro libro, una serie de televisión o un programa de televisión-basura.

No sé si ha sucedido, pero espero que no haya una edición de 1984 con el logo de Gran Hermano.

Para colmo, a un servidor le ha llegado a casa un ejemplar de The Moon Pool, una novelita de aventuras escrita por Abraham Merritt en 1919. Se trata de un libro fantástico sobre una isla perdida. ¿Figura en la cubierta alguna deliciosa ilustración de la época? ¡No! Lo que vemos son las siluetas de unas palmeras y el título escrito con una tipografía muy similar a la de la serie Perdidos (Lost). ¡Pero eso no es todo! En el prólogo, se detalla que la novela puede ser una inspiración de la exitosa teleserie.

Miren, yo fui fan de Lost. La seguí en la cadena Fox desde el primero hasta el último episodio, y sin embargo, no necesito que me lleven de la mano. Sé que el éxito televisivo remite a varias fuentes literarias (y televisivas, y cinematográficas). Por eso me gustaba, entre otras razones.

Siendo sinceros, la cubierta de La isla misteriosa podría ser idéntica a esta que nos ocupa (en la propia serie, esa combinación de granuja y nerd que era Sawyer, hacía un chiste al respecto). Muchas obras anteriores han inspirado a los creadores de Lost, y aun así, no hace falta exhibir tanta desesperación para venderlas.

Desde un punto de vista comercial, entiendo que las editoriales se busquen las castañas, como todos lo hacemos. A la hora de planificar un lanzamiento, el empuje de una película, una serie de televisión u otro éxito literario es demasiado fuerte como para desaprovechar la oportunidad.

Pero todo ello nos conduce a una conclusión inevitable, y es que eso que llamamos realidad es un lugar antiestético.

Copyright © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

Es coautor del libro 2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario (Notorius Ediciones, 2018).

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