Jueves, 15 Noviembre 2012 00:20

Entrevista con Albert Montagut: "NewPaper" Destacado

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Albert Montagut

Albert Montagut representa con nitidez los ideales del periodismo clásico. Ha sido corresponsal en Washington de El País, director de la edición de El Mundo en Cataluña y adjunto a la dirección de El Periódico de Catalunya. Asimismo, dirigió el diario ADN desde su nacimiento en 2005 hasta su cierre en 2011.

En su nuevo ensayo, NewPaper (Deusto, 2012), estudia en profundidad qué efectos ha tenido en la prensa la revolución digital, y dibuja en el futuro del periodismo tantas promesas como incertidumbres. Entre los testimonios recogidos por el autor, figura una lista de nombres entre los que no quisiera olvidar a Juan Luis Cebrián, Pedro J. Ramírez, Gumersindo Lafuente, José Antich, Ignacio Escolar, Antonio Franco y José Antonio Zarzalejos.

Montagut se sienta frente a mí con un aire cordial y entusiasta. Al preguntarle a bote pronto sobre el mal momento por el que pasa la profesión, me responde con un presagio: "Yo creo que vamos a un punto en el que el periodismo tiene una última oportunidad en España. Si no es la última, es una de las últimas."

Albert, en contra de las expectativas, el desarrollo online de los medios informativos no se traduce en grandes beneficios publicitarios. Al mismo tiempo, la prensa tradicional se enfrenta a un invierno mediático, cuya consecuencia más inmediata son los despidos de periodistas. ¿Cuál debe ser el primer reto en una coyuntura tan compleja? ¿Aún es posible definir un modelo de negocio sostenible para la prensa en internet?

En primer término, se trata de compaginar la edición impresa con la edición online. Y créeme, ese es un punto de convergencia que va para largo. No es cosa de un día. El proceso ya dura quince años y aún se alargará un poco más, porque es un conflicto que está por solucionar. El periodismo español pasa por una crisis existencial muy grande, y precisamente por eso deberíamos aprovechar la oportunidad que nos brinda el mundo digital.

¿Crees que el online es parte de la solución?

Sin duda, el online debería servir para revitalizar el periodismo como una herramienta básica en la sociedad. Digo esto porque el periodismo tendría que mantenerse como una forma de compromiso social, como una forma de contar las cosas. No sencillamente un corta y pega o una transmisión automática de teletipos, sino algo más.

Hemos de recuperar el periodismo. Y precisamente es el verdadero periodismo lo que nos ha de ayudar a que la convergencia print-online sea la adecuada. Me refiero tanto a los grandes medios como a los nativos digitales. La fórmula es evidente: clasicismo en los conceptos, con la energía añadida por los jóvenes, a través de sus nuevos lenguajes y herramientas.

En tu libro, Pedro J. Ramírez dice: "El resumen de internet es un espectacular éxito desde el punto de vista de audiencia y un desastre como modelo de negocio".

Cuando en 1995 llegó Internet a nuestro mundo, mucha gente no se dio por enterada. Había jefes de redacción que, cuando les encargaban la edición digital, parecía que les habían condenado a galeras. En su momento, nadie se dio cuenta de lo que suponía esta revolución. Andrés Gil aparece en el libro explicando este dato. Cuando llegó a la Escuela de El País, una persona muy relevante le dijo: "El que vale, vale, y el que no, va a la web". Esto lo hemos estado viviendo hasta hace cuatro días.

Se gastó mucho dinero en fusionar redacciones, en adquirir máquinas, en despedir y contratar profesionales... En definitiva, una bronca brutal. La misma bronca de la que fui testigo en el New York Times, en el Wall Street Journal... El caso es que nadie se aclaraba. Hoy mismo sigue habiendo muchos periódicos que no saben lo que tienen que hacer con internet.

De hecho, todavía no sabemos cómo obtener beneficios a una determinada escala en el entorno digital.

Como dices, hay que ganar dinero. Es cierto que no hay modelo, y sin embargo, hay gente que consigue ingresos en webs específicas. Viene a ser como una calle con muchos bares y restaurantes. ¿Quién obtendrá beneficios? El que sirva las mejores tapas, o el que ofrezca una carta de vinos extraordinaria. No se trata de multiplicar la inversión. La clave está en diseñar con inteligencia tu unidad de negocio.

Es cierto que hay proyectos de bajo coste que pueden salir adelante, pero la cosa se complica cuando en un medio está involucrada una redacción tradicional, con el gasto que supone.

La filosofía de los blogueros permite obtener audiencia extraordinaria. Esta es una opción. Sin embargo, a la larga, las webs informativas no van a vivir solo de la opinión. Como siempre, hay que conseguir noticias y exclusivas. Y para eso necesitas una redacción bien pagada.

En este sentido, tú eres un defensor del periodismo a la vieja usanza.

Es que una de las soluciones a esta crisis es el reporterismo... ¿Tienes problemas en tu medio? Envía quince tíos a la calle. De los quince, dos volverán con noticias que los otros medios no tendrán. Las editas en primera página, y ya tienes un periódico diferente. He sido reportero de sucesos y reportero judicial, así que tengo razones para saber que el reporterismo es la base de los periódicos.

Un periódico no puede ser considerado como tal sin esos reporteros que entran con nuevas noticias a las siete de la tarde, y levantan interés entre los compañeros, los redactores jefes y los directores adjuntos.

Por desgracia, el foco político desbancó al reporterismo. Perdimos el contacto con la gente. Durante unos cuantos años, hemos dejado de pensar en lo que les interesa a los lectores. Yo siempre me peleaba en el periódico porque los temas propios no fueran los que metíamos en primera página. ¿Cuál era la consecuencia de esto? Pues que, al día siguiente, las portadas de todos los periódicos eran iguales. En cambio, cuando publicábamos en la portada una noticia que no era la que la competencia iba a poner, notábamos en la distribución subidas de diecisiete mil ejemplares. 

Algunos editores de prensa empiezan a comprender que no era rentable el incremento de audiencia proporcionado por los canales gratuitos. Ante esa evidencia, hay medios que apuestan por sustituir a los veteranos por becarios, beneficiándose de redes de blogs que aportan contenido sin coste alguno.

Ese esquema puede funcionar durante un tiempo, pero no es periodístico. Estamos hablando de medios de comunicación, y un medio de comunicación está muy bien que reúna muchas opiniones, pero lo que ha de aportar es únicamente una cosa: información. Y si es exclusiva, mejor.

La prensa no solo ha perdido beneficios publicitarios. Especialmente en las ediciones digitales, también ha perdido credibilidad. Uno echa de menos aquel tiempo en el que las cabeceras de los medios tradicionales eran muy respetadas.

La autoridad de los medios se perdió hace muchos años. En realidad, la crisis económica es la cuarta crisis en afectarnos, y por consiguiente, no es la única razón de nuestra decadencia. La primera crisis, precisamente, fue la pérdida de identidad y de objetividad por culpa de esa politización excesiva de la que hablábamos.

Al convertir los periódicos en algo politizado, el lector toma partido inmediatamente y la opinión se mezcla con la información. Todo ello es muy negativo, y por eso hay que retomar viejos conceptos como el de la objetividad.

La politización nos llevó a una segunda crisis, que es la pérdida del reporterismo. La política lo ha tapado todo. El reporterismo quedó muy herido o murió entre los años ochenta y noventa.

La tercera crisis surgió al no entender la convergencia digital. Desde hace quince años, hemos visto el crecimiento del online, pero no lo hemos intentado canalizar correctamente. Se han invertido enormes cantidades en ello, pero lo hemos hecho mal.

Han faltado estrategias bien concebidas. Las grandes cifras se han manejado sin planes realistas y sostenibles.

Exactamente. Tú lo has dicho. Lo peor de todo, es que, con esas tres crisis aún por arreglar, nos ha estallado la crisis económica. Son innegables tanto su gravedad como sus efectos, pero sería un error considerar que es la causa de todos nuestros males. Sin la solución de las tres crisis anteriores, no hay nada que hacer.

En otros países, parece que la transición digital ha sido menos traumática. Incluso empieza a definirse sin dramatismo lo que está por llegar.

He pasado unas semanas en Corea. Yo pensaba que en el mercado asiático, con sus cifras de venta, el periódico impreso aún tenía recorrido. Sin embargo, no había ni un solo periódico en el metro de Seúl. La Samsung Galaxy SIII, que ha superado en ventas al iPhone, estaba en manos de todo el mundo. Era increíble ver un vagón lleno de gente, jugando o leyendo, pero también recibiendo breaking news constantemente. Supongo que el que ve uno de esos titulares, cuando llega a casa o a la oficina, quiere leer algo más.

Si pensamos en los medios digitales españoles, no es muy esperanzadora la desaparición de proyectos tan prometedores como Soitu, Factual o ADN.es.

Soitu era un gran proyecto. También lo era Factual, de Arcadi Espada. Me encantó el proyecto de Arcadi. Fue uno de los mejores que he visto, con un excepcional diseño y una espléndida navegación vertical-horizontal. También los contenidos pretendían –y muchas veces lo conseguían– ser excepcionales. No tuvo suerte. Tampoco tuve yo suerte con ADN y con ADN.es. Ni la tuvo Gumersindo Lafuente en Soitu.

No obstante, es verdad que esas experiencias nos sirvieron para ver un poco por dónde se tenía que ir. Los que, usando una expresión de John Müller, hemos sido "capitanes de naufragios" hemos llegado ahora a una isla. No sé si la isla es grande o pequeña. Yo no establezco soluciones mágicas. Pero me gustaría dejar patente que existe un camino: hay que transmitir información de primera calidad. Si puede se exclusiva, mejor. Y sobre todo, nuestro trabajo ha de responder a los fundamentos de lo que es el periodismo clásico, porque muchas veces, en el mundo online, eso no se tiene en cuenta.

Por unas razones o por otras –el endeudamiento, las operaciones grandilocuentes, la tormenta financiera–, ahora nos encontramos con que hay que definir redacciones competitivas después de despedir a muchos periodistas.

Conozco a muchos periodistas que se están quedando sin trabajo. Siempre llego a la misma conclusión. ¿Ganaba dinero la empresa en la que estaban empleados? No. ¿Cuánto tiempo se puede sostener el salario de un profesional en una empresa que no gana dinero? El tiempo que tarde el empresario en decir que se ha acabado. Eso es así. Lo dice Dan Rather: la información es un negocio. Distinto a todos, pero un negocio. Con esta idea de fondo, lo cierto es que los medios online que desprecian lo que es la esencia del periodismo se equivocan. Y también se equivocan los periodistas que han despreciado el online.

Hacer periodismo cuesta dinero. Necesitas redactores seniors, necesitas estructuras redaccionales potentes... Por otro lado, no digo que no funcione una redacción joven, sin muchos recursos. Hay webs increíbles que están funcionando con cuatro tíos.

Las hay que incluso funcionan con máquinas inteligentes, capaces de elaborar contenidos.

Es cierto, pero las que funcionan con máquinas tienden a ser reproductoras de noticias. Lo que buscamos en la prensa es el sentimiento vibrante de lo que es el periodismo: el reportaje, el contacto con la gente... Eso es lo que buscamos, y eso es lo que yo creo que deberíamos mantener vivo.

Simplificando mucho, ahí tenemos dos planteamientos: el del agregador que rebota noticias y genera comentarios, y el de la redacción tradicional, que va fidelizando a los lectores con un esfuerzo mucho mayor.

Por supuesto, me interesa más el segundo modelo.

¿Y cómo se lo vendemos a quien pone el dinero?

El editor ha de confiar otra vez en el periodismo. Si quiere información, ha de invertir en este modelo. De momento, predomina la desconfianza porque los editores están perdiendo mucho dinero. ¿Por qué? Porque hay que cambiar las estructuras en la mayor parte de empresas. Se han de adecuar a los nuevos tiempos. Y es lo que está pasando. Se están reestructurando los medios, con un castigo tremendo en los profesionales.

Lo malo es que, como te decía, los seniors empiezan a ser sustituidos por blogueros que escriben por amor al arte o por jóvenes sin experiencia.

Es cierto. Pero esto obedece a algunos casos concretos. Insisto: lo que defiendo aquí son los negocios sostenibles.

¿Debe volver el modelo de pago? ¿Crees que el lector español se adaptaría a esa fórmula?

En España hay una necesidad de información de primer nivel, que no se tiene, y no se tiene porque la crisis en la que estamos nos ha desviado del foco. Creo que estamos un poco despistados. También pasamos por un momento en el que vamos en muchas direcciones simultáneamente. En esta batalla por la supervivencia, se mantendrán blogs unipersonales, o medios muy económicos, realizados por pocas personas. También lo conseguirán grandes conglomerados, con webs muy potentes. Obviamente, quienes sobrevivan, tendrán que ser sostenibles.

Si puedes ganar dinero con una redacción tradicional, teniendo los contenidos abiertos, bingo. Si no, a lo mejor los tienes que tener cerrados, y ofrecerlos previo pago. Lo veremos.

¿Cómo debe afrontar el profesional del periodismo esta sucesión de crisis?

Si tiene un puesto de trabajo remunerado, ha de conseguir información. Eso, y además tendrá que salir a la calle. Si estás en la redacción, el corta y pega no va a ningún lado. Así pues, el que tiene trabajo tiene la obligación de no olvidar la esencia de nuestro oficio.

Durante estos últimos años, han proliferado los periodistas de perfil bajo, cuya falta de competencia daba a los lectores exigentes la sensación de que cualquiera puede dedicarse a este oficio. Basta escuchar algunas preguntas que se hacen en las ruedas de prensa para comprobarlo.

Claro, es que el trabajo del periodista es llevar al lector algo que desconozca. Y hemos de conseguir que eso prevalezca. Se ha olvidado, se ha dejado al margen, y es una verdadera lástima.

Por otro lado, si uno es un romántico del periodismo, es poco alentador ver que, entre lo más leído de los periódicos digitales, figuran determinadas noticias sobre personajes como Belén Esteban.

Esto es la realidad, y hay que aceptarla.

¿Y qué hacemos para evitar esa tendencia?

De entrada, creo que dice mucho de un gran medio de información general que reconozca que lo más leído en su web es un artículo sobre Belén Esteban. Esto, de entrada, es transparencia informativa. Pero lo deseable es que esa web, además de la historia sobre Belén Esteban, publique tres o cuatro buenos reportajes y una buena exclusiva que le cuente a la gente algo que no sabe.

Ahí surge otro inconveniente: hay quien agregará esos contenidos ajenos sin pagarlos.

En este punto, entramos en el desgobierno y el descontrol que es el mundo online... En Alemania, el consejo de ministros ha aprobado un proyecto de ley por el que Google tendrá que pagar a los periódicos por mostrar sus titulares en los resultados. Como ves, va a haber cambios. Vamos a comprobar hasta dónde nos llevan.

Copyright del artículo y la fotografía superior © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Visto 1781 veces Modificado por última vez en Martes, 05 Febrero 2013 12:58
Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2007, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (TheCult.es), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las artes.

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