El  13 de octubre de 1307, el rey Felipe IV de Francia decidió por cuenta propia ordenar la detención de todos los templarios y el requisamiento de todos sus bienes, acusándolos de herejía, sodomía y adoración de ídolos paganos. Aun así, el Papa Clemente V tardaría unos cuantos años en apoyar la disolución definitiva de la Orden, en lo que muchos han considerado una conspiración para acabar con el enorme e incómodo poder que había adquirido la misma y que, entre otras cosas, tenía endeudado al rey francés. Hasta entonces, los templarios habían sido, durante casi dos siglos, modelo y ejemplo del buen hacer cristiano.

Hace diez años escribía, por primera vez, la pasión que siento por Sevilla. Una pasión que, hasta entonces, llevaba sólo para mí, no compartía con nadie. Y lo escribí en el único de mis libros que nunca ha visto la luz, el único que permanece inédito. Un estudio dedicado a Cristóbal Colón. Un libro cuyo epílogo, escrito en pleno barrio de Santa Cruz, decía, entre otras cosas:

Hace unos años conocí a un hombre libre. Libre porque sabía muy bien lo que quería y le importaba muy poco lo que el resto pensase de él. Me enseñó muchas cosas. Hoy he recordado una de las que más me impactó.

Era noviembre y hacía un frío intenso. Aún quedaban restos de la nieve caída los días anteriores. El cielo, gris plomizo, amenazaba con más. Me ajusté la mochila a la espalda, me puse los guantes, di un par de vueltas a la bufanda y me dispuse a comenzar mi aventura del día.

Remedios Varo no sólo es pintora. Su imaginación se desborda en sus cuadernos, manuscritos autógrafos llenos de anotaciones, con caligrafía legible y sin apenas enmiendas o tachaduras. Escritos de carácter privado, libres de ataduras, donde se manifiesta su libertad de creación.

Hace diez años estaba en la Biblioteca Histórica Complutense, en el antiguo barrio de la Universidad, en la calle Noviciado de Madrid, terminando la selección de textos que conformaron mi Bibliotheca Magica, la exposición bibliográfica sobre magia renacentista que tuve el gusto de comisariar.

"La imagen de Juana en Tordesillas es valiosa por los claroscuros que en ella aparecen. Supone un diseño propio y un apartamiento decidido de la corte, del poder y del gobierno. Ha conseguido liberarse de la fuerte carga que para ella ha debido de ser el soportar el doble cuerpo del rey y de una mujer con ideas propias.

A veces, mientras escribes, te atascas en un concepto y no hay forma de avanzar. Escribiendo sobre mujeres y alquimia quiero decir que la alquimia es una forma de "empoderamiento" de las nobles cortesanas del siglo XVI. Pero resulta que la palabra "empoderamiento" me supera.

María de Zayas, la gran novelista madrileña María de Zayas, de la que apenas se tienen datos, dejó para la posteridad dos conjuntos de relatos breves, destinados a prevenir a las jóvenes de su tiempo, las jóvenes de esa España Imperial.

Dicen que la vida de Agatha Christie comenzó cuando cumplió los cuarenta, edad crítica para muchas personas, pero no para la mundialmente conocida como Dama del Crimen.

Amanecía, en el piedemonte de la sierra de Gúdar. Amanecía en un viejo convento de carmelitas. Un convento, cuentan, construido por un experto en hierbas medicinales que, dicen, fue boticario de Felipe II. Amanecía en aquella habitación construida en lo que, un día, fue claustro. Me levanté. Olfateé la mañana. Miré, a través de los cristales, las piezas esculpidas del maestro Gonzalvo.

Dos retratos de Dora Maar, pintados por Picasso, fueron las estrellas de la subasta de arte celebrada el 10 de mayo de 2000 en la neoyorkina sala de Sotheby's. "Buste de femme à la frange" partía con un precio inicial de dos millones de dólares.

El 8 de septiembre de 1522 arribaba, al puerto de Sevilla (¡ay, mi Sevilla!), la maltrecha nao Victoria. Dos días antes había hecho lo propio, en Sanlúcar de Barrameda, la bella Sanlúcar. Dieciocho barbudos harapientos desembarcaron de aquella nave, predestinada, por nombre, a ser la protagonista del mayor acontecimiento que habían visto los siglos: la primera circunnavegación de la Tierra.

Cuenta la tradición que el viejo convento de carmelitas calzados fue fundado por Miguel Navarro, boticario de Felipe II. Nunca, hasta hace unos días, había oído hablar de Miguel Navarro, aragonés de Rubielos de Mora, experto herbolario y diestro boticario.

"Soy la única mujer que dejó a Picasso, la única que no se sacrificó al monstruo sagrado. Soy la única que aún está viva para contarlo. Después de todo, mire lo que les ocurrió a las otras. Tanto Marie-Thérèse como Jacqueline se suicidaron (la primera se ahorcó; la segunda se pegó un tiro). Olga se volvió histérica y casi loca. Dora Maar enloqueció."

La Gentileschi es una de las tres únicas pintoras mujeres con obra expuesta en el Museo del Prado. Las otras dos son Sofonisba Anguissola, mi idolatrada Sofonisba, y la flamenca Clara Peeters.

Un año son trescientos sesenta y cinco días. Con sus trescientas sesenta y cinco noches. Un año puede ser una vida o un suspiro. Un devenir anodino o un flujo torrencial.

Larry, Chief Mouser to the Cabinet Office of the United Kingdom of Great Britain and Northern Ireland. Es decir, el cazarratones jefe del Gobierno británico.

"Me amputaron la pierna hace seis meses, se me han hecho siglos de tortura y en momentos casi perdí la razón. Sigo sintiendo ganas de suicidarme. Diego es el que me detiene, por mi vanidad de creer que le puedo hacer falta. Él me lo ha dicho y yo le creo. Pero nunca en mi vida he sufrido más. Esperaré un tiempo..."

Este hombre es Sir Samuel Hoare, Primer Lord del Almirantazgo y Ministro del Interior en la Inglaterra de los treinta, además de uno de los principales enemigos políticos de Sir Winston Churchill, flamante Primer Ministro del Reino Unido. Un Sir Winston Churchill destinado a llevar las riendas del destino de su país en uno de los momentos cruciales de su historia, cuando Inglaterra se jugaba su razón de ser en una Europa invadida por el fascismo.

Don García de Silva y Figueroa (1550-1624) fue un veterano soldado de los míticos Tercios de Flandes que tiene el orgullo de ser el primer occidental en identificar las ruinas de Persépolis, la antigua capital del imperio Aqueménida.

Yo nací en Madrid porque mis padres decidieron vivir y trabajar en esta ciudad. Sin embargo, mi cultura es del norte, es gallega y asturiana por partes iguales. Mis comidas, mis horarios, mis formas de llamar a las cosas. Incluso, si me esfuerzo, el tono con el que hablo.

14.000 actrices fueron entrevistadas. 400 pasaron la prueba. Y sólo una se hizo con el papel. Una que, encima, no era ni norteamericana, sino británica. Una actriz que nada sabía del Sur Confederado ni de plantaciones esclavistas. Las críticas fueron feroces. Pero la Leigh, Vivian, se hizo con el papel. Y ganó un Oscar por su interpretación de Scarlett O'Hara.

Cuenta Fernando Savater que, en su primera visita a México, en la década de los setenta, fue invitado por Octavio Paz a una cena en la que participarían el antropólogo Claude Lévi-Strauss y la pintora Leonora Carrington. Llegada la hora, la Carrington excusó su asistencia, una ausencia que Lévi-Strauss comentó con un escueto "pues yo prefiero que no haya podido venir". Ante la mirada sorprendida de Octavio y Fernando, el antropólogo se sintió en la obligación de añadir un "la conocí hace treinta años. Era tan hermosa y estuve tan enamorado de ella que no sé cómo habría soportado verla hoy".

Sor Juana había nacido al mundo como Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana. Y era hija natural, en aquel México del XVII que no era tal México sino Virreinato de Nueva España. Era hija natural porque su madre no quiso casarse con su padre. Porque era una mujer con recursos propios que decidió no atarse a ningún hombre y tener hijos con el (los) que quisiese.

La posible mutación de mujeres en hombres a través de la aparición de barba es un hecho que se encontraba en tela de juicio durante todo el siglo XVI. La barba, como símbolo de virilidad y de honra, era la marca diferenciadora entre los sexos, de ahí que su presencia en rostros femeninos sólo pudiese explicarse por una transmutación de las mujeres en hombres.

Yo tenía 22 años, una licenciatura en Farmacia recién estrenada y todo el tiempo del mundo. Había estudiado Farmacia a falta de una maldita décima. La maldita décima que me apartó de estudiar Medicina, la carrera que había elegido como primera opción. Pero, en realidad, lo que a mí me gustaba era la Historia. Y, en aquel lejano verano de 1992, recién licenciada en Farmacia, tomé la decisión que iba a marcar el rumbo del resto de mi vida: hacer una tesis doctoral en Historia de la Ciencia.

Finalizaba el siglo XIX cuando aquella tímida joven, de vestidos desastrados y actitud tímida, obtenía su licenciatura en Físicas en la universidad parisina. Apenas hablaba con nadie. Siempre se sentaba en primera fila. Y tenía un interés desmedido por aprender.