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Vivimos en una época de hiperfragmentación e impaciencia. En el entorno audiovisual, eso se traduce en jóvenes deglutiendo teleseries en sus smartphones ‒saltándose una o más secuencias cuando les aburren‒ y en youtubers que regalan a su auditorio fracciones y remontajes de películas, como si éstos fueran otro meme con el que buscar nuevas complicidades.

Casi todo puede parecer sorprendente o épico cuando lo describe Brandon Sanderson. Ya se sabe que este escritor, seguido por una legión de lectores, mejora sus habilidades narrativas en las distancias largas, como se comprueba en este extenso y ameno volumen, tercero dentro de la saga de El Archivo de las Tormentas.

A medida que la inteligencia artificial va adueñándose del futuro, el desconcierto y las ilusiones se alternan en nuestras vidas. En cierto modo, es como si la ciencia-ficción se hubiera convertido en una promesa cumplida, a través de un despliegue casi infinito de posibilidades que hoy se hacen realidad.

Pocos temas resultan tan atractivos como el que aborda en este libro el paleoantropólogo Antonio Rosas, del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Indagando en las raíces evolutivas de los humanos, intenta esclarecer cómo era el último antepasado que compartimos con los chimpancés y cuál fue su evolución hasta llegar al género Homo. Su talento comunicativo facilita enormemente la comprensión de este apasionante pero enrevesado capítulo de nuestra historia evolutiva.

Este es un libro amable, un relato sencillo. Parte de una historia muy dura, un niño maltratado. Pero Paul Gallico pone el énfasis en lo bueno, en la gente que se ofrece generosamente para ayudar a los demás y así salva con elegancia lo sórdido.

La primavera de 2016 se inauguró con un éxito editorial: Tú no eres como otras madres, que lanzaron de forma conjunta las editoriales Periférica y Errata Naturae. Esta colaboración, que se convirtió en una feliz idea, dio sus frutos y, además de la crítica, el boca a boca, que es al fin lo que hace que un libro triunfe, lo convirtió en uno de los libros del año. El nombre de Angelika Schrobsdorff saltó a la actualidad literaria y aunque es muy difícil de pronunciar nos descubrió a una autora especial.

¿Es posible enamorarse de alguien a quien no se ha visto nunca? ¿De alguien con quien nunca se ha hablado? ¿De alguien que no te ha dedicado ni una mirada?

Mi último descubrimiento se llama Mavis Gallant. De vez en cuando, me encuentro con un autor que me deslumbra, que me pregunta y responde, que me interesa. En este caso la publicación en español de la primera novela que escribió, Agua verde, cielo verde (Impedimenta, con traducción de Miguel Ros González), ha sido el detonante.

La mansión de los Crackenthorpe tiene problemas domésticos. "¿Y quién no?", diría mucha gente. Es un caserón grande y viejo en el que vive el anciano Luther Crackenthorpe con algunos de sus hijos. Otros, van y vienen, quejándose continuamente de que su padre tiene el dinero bien atado y de que, hasta que no se muera, no va a soltar las cuerdas de la bolsa.

Este libro de la editorial Atalanta es una joya. Se trata del estudio que Winifred Gérin hace sobre los Brontë, su mundo, su paisaje, sus referencias, con especial incidencia en Emily.

El caso de Betty Kane es, además de este, otro de los libros de Josephine Tey que he reseñado. En él, es el inspector Grant de Scotland Yard quien se ocupa de investigar un curioso caso de supuesto secuestro de una jovencita a manos de dos mujeres bastante excéntricas. En La señorita Pym dispone, la investigadora es una mujer bastante peculiar y, sobre todo, inteligente.

Hay algo inherentemente misterioso en el cerebro. Si nos limitamos a su anatomía, quizá parezca un órgano más, sólo que con la magia de albergar nuestra conciencia. Y ahí es donde ese enigma biológico se convierte en un fenómeno apasionante desde el punto de vista científico.

Como sucede con tantas otras cosas, sobre el mar hay mucho que primero tienes que aceptar como si fuera un acto de fe ‒pienso en el flujo de las corrientes, en las migraciones de cetáceos o en la existencia de calamares gigantes‒. Más tarde, gracias a la ciencia, acabas asumiendo estos fenómenos como una verdad innegable, aunque no vivas cerca de un muelle o de una playa.

El impacto del relato hispanófobo en la cultura popular y académica sólo es invisible en dos circunstancias: cuando uno acepta esos prejuicios o cuando se siente cómodo al sustituir la evidencia histórica por la mitología o la propaganda.

Misterios y sospechas aparte, acaso lo más lúcido en las novelas del comisario Maigret son sus percepciones de la naturaleza humana: los detalles más desconcertantes del alma y el mecanismo casi arbitrario que nos agita entre el bien y el mal, entre la rutina y la tragedia.

Se suele repetir que vivimos en el peor de los mundos posibles. Dicen que giran sobre nosotros los días y las noches de la violencia, el hambre y la ignorancia. Como si bruscamente nos hubiéramos acercado al abismo, o como si el destino nos hubiese atropellado de golpe.

Mencionar el nombre de Miéville es mencionar a un escritor de ciencia-ficción que sabe escapar de las convenciones, y que además es capaz de asombrarnos con una musculatura literaria fuera de serie.

Una de las críticas recurrentes a la Rusia de Putin es la que condena la ausencia de debate intelectual a la hora de orientar su presente y su destino. Por desgracia, quienes repiten esto prefieren ignorar que muchos intelectuales ‒aunque nos cueste comprenderlo‒ aplauden las órdenes del presidente y respaldan sus decisiones.

Para todos los melómanos, un teatro de ópera es un templo laico en el que conmemoramos la leyenda y la verdad substancial de la música. Por supuesto, dejando aparte ese perfil altisonante, también lo consideramos un punto de encuentro social y un lugar en el que disfrutar a lo grande, y de paso, fijar nuestros recuerdos.

Aunque a algunos cineastas les cueste admitirlo, incluso los genios del séptimo arte deben mucho a sus contemporáneos. En el caso de Buñuel, esos contemporáneos protagonizan un siglo, y su imaginación y talento oscilan entre el cine, la literatura, la pintura o el simple arte de vivir.

Aunque no es conveniente hacerlo, la lectura de este libro podría comenzar por cualquiera de sus capítulos, porque incluso de esa forma desordenada, José-Carlos Mainer (Zaragoza, 1944) logrará contagiarnos su inagotable curiosidad por las letras y por quienes las cultivan.

En un artículo sobre Lucky Jim, Christopher Hitchens escribe que la novela de Kingsley Amis "ilustra la crucial diferencia entre el tipo de a pie y el hombre pequeño". El protagonista, Jim Dixon, "como su creador, no era un payaso, sino un hombre de sentimientos después de todo".

Primera o segunda cadena. Poco importa si en color o en blanco y negro: el caso es que aquella televisión de nuestra infancia y juventud resume un viaje audiovisual fascinante, que nos llevó de la dictadura a la libertad, y desde una programación digna de un despotismo ilustrado ‒la de los primeros años de la democracia‒ hasta una oferta bastante más frívola, despojada por completo de pedagogía.

El encuentro con dragones provoca una sensación de hechizo y agonía. En nuestras pesadillas, deseamos guarecernos de sus escamas y colmillos, pero nos deslumbran el poderío de la bestia, sus dimensiones y su éxito evolutivo.

A través de su obra y de lo que sabemos de su vida, Lord Byron refleja el pulso de su época. La del apasionamiento es una virtud enteramente byroniana, y seguramente por ello hemos idealizado al escritor con otros detalles románticos: la búsqueda de la libertad y la belleza, el individualismo a ultranza, el refinamiento estético, la raíz oscura del deseo...

¿Por qué nos atraen tanto las obras de Arthur Conan Doyle? Está claro que nos gustan, eso ya lo sabemos, pero ¿por qué lo hacen con tanto énfasis? En otras palabras: ¿qué detalle las convierte en libros de culto?

A través de las latitudes y de las épocas, lo cotidiano ha ido codificándose por medio de una serie de costumbres que hemos despojado de trascendencia. Cada instante de nuestra existencia debería ser autónomo y significativo, pero al final, dejamos que la rutina encaje cada cosa en su lugar, como si el presente no pudiera tener diferencias de énfasis o temperatura.

A la hora de explorar los caminos del feminismo, Camille Paglia sabe que es posible ‒tal vez, inevitable‒ apartarse de la vía principal y proseguir por rutas alternativas, a veces perturbadoras, pero idóneas para quien no desea que nadie, empezando por los guardianes de la corrección política, determine el rumbo de su trayectoria intelectual.