Discriminación homosexual

 

SaraceniSebastianAntigua como la cultura de que se tenga memoria—la primera epopeya que conserva la humanidad, la de Gilgamés, modelo de la historia bíblica de David y Jonatán, es una historia de amor homosexual—, la homosexualidad ha sido casi unánimemente condenada por las morales históricas derivadas del judeocristianismo; desde los Concilios de la Iglesia que restringían o negaban a los homosexuales el acceso a los sacramentos hasta las clínicas psiquiátricas donde fueron o son sometidos a electroshocks, desde las prohibiciones del Levítico hasta los campos de concentración nazis.

En 1969, a partir del Greenwich Village de Nueva York, se empieza a agitar en el mundo occidental un movimiento de reivindicación gay (o sea, homoerótico, pero también alegre) que se une al de otras marginalidades: mujeres, negros, minorías raciales en general.

Se remozan así la tentativa del sexólogo alemán Magnus Hirschfeld en la entreguerra y la heterodoxia freudiana de Wilhelm Reich.

El libro Homosexualidad: el asunto está caliente, de Héctor Anabitarte y Ricardo Lorenzo recorre rápidamente estos antecedentes históricos para luego abordar la problemática del homosexual en las sociedades contemporáneas: la represión estatal y policial que suele dominar en las dictaduras y los Estados burocráticos y la permisividad, a veces una manera sutil de disfrazar la segregación, que se da en las sociedades liberales y de bienestar.

La postura crítica de los autores es clara: la discriminación sexual no es un caso ni la aplicación mecánica de ancestros morales derivados de códigos sin memoria histórica.

Es un aspecto más de la dominación social: del varón sobre la mujer, del rico sobre el pobre, del blanco sobre el negro, del padre sobre el hijo, del funcionario sobre el gobernado, etc.

Esta división del trabajo entre poderosos e impotentes, mandones y gobernados, tiene también su aceptación en el seno del mundo homosexual, donde el varón suele adquirir estamento de mujer y reproducir no sólo su aspecto exterior de objeto decorativo y barroco, sino su actitud ante el varón heterosexual.

De esta forma, el problema homosexual remite al problema sexual en general, y este a la estructura social en su conjunto.

Las limitaciones que la sociedad impone a la vida sexual, a la capacidad sexual de los seres humanos, encerrándola en un corsé de restricciones y de direcciones impuestas, daña a unos y a otros.

El problema de la homosexualidad no es de los homosexuales, sino de la humanidad en general.

Copyright del texto © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

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