Decir George Orwell es pensar en 1984 y Rebelión en la granja. Pero este autor no dejó de escribir obras largas y piezas cortas con una gran dosis de anticipación y, en cualquier caso, muy gratas de leer hoy en día.

La importancia de lo superfluo

He dedicado al tema de lo superfluo un libro sin duda innecesario llamado Lo único que importa es lo superfluo. En él explico que el avance de la civilización consiste en gran medida  en prestar una atención cada vez mayor hacia lo superfluo, hacia lo innecesario.

Armas de destrucción masiva

Cuando en el artículo Entre el corazón y el cerebro visitaron esta página algunos de los mayores asesinos de masas del siglo 20 (Hitler, Stalin, Mao y Pol Pot), me pregunté si esos cuatro personajes actuaron movidos por el cerebro y la razón o por el corazón o la pasión.

En el cómic de superhéroes conviven la estética del arte elevado y la producción industrial sin pretensiones. Se alternan la mitología más precisa de nuestra época y un sinnúmero de ocurrencias ingenuas y olvidables. Es más: al hojear esos tebeos, reconocemos situaciones ya exploradas por el cine o la literatura, y al mismo tiempo, descubrimos tramas extraordinariamente originales. Para colmo, los relatos más infantiles se entremezclan con argumentos decididamente adultos, sin que la franja de edad de los lectores suponga un problema.

La estética de Bernie Wrightson nos ha acostumbrado desde hace décadas a apreciar la dimensión artística del cómic de horror. No en vano, a Wrightson le debemos delirios góticos de extraordinaria belleza, tan minuciosos como un grabado del XIX y con ese punto de elegancia que surge cuando un creador ‒en este caso, uno de los grandes‒ evita los elementos prefabricados y deja fluir su talento con una perspectiva clásica.

Las neurociencias, la psicología y la antropología cultural conocen desde hace mucho tiempo el problema del mal, y han tratado de definir de qué modo éste introduce patrones en nuestro comportamiento, tanto individual como colectivo.

"1984" (1949), de George Orwell

Mientras que la ciencia ficción norteamericana apostó en la primera mitad del siglo XX por un tono optimista, orientado hacia el espacio y con vocación escapista (entiéndase esto no como algo necesariamente peyorativo), en Europa y particularmente en Gran Bretaña, las visiones futuristas siguieron un camino muy diferente, dominado por el pesimismo.

Julian Huxley, nieto del principal defensor de Darwin, T.H. Huxley, fue no sólo un notable biólogo evolucionista, sino un activo divulgador científico. En colaboración con H.G. Wells, publicó un tratado en nueve volúmenes titulado La Ciencia de la Vida.