graciasportadadefesq

Son dos metáforas de la época: la Inglaterra de porcelana blanca y los muros de ladrillo de las casas de clase obrera. En La soledad del corredor de fondo (1959), Alan Sillitoe definió el cortocircuito entre ambos mundos, deteniéndose en ese presente feroz de las barriadas, habitualmente dominadas por dos dioses atávicos: la furia y la necesidad.

Hay diversas razones por las que la vida deja su huella, todavía caliente, en la máquina de escribir de Sillitoe. El aire de su novela es el mismo que respiraron otros angry young men a finales de los cincuenta. Jóvenes airados, resueltos a poner en jaque el discurso de valores dominante. Intelectuales convencidos de que la clase trabajadora debía asumir un nuevo papel en la sociedad británica de la posguerra.