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Lladó, coetáneo y dietarista

Tiene el verbo florido, pulso de poeta y el ánima apátrida que se les pone a quienes escriben desde Barcelona, o Trieste, o Argel o Montevideo. Albert Lladó va lo mismo del pensamiento (va pensiero) al politiqueo, de Bécquer a la barretina diaria de su Cataluña, pero siempre, siempre, con el respeto sacrosanto al verbo y a la sintaxis.