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El Planeta de los Simios fue uno de los grandes éxitos cinematográficos del género antes del advenimiento de los blockbusters modernos. Era ciencia ficción que se alejaba conceptual, argumental y estéticamente de la serie B, reducto tradicional del género en los cincuenta y sesenta.

Con una frecuencia cada vez menor, aparecen en librerías de viejo y puestos callejeros aquellos tebeos de La Pantera Negra ‒así se titulaban‒ que publicó Ediciones Vértice en blanco y negro, a fines de los setenta. Cada vez que los veo, vuelven a mi recuerdo aquellas lecturas africanas de sábado por la tarde, en las que alternaba las aventuras de Kalar, dibujadas por el español Tomás Marco Nadal, con las tempranas peripecias de T'Challa, rey de Wakanda, oculto tras la máscara de Pantera Negra,

Por culpa de esa bipolaridad que nos impone internet, parece que debemos formular nuestras opiniones de forma rotunda. Ya saben, dejándolas en el aire, casi sin justificación. Un libro, un cómic o una película son prodigiosamente buenos o espantosamente malos. Y eso hay que decirlo a quemarropa, antes de frenar en seco porque se acaban los 140 o 280 caracteres de turno.

Y llegamos a la concusión de la trilogía. De la enorme cantidad de virtudes que atesoran las precuelas de El Planeta de los Simios, esta tercera entrega reúne todas ellas, y alguna más.

El amanecer del planeta de los simios habría sido inconcebible sin Flecha rota (1950), de Delmer Daves. A decir verdad, nos hallamos ante un magnífico western en el que los apaches son sustituidos por primates modificados genéticamente, y los colonos por una comunidad de humanos que ha sobrevivido al apocalipsis. En este sentido, la cinta es una proeza narrativa, que ilumina un soberbio escenario de ciencia-ficción –el colapso postindustrial anunciado por Mad Max– y lo recrea con el clasicismo heredado del mejor cine del Oeste.



El veterano John Landis nos ofrece esta comedia negra, con un aire que recuerda los clásicos de la productora Ealing. Ligera y llena de picaresca, Burke and Hare se inspira en los crímenes reales que cometieron William Burke y William Hare, dos ladrones de cadáveres que se hicieron populares en el primer tercio del siglo XIX.



Rise of the Planet of the Apes (El Origen del Planeta de los Simios), que en principio iba a titularse Rise of the Apes, responde a esa fórmula llamada reboot o precuela, y que consiste en imaginar los orígenes de una determinada franquicia desde un punto de vista actualizado. Habrá quien no resista la tentación de comparar esta producción con El planeta de los simios (1968) y con la versión rodada en 2001 por Tim Burton, pero está claro que la cinta de Rupert Wyatt tiene muchos puntos a su favor.



Con una caracterización increíble y una actuación llena de fuerza, el actor Viggo Mortensen interpreta a Aragorn en El Señor de los Anillos. Mortensen aúna tanto la visión del personaje literario que tenía J.R.R. Tolkien con la visión cinematográfica que Peter Jackson buscaba.



Ocho años después de que Peter Jackson decidiese llevar El Señor de los Anillos a la gran pantalla, su ambicioso sueño se ha visto realizado.



Desde la publicación del primer volumen en 1954, la trilogía de El Señor de los Anillos ha influido profundamente en varias generaciones de lectores que han visto en ella el máximo exponente de las fábulas que reflejan las confrontaciones entre el bien y el mal.