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Las chicas guerreras de escaso atuendo han sido un tópico de la Espada y Brujería desde los comienzos gráficos del género. La Dejah Thoris de John Carter, Red Sonja en Conan, Xena, Ghita de Alizarr, Amethyst… Pero de entre todas ellas merece la pena recuperar una cuya vida editorial fue inmerecidamente corta: Marada: La Mujer Lobo.

La primera mitad de los años setenta fueron tiempos de efervescencia creativa en Marvel. Una nueva generación de escritores y artistas comenzó a aportar una visión renovada del cómic superheróico al tiempo que la editorial, dándose cuenta de que el interés por sus personajes de brillantes uniformes flaqueaba, exploraba otros campos temáticos: las artes marciales, el terror… y la ciencia-ficción.

Puede que hoy resulte difícil de creer, pero a finales de la década de los setenta y principios de los ochenta del siglo pasado, Lobezno, el personaje más popular de los ya muy exitosos X-Men y una estrella en meteórico ascenso del Universo Marvel, no tenía su propia colección.

Hace ya mucho tiempo que el universo de Star Trek se convirtió en una región autónoma dentro de la ciencia ficción, con sus propias reglas y tópicos, su lenguaje, sus héroes y villanos, iconos y mundos. Y, sobre todo, sus aficionados.

Lobezno: Honor

Que a Frank Miller le atrae la cultura japonesa, sobre todo en su aspecto más ancestral y belicoso, queda bastante claro en muchas de sus obras. Lobezno: Honor demuestra que él y Chris Claremont tienen por común centro de interés ese estereotipo de lo japonés que combina samurais modernos, ninjas dignos de un thriller de los ochenta y yakuzas omnipotentes.

Cuando en noviembre de 2013 la Patrulla X cumplió medio siglo, el editor Nick Lowe describió un sentimiento que aún conmueve a miles de aficionados: "A lo largo de los últimos cincuenta años –dijo Lowe–, los X-Men han cambiado las vidas de mucha gente, incluida la mía".

Esta creación de Chris Claremont es un ejemplo de cómo el puro virtuosismo narrativo puede triunfar en el cómic de superhéroes. Dios ama, el hombre mata es una de esas novelas gráficas que resume una etapa –en este caso, los años ochenta– y que ejemplifica cómo llega a su apogeo una empresa creativa –Marvel, al mando de Jim Shooter– capaz de renovar a conciencia su producción gráfica.

En el arco argumental Días del futuro pasado (Days of Future Past, "The Uncanny X-Men" nº141-142, enero-febrero de 1981), los creadores que se encargaban de tramar nuevas aventuras para la Patrulla X, Chris Claremont y John Byrne, tuvieron una brillante idea. Plantearon una distopía futura en las que los mutantes eran eliminados o trasladados a campos de concentración, e idearon asimismo una solución. En ese magnífico tebeo, la Kitty Pryde del futuro viaja telepáticamente al presente (1980) para prevenir junto a sus camaradas esa tragedia que aún está por llegar. El concepto del Multiverso, con sus distintas líneas históricas, es bien conocido por los lectores de los cómics Marvel, así que a nadie le sorprendió que Kitty fuera capaz de este salto interdimensional.

Marvel Gold. La Imposible Patrulla-X 2

Cómic del bueno, del que enciende la imaginación y apasiona. Cómic inteligente, ameno y sofisticado, que encaja en la línea de la mejor cultura popular. Cómic de héroes y villanos, que cruza todos los estados de ánimo y en el que se unen la estética y la excelencia narrativa. Eso es La Imposible Patrulla X. Una de esas creaciones que, después de leerlas o releerlas, dan la impresión de que el resto de los tebeos de superhéroes son pasatiempos para andar por casa.

Marvel Gold vuelve a deleitar al aficionado con otra antología clásica, en esta ocasión protagonizada por el gigante esmeralda. En este tomo se recopila la complicada y trágica historia de amor de La Masa con Jarella, la reina de K´ai, un mundo situado en el Microverso.