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Diez años después del estreno de Iron Man (Jon Favreau, 2008), el universo cinematográfico de Marvel ya tiene bien claro qué ofrecer a su público objetivo. Un público que se divide en tres categorías: 1) fans acérrimos de estas películas, 2) lectores de cómics Marvel que no pueden evitar ver qué han hecho con sus queridos héroes, aunque sea para quejarse, y 3) simples espectadores con ganas de entretenimiento ligero e intrascendente, como es mi caso.

Todas las historias, incluso las más inesperadas, tienen un punto de partida. Esta no es una excepción. En 2006, los lectores de cómics ya nos habíamos acostumbrado a encontrarle un lado oscuro a los superhéroes. Gracias a esa rutina, no creo que a Mark Millar le llevase mucho tiempo decidir que una bronca en condiciones era lo que necesitaba el universo Marvel para convencernos de que el espíritu boy-scout era cosa del pasado.

No, no se confundan. Esta no es sólo la secuela de un gran éxito. Tampoco es sólo un blockbuster de colores brillantes y acción explosiva. Es algo más. Sin dejar que la expectativa al otro lado de la pantalla le ponga nervioso, Joss Whedon ha vuelto a superar las previsiones, regalándonos una espléndida aventura, que además de acción tiene alma.

Desde la novela Nosotros, del ruso Yevgeny Zamyatin, una de las primeras antiutopías de la historia, pasando por Rebelión en la granja o 1984, hasta nuestros días, con Los juegos del hambre, la ficción distópica ha sido un género de inagotables recursos. Ya sea por su aterradora cercanía con la realidad o como fórmula de protesta, nos atrae y nos repele, pero es innegable que nos arrastra con ella hasta los más dispares infiernos de nuestra imaginación.

Vale la pena, ¿no? Acompañar a un héroe genuino, quiero decir. Uno de esos que habitaban en el cine y en los tebeos antes de que el cinismo posmoderno y el psicoanálisis embistieran contra la cristalería de la épica tradicional.

Las cosas van cambiando, y Asia se impone cada vez más en todos los ámbitos. ¿Están ustedes hartos de que Hollywood haga remakes de recientes éxitos ajenos y se cuelgue las medallas (The Ring, Infiltrados, etc.)? Bueno, pues con Snowpiercer las cosas se le ponen difíciles a la otrora Factoría de Sueños, ya que se trata de una coproducción internacional –vale, también con aportación gringa, pero principalmente surcoreana– que cuenta con un espectacular reparto encabezado por el mismísimo Capitán América, Chris Evans.



Los 4 Fantásticos y Silver Surfer añade un elemento de intriga al elenco de personajes del éxito del 2005, Silver Surfer.



El fenómeno “fantástico” empezó hace 41 años, cuando el editor de Marvel Comics, Martin Goodman, tras jugar un partido de golf con un competidor de la industria, decidió seguir adelante con una idea fascinante.



Con Chris Evans en el papel principal y Joe Johnston ocupando la silla de director, Capitán América: El primer Vengador es una fantasía en 3D que recupera para el público actual a uno de los personajes más antiguos y representativos del Universo Marvel.