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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: Madrid, España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

El pasado se encarnó en el presente de los primeros descubridores de América. Confundieron los manatíes con las sirenas de las antiguas leyendas griegas, y dejaron constancia de ello en sus diarios y escritos. Dio buena cuenta de ello el historiador, escritor y folclorista peruano José Durand Flórez en su libro irrepetible: Ocaso de sirenas. Esplendor de manatíes (FCE, 1950, reeditado en 1983).

El hecho de que sea conocida no disminuye el ingenio de la respuesta que J. B. S. Haldane dio a un miembro de la Iglesia de Inglaterra, cuando éste le preguntó: “Según usted, ¿qué característica destacaría del Hacedor de la Naturaleza?” “Una gran debilidad por los escarabajos”, contestó Haldane, haciendo referencia a que es el grupo mas diverso de la tierra.

Cómo no sentir la tentación de afirmar que solo hay dos días en el trópico: cuando llueve y cuando está soleado. En ambos casos, el efecto es semejante. Es fácil terminar cubiertos de sudor en las jornadas de sol y calados en las de tormenta.

Hace un rato que la Cruz del Sur nos ha abandonado. Es la señal de entrada de la noche profunda. Acompañados solo por el sonido constante de la marea, recorremos kilómetros de playa en busca de tortugas que “desembarcan” para desovar.

Los concursos del perro más parecido a su dueño son muy comunes y ver a los ganadores es muy divertido. Pero varios grupos de científicos han mostrado que tales parecidos tienen implicaciones mucho más profundas.

A la hora de hablar sobre biodiversidad y reflexionar sobre su protección, hay pocas figuras tan destacadas como Quentin Wheeler. Entomólogo, taxónomo y columnista de prensa, Wheeler suma dos cualidades imprescindibles en este ámbito: un gran prestigio científico y un claro talento para la divulgación.

La revista Science publicó en julio de 2014 un número especial titulado Fauna en desaparición, en el que hablaba sobre los peligros de la reducción masiva de especies. La publicación nos alertaba entonces de las consecuencias ecológicas, sociales y económicas que podría conllevar la que se denominaba, ya por esas fechas, la sexta extinción masiva de la vida sobre la Tierra.

"Una luz muy intensa llenó el interior del hangar. Era tan brillante que me cegó temporalmente. Menos de un minuto después retumbó una explosión y una fuerte onda de presión me causó dolor de oídos. Noté que el cielo se había encapotado de repente. Todo era muy misterioso. Cuando llegué a casa de mi abuela, estaba cubierto de cenizas negras. Me di un baño y me cambié de ropa, aunque en ese momento no sabía que las cenizas emitían una radiación peligrosa".

¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos? Éste es el tipo de preguntas filosóficas que hacen que muchos científicos –y no científicos– se burlen del trabajo de los filósofos.

Edward O. Wilson alcanzó su prestigio argumentando que dos realidades aparentemente dispares, la sociedad humana y el mundo natural, se rigen por los mismos principios. Sean B. Carroll alcanzó el suyo unificando el estudio de los seres humanos y el de animales, mostrando que el desarrollo en ambos es impulsado, en lo fundamental, por los mismos procesos moleculares y genéticos. ¿Y qué sucedió cuando estos dos científicos se reunieron en una animada charla? Pues que decidieron unificar toda la biología.