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En los años treinta, la Rusia soviética ya era una pieza fundamental del juego político internacional. La verdadera naturaleza del régimen nunca fue un secreto y, sin salir del ámbito de la ciencia ficción, ya hemos visto en este espacio ejemplos de escritores rusos condenados por entonces al ostracismo por firmar obras distópicas en las que se criticaba el sistema comunista. Sin embargo, los teóricos de esa ideología consiguieron diseminar por todo el mundo sus visiones utópicas de un paraíso proletario. Estados Unidos tenía desde hacía tiempo un activo movimiento comunista entre cuyas filas, por ejemplo, militaba el famoso Jack London, cuya obra El talón de hierro (1908) constituyó todo un manifiesto a favor de la lucha obrera.

La Dama de la Luna, concebido durante los oscuros años de la Primera Guerra Mundial, es el relato épico de un mundo conquistado por invasores selenitas y de un héroe, Julian, que actúa como campeón de la Tierra en su lucha por la libertad, la paz y la dignidad.

John Carter en los cómics (1972-1979)

Por alguna razón, John Carter, el famoso y ya centenario personaje de Edgar Rice Burroughs, nunca ha tenido demasiada suerte en el cómic –tampoco en el cine, ya puestos–. Diferentes editoriales lanzaron comic–books con sus aventuras sin conseguir la menor repercusión: Dell Publishing (tres números entre 1952 y 1953 adaptando las tres primeras novelas), World Distributors Ltd (dos números en 1953), Gold Key (3 números en 1964–en realidad reediciones de los números de Dell) o House of Greystoke (1 número en 1970).

Las novelas de mundos perdidos, que durante más de cincuenta años habían constituido uno de los pilares básicos de los relatos de aventuras, tenían los días contados. Aquellas narraciones de exploradores y aventureros que involuntaria o deliberadamente se internaban en remotos valles cubiertos por la bruma, penetraban en alguna profunda cueva hacia el interior de la Tierra o atravesaban inhóspitos desiertos o impenetrables junglas para encontrar civilizaciones perdidas y una naturaleza congelada en el tiempo, iban pronto a dejar paso a las epopeyas espaciales. Sencillamente, la Tierra empezaba a perder su misterio.

Burroughs, como ya he comentado en más de una ocasión, tenía una fórmula que le funcionaba y a la que, en vista de su éxito, recurría una y otra vez : un valiente héroe se aventura en un paraje extraordinario y en el curso de sus peripecias conoce y se enamora de una hermosa e igualmente brava mujer que, invariablemente, es secuestrada; a continuación, tras superar grandes peligros, el héroe la rescata. Y el caso que ahora comentamos no es una excepción a esa regla.

La saga de Tarzán

Tras la muerte de Lord y Lady Greystoke, su hijo es adoptado por Kala dentro de una tribu de simios, en la que su nombre es Tarzán. Con su inteligencia y las enseñanzas de los simios se convertirá en el señor de la selva. Pero el descubrimiento de los hombres y la llegada de una joven blanca, alterará toda su existencia.

La familia Wold Newton

En 1972, anticipándose unos veinte años a la publicación de ese pastiche encantador que es El año de Drácula, de Kim Newman, podemos encontrar el evento del que sin duda es directamente deudor el cómic La Liga de los Caballeros Extraordinarios, de Alan Moore.

El Planeta Rojo siempre ha sido, con permiso de la Luna, el astro más evocador y la inspiración de la mejor (y peor) ficción literaria. El creador de Tarzán lo pobló de ciudades asombrosas, fieros guerreros, animales increíbles y, sobre todo, se sirvió de él para ambientar una larga serie de novelas: la saga de Barsoom.

La editorial Edhasa concluye la publicación completa de la serie de Tarzán con el volumen número XXIV, Tarzán y los náufragos, inédito en español. No es mala ocasión para que repasemos en The Cult esta magistral creación de Edgar Rice Burroughs.

"Siempre que encuentro alguien más o menos de mi edad, de gustos teóricos o éticos semejantes a los míos, alguien, en suma, que entiende la vida como yo (es decir, que no la entiende en absoluto), no tengo que bucear mucho tiempo en lo más íntimo y congenial de sus recuerdos para que aparezca, nimbado de gloria, Guillermo Brown."