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Emma: Perfecta geografía

Este es el último artículo de la serie El Año de Emma, que inicié a principios de 2015. En diciembre de este año se publicó el libro, en tres tomos, como era habitual. Desde entonces, doscientos años, muchos lectores han tenido en sus manos la oportunidad de adentrarse en el universo Austen a través de la historia de Emma Woodhouse.

Emma y la crítica literaria

Al fin y al cabo, Emma, de Jane Austen, es un libro, una obra de ficción y, como todos ellos, ha de ser puesta a la consideración de los lectores y de la crítica. Ha de sufrir esa crítica tanto entre los que lo leen como entre aquellos que se dedican al mundo de la literatura. Y así fue.

Emma y la intuición

Como solía ser, y a falta de críticos más profesionales, editores concienzudos o equipos de lectura editorial, Jane Austen pidió a sus familiares y amigos más cercanos que opinaran sobre el manuscrito de Emma.

Emma y el sentido del humor

Resulta muy interesante constatar que Emma la novela más perfecta de las austenianas, es también la que tiene como protagonista a la heroína menos intachable. La maestría de la obra reside en su perfecto acabado, sin fallos de argumento, con una línea de evolución clara y coherente, así como en el ambiente que describe cuidadosa y satisfactoriamente. Puede compararse a un drama de Racine, como han observado algunos críticos.

Emma y los nombres propios

La importancia que tiene en Jane Austen la elección de los nombres propios de sus personajes ha sido ya someramente señalada en algunos comentarios sobre su obra. Como en tantas otras cosas, Austen se separó de la costumbre que existía en la literatura de su época y que consistía en dar a los protagonistas nombres absolutamente llamativos y poco usuales, para usar otros sencillos, comunes y populares.

Emma y el baile de sociedad

Ocupar el ocio es una de las preocupaciones de las sociedades avanzadas. Cuando uno tiene asegurada la supervivencia, no tiene que ir a cazar animales para obtener pieles ni alimento, cuando la vida sigue su curso organizadamente, entonces nos encontramos con que hay tiempo libre que llenar.

Darcy y Knightley

Es cosa de mujeres soñar con el príncipe azul. Es cosa de mujeres desear que el corazón, cuando señale con su flecha a un contrario, sea felizmente correspondido. Lo sé desde siempre. Desde ese primer momento en el que miré, con ojos de mujer y no de niña, otros ojos que se cruzaron con los míos en la calle Real, ese camino transitado por el que todos caminábamos en busca de la vida que nacía.

¿En qué puede entretener sus días una chica de veintiún años de un pequeño pueblo del sur de Inglaterra, allá por los primeros años del siglo XIX? He aquí la pregunta que me propongo contestar en estos párrafos.

En el verano de 1813 Jane Austen tenía 37 años y una carrera literaria consolidada. Fue, en ese momento, cuando comenzó a pensar en escribir Emma. Es, pues, una obra de madurez. En realidad, y usando un término más ajustado, de plenitud.

Emma y los modelos de mujer

Generalizar no es científico. Eso nos dicen siempre. Pero resulta difícil escabullirse a la atención de clasificar, organizar, definir, ciertas características que pueden aplicarse a más de una persona.